11 abril 2017

Cuaderno de Avalon, XII: Ébano sangre pan y almendra (semana antes de Navidad)



 
 
Un amor hacia todo me atormenta.
Miguel Hernández

No words can heal my heart
PJ Harvey

Ha hecho falta este hombre de ébano para que vuelva a cortarme.
Con la persiana baja y la tienda a solas, me coge del pelo:
Take them off.
Yo obedezco; no podría no hacerlo. Me quito las gafas y miro a cualquier parte, la que sea.
You're beautiful.
Un perverso margen de la vida nos enseña a sonreír en lugar de a correr. Un extraño instinto de supervivencia que aparece en las inminentes catástrofes: suavidad contra ofensa, reverencia contra golpe.
Aquí no hay golpe, sólo una sombra de que podría darse: es suficiente.
La violencia no necesita nada más para vencernos.
Pone una música que reconozco.
Don't be sad. Smile a little.
Cuando llego a casa saco mi cuchilla del cajón; hace tiempo que la mantengo cerca, preparada. Por si acaso, imagino.
Nadie te dice que después de cortarte, las piernas pesan como rocas.
*
No me las curo; dejo que la sangre se seque durante la noche, hilos delgados de pintura; cuando me despierto soy un boceto, un boceto en un lienzo que quema. Encuentro una belleza en mis heridas que me asusta. El hombre de ébano ha llegado en el momento justo para arrojarme: vuelvo a dormir durante horas, vuelvo a no sentir hambre alguna, acaso un puñado de almendras, rebanadas de pan que le cojo a Lara; mi maleta abierta a medio hacer me recuerda que pronto estaré en Madrid; reiré pasearé por Malasaña haré el amor despertaré entre caricias indolentes, entre murmullos y una calma en la que no tengo cabida -al fin empiezo a entenderlo- y fingiré que la luz que nos baña penetra en mí como la lluvia; en realidad no lo ha conseguido.

Intuyo que algo hoy empieza o acaba.