02 agosto 2016

Los lenguajes que comprendo.

Ha escrito el poema:
(Entre el rostro del sol y el horizonte hay
un equívoco).
ADONIS

No entiendo vuestros chistes. No entiendo el idioma que pronunciáis con la rapidez de una polilla que aletea para evitar el choque. No obstante, sí entiendo la risa. Y el sustento de esas palabras de insólita ortografía -y que no es otra cosa que afecto, que amor, que fina ironía. No entiendo la vida y su balanza. Su cadencia. Sus espirales. Sí entiendo (y por ello he cogido un coche improvisado y remontado mi mar cálida y querida) el influjo de los lugares, de las distancias, de las perspectivas. Entiendo que he venido hasta aquí para descubrir lo que sabía y me empeñé en negar: sólo la ternura cuenta. Ella contra la carga y la herida. Por ello, y aunque aún no comprendo este mecanismo en mi pecho que me empuja y que me aleja, que me prende y que me apaga, sí comprendo el significado de un latido a destiempo. De una mano tranquila en el sueño. De la piel que se une en la tarde.

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