04 febrero 2017

Cuaderno de Avalon, VIII: Dicen que murió un caballo.

 Hugo Simberg
Me han dicho que pasó como una sombra
que su vida no fue sino una sombra y sin embargo el caballo
era luz.
Era un caballo ateniense. En sus ojos brillaba el fuego
de la verdad y la belleza,
pero nadie lo conoció.
[...]
Y nadie lo escuchó sino la fuente, nadie supo su signo
ni su símbolo,
nadie quiso saber sino la fuente de aquel caballo color hoja seca.
Blanca Andreu


9 diciembre
Me ha recordado a ti, me dices y me envías este poema, y yo protesto pues no soy caballo ateniense ni tengo ese fuego de verdad y belleza en mis ojos -acaso el rescoldo de una juventud distante-; soy otra clase de équido, menor, más manso, definitivamente menos altivo y elegante; abriéndose el paso justo entre brillantes cabalgaduras, entre grupas albinas y mezcladas por el viento. Y ya he empezado a presagiar tus fintas al igual que tú presagias la muerte del animal, el animal al que has puesto mi nombre; la muerte sobre su lomo y su testuz como insignia, sobre su rostro luna nueva, sombra fina que te hace apartar la vista o enternecerte, depende de si estás cerca o tan lejos como un astro. Y quizá presagies la muerte, también, sobre este hilo rojo, sobre este beso azulado que nació apenas unas veces, sobre este cuerpo común que aquí se abrió como herida.


27 enero
Tenías razón: murió un caballo.
Los ángeles vienen a por mí: cuánto tiempo llevabas planeando esto.
Tenías razón con aquel poema y aquel presagio, pero ni siquiera imaginabas en qué medida; cómo podrías, ahora lo entiendo, si aquellos versos en tus manos no eran fuentes, no eran más que un halago desenfadado, un regalo casual, una muesca en el bosque, y en las mías fueron pozo y videncia, razón para quedarse o quebrarse. Cómo podrías saberlo si en noviembre tú acababas cuentos mientras yo empezaba ultimátums, anoté un día: 2017 será mi última oportunidad, ¿eso ya era un plan o sólo una intuición sencilla?; noviembre, casi tres meses, pero podría contestar desde agosto, o desde el pasado febrero, o desde cada invierno hasta llegar a 2012, cuatro años, llevo cuatro años planeando este momento...
Volverías a hacerlo
Volverás a hacerlo
Tenías razón: murió un caballo y tenías razón: nadie miraba.