24 abril 2017

Cuaderno de Avalon, XIII: Fragmentos de lo que nadie sabe.

Martínez Cánovas
... yo, que me creía puro sujeto (sujeto sujetado: frágil, delicado, lastimero), me veo convertido en una cosa obtusa, que anda a ciegas, que aplasta todo bajo su discurso; yo, que amo, soy indeseable, alienado hasta las filas de los fastidiosos: los que son pesados, molestan, se inmiscuyen, complican, reclaman, intimidan (o más simplemente: los que hablan).
Roland Barthes

Conoce entonces una soledad nueva y extraña, y este conocimiento le hace sufrir. No le queda más que una salida, alojar su amor en su corazón del mejor modo posible; tiene que crearse un nuevo mundo interior, un mundo intenso, extraño y suficiente.
Carson McCullers

(14 enero)

ahora que te has separado de mí como el agua del aceite –limpiamente, sin paliativos, con la honestidad de lo que es químico, consabido, connatural; sin ofrecer resistencia alguna–, comprendo que existen cosas de nosotros que nadie sabe
(...)
que te regalé La balada del café triste porque nunca lo has leído y ése, en realidad, es el único imperdonable de tus errores
(...)
que cuando cocinas y cuando escribes existes en un plano paralelo, prohibido, en el que la única vía posible es esperar a que despiertes, a que salgas del túnel y recuerdes que hay alguien al otro lado (alguien contemplando / alguien deseando / alguien demasiado dispuesto a escuchar de dónde vienes); del túnel, no obstante, nunca se sale, y lo aprendí en nuestros desayunos, cuando jamás perdiste detalle de la conversación del vecino, del trascurrir de las horas ajenas; tu mirada siempre extraviándose por encima de mis hombros, siempre a la caza de un detalle o una epifanía inspiradora —a pesar de ello, me mirabas, sí, me miraste a veces; es un gris incapaz de esfumarse por sí solo
(...)
que en la misma caligrafía espigada con la que empiezas tantos cuadernos me escribiste algo que no alcanzas a entender: un lugar y una persona para mirar siempre
siempre
(...)
que los adioses son listas de secretos compartidos sin intención, ni consenso, ni constancia; secretos como un botín de guerra; secretos que uno preserva y olvida hasta el próximo saqueo; en tu caso, al menos, tú, tú que seguirás remando, desgastándote en el ciclo de una vida bien llevada
(...)
que has sido mi última aventura aunque quizá ya nunca lo sepas
(...)
que en realidad sólo estaba fingiendo que este momento no iba a llegar
(...)
que lo que me atraviesa es saber que no voy a despedirme