05 octubre 2016

Cuaderno de Avalon, II: Detrás de mi rostro.

 


 
 
 
 
 
 
(te juro que detrás de mi rostro hay una alegría que se enraiza y florece y es capaz de vencer la embestida de esta ventisca que se acerca, que ya está aquí, que empieza a estrecharme; te juro, sí, que esta ventisca es pasajera como lo fue quizá mi voz metálica tu oído la luz de unos dedos que tejían y destejían palabras lejos muy cerca -todo es cuestión de cadencia del ritmo bien ajustado a su trama-; y no nunca fui lúcida siempre un agujero negro siempre el ojo del huracán pero te juro que un universo secreto yace bajo este temblor y del temblor toma su fortaleza, y es un universo secreto y dulce hecho de miel de brasa púrpura de ceniza -ceniza -no llegué a decirlo pero ceniza es el poema que leería sólo una vez en la vida sólo delante de una mirada capaz de mirarme en completo silencio -y tardaré tanto en hacerlo porque sí, estoy asustada, porque sí, soy capaz de admitirlo -ceniza- quien podría aferrarme -secreta desolación sin nombre-, quien podría pagar el peaje de una autopista cortada un cachorrillo aplastado en su orilla -el corazón tiene la sequedad de la piedra-, y aún así querría volver y leer en voz alta el móvil ardiéndome en las comisuras y conquistar cada nueva cima -aunque sea ceniza lo proclamo: ceniza-; te juro que a pesar de quien soy de quien no puedo fingir que soy detrás de mi rostro una chispa había comenzado a prenderse)

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