15 octubre 2017

Callar y quemarse

Dino Valls
Callar y quemarse es el castigo más grande que nos podemos echar encima.
Federico García Lorca

—Son como yo —replicó aquella reina inédita—, sienten la nostalgia del fango.
Honoré de Balzac

si rompí a llorar en el cuarto de los vinilos y los sueños, de los cigarrillos y los almuerzos improvisados, fue al reconocer allí el hilo que enhebra mis poemas de estos años, una colección que acabada con timidez, decisión, como imago abandonando la crisálida; he estado escribiendo un libro pausado en honor de las cortesanas, las que callan y se queman, paradójicamente las que suelen alzar la voz y arder

y lo he escrito así

antes de santa
quisiste ser cortesana hebrea

estás viviendo entre las garras de un buitre leonado

el deseo se despliega en todos los lenguajes del mundo

y hoy amanezco en la tristeza de un domingo inmaculado, mamá llegando de misa, diciendo te traigo una anécdota o quizá un milagro, una chica ha subido al altar en la homilía para hablar de su conversión, de cómo volverse hacia el cielo le trajo luz y le trajo paz, y yo pensando, así me irán las cosas, imaginad, pensando que igual mamá siempre tuvo razón, que mi culpa sólo fue la de alejarme del sagrario, que sólo el cielo puede darme lo que la tierra me niega

y por eso debo acudir a su llamada cuanto antes

y hoy reviso el borrador acabado, todavía lleno de notas y de fallos, porque un libro tarda más en pulirse que en tallarse, y encuentro una suerte de vaticinio

callarse es castigo y regalo
sólo en la ausencia absoluta de palabra
podrás ser libre