13 noviembre 2016

Cuaderno de Avalon, IV: Imágenes en la nieve.

Esto ha muerto y esto va a morir.
ROLAND BARTHES

Lo espacial algo ajeno nos enseña.
IDA GRAMCKO

La nieve trajo un lugar y un instante impreso para siempre. Me los regaló y yo me olvidé, ingenua, de que un lugar y un instante se desvanecen; de que un lugar y un instante no tienen límites. La nieve trajo fragmentos fijos y punzantes de memoria; fotografías de tal claridad que tuve que apretar la mandíbula, cerrar los puños mientras las miraba. Una mano desnuda contra la luz ocre de mi cuarto: una lágrima detenida helada en su travesía hacia el dolor: un salto débil a una suerte de borroso futuro. Un iris se abría para envolverme. Una brecha eléctrica se cerraba. ¿Sucedió así o el recuerdo es otra trampa de mí misma? Kracauer me dice: toda imagen es un engaño. Pero, ¿cómo es posible un engaño tan presente hasta el delirio? ¿Y qué hacer con ese engaño? ¿Desecharlo? ¿Desmontarlo? ¿Venerarlo en su artificio? Barthes dice: toda imagen es intento de eludir la muerte. ¿Eso es lo que estoy haciendo? ¿Tratar por todos los medios de evitar un desenlace obvio? ¿Una pérdida que ya se torna tan natural como el aliento? Me obligo a decir: lo único real es lo que leo y escribo, lo que arranco de los rostros intrigados que me acogen. No son reales las imágenes esperanzadas en la nieve. No es real lo que espero, arrodillada, sin salir ya a tentarlo con uñas y dientes. Lo que tengo, lo que existe para mí, es otro interrogante. Tajante. Constante. Otra mentira en mi exilio. Otro sofisticado mecanismo de tortura.

No hay comentarios :