30 agosto 2016

¿Estás aquí?, pregunté en mitad de la neblina.

Pues antes que mi pan viene mi suspiro, y mis gemidos corren como aguas.
JOB 3:24

11 de agosto
¿Estás aquí?, pregunté en mitad de la neblina. Estoy, contestaste. ¿Lo escuché de veras o era una voz engañosa en mis oídos, creando un fantasma a medida de mi fragilidad? Al fantasma confesé: tengo miedo. Tengo miedo de un descenso ya recorrido que, sin embargo, se me antoja nuevo y aterrador cada vez. Las píldoras hacían su efecto; yo me adormecía, ronroneaba drogada en tu pecho, tú sonreías; incluso así era un gato travieso, un gato herido pero fiero que pelea por despertar. Quizá no empezaste a entender mi batalla hasta abrir la puerta y verme tambalearme de un lado a otro de la cocina, bromeando a pesar de todo; hasta que entraste conmigo en la oscuridad del mediodía, su cama deshecha, sus manos convulsas. Estuviste. Fue un instante. Es un recuerdo al que me aferro.
12 de agosto
Mirad, aquí bajo el cielo. Mirad: esto es el dolor. Esto es la soledad infinita. Mirad aquí: entre el cigarro encendido y la débil luz de linterna. Entre el aroma a hierba y los pies fríos y la arena y el abrazo de cierva que solloza y pide ayuda y obtiene este extraño silencio. Mirad: todos somos Perseidas. Recibís mi luz: yo ya estoy muerta. Creo haberos visto: ya pasasteis de largo. 
14 de agosto
Intento comer pero el cerebro y el estómago se alían. Salgo a correr y acabo caminando lentamente. Hay algo en mis pies y en mis pulmones, algo pesado, algo incapaz de activarse. Mi cuerpo comienza a ponerse en hibernación; reconozco el síntoma. Si te dejas arrastrar por él estarás perdida.
16 de agosto
Por un día parece posible. Quiero decir que hago lo que se supone que hace alguien feliz. Quiero decir que haces lo que se supone que hace alguien que ama. Me has abrazado con tanta fuerza que tengo la sensación de estar a punto de resquebrajarme. Sólo que la mañana deshace el abrazo forjado en la noche. O quizá sea el sueño, honesto, lúcido, quien lo haga.

17 de agosto
Acaricio tu mano y te conforto, porque necesitas de mi fuerza para abandonarme. Incluso en este enésimo final nos acompaña esa paradoja. La paradoja de que extraigas la voluntad de alguien exhausto. La paradoja de que alguien roto te explique cómo reconstruirse. Tú no lloras -nunca has sabido-, pero yo sé que lloraré horas después de que baje del coche, otra vez, y cruce la esquina. 
19 de agosto
Preguntar cómo estás nunca es un acierto. Preguntadme: Cómo estás hoy. Así podría explicar lo que sé -lo nimio, lo transitorio, lo cotidiano-. Estoy acostada. Estoy cansada. Estoy desanimada. Preguntar la razón nunca es buena idea. No hay razón ninguna. Y si la hay, hace tiempo que vive enterrada en lo más hondo. Hablar de ello puede ser peligroso. A no ser que estéis dispuestos a hablar con los ojos y las manos, de la muerte y la soledad y la entrega y el abandono. Hablar de cualquier otra cosa sería mentir. Papá nos lleva a cenar, mamá insiste en la importancia de recurrir a alguien: a la medicina o a Dios. No puedo evitar encontrar divertida esa última sugerencia. Si vuelvo a la iglesia, pienso, incluso ella vería algo positivo en esta situación. El infierno que me devolvió al sendero de Dios. Poético. Sugerente. Casi tentador. 
22 de agosto
11am: Yo no sé lo que soy realmente, pero veo en ti una llama encendida de bondad, luz y amor.

23 de agosto
Me explicas la incertidumbre como si me fuera ajena, como si no viviera con ella siguiéndome el rastro. Si supieras cuánto querría permitirme pensar en futuro, cuando mi futuro se reduce a los próximos minutos de paz. Si conociera el instante del tiempo a partir del cual el dolor remite y una posibilidad se perfila. Sólo ahora, pasados los años, empiezo a entender qué supone ser presa de esta piel. A entender que sobre mí ondea esa duda recurrente, ese veto a una cierta clase de permanencia.

26 de agosto
Compartir una botella de vino, compartir la risa, compartir ataduras que no duelen aunque se hinquen profundo en la carne.
¿A esto te referías?
29 de agosto
La maleta como una incógnita en mitad de mi habitación. Los planes a medio hacer: viajes, fiestas, lecturas, trabajos, obligaciones, formularios por rellenar, recetas por pedir, trámites por cumplir. La felicidad como una incógnita en mitad de mi futuro. ¿Quién podría apostar por ella? Tan bella como esquiva: es esa estrella llorosa: es ese rostro conocido del que no recuerdo sus rasgos. No, ya no confío en una hipotética felicidad. En un hipotético equilibrio. Lo que tengo, con lo que puedo contar en cualquier caso, es algo frágil y fugaz. Lo que ahora persigo es la luz.

02 agosto 2016

Los lenguajes que comprendo.

Ha escrito el poema:
(Entre el rostro del sol y el horizonte hay
un equívoco).
ADONIS

No entiendo vuestros chistes. No entiendo el idioma que pronunciáis con la rapidez de una polilla que aletea para evitar el choque. No obstante, sí entiendo la risa. Y el sustento de esas palabras de insólita ortografía -y que no es otra cosa que afecto, que amor, que fina ironía. No entiendo la vida y su balanza. Su cadencia. Sus espirales. Sí entiendo (y por ello he cogido un coche improvisado y remontado mi mar cálida y querida) el influjo de los lugares, de las distancias, de las perspectivas. Entiendo que he venido hasta aquí para descubrir lo que sabía y me empeñé en negar: sólo la ternura cuenta. Ella contra la carga y la herida. Por ello, y aunque aún no comprendo este mecanismo en mi pecho que me empuja y que me aleja, que me prende y que me apaga, sí comprendo el significado de un latido a destiempo. De una mano tranquila en el sueño. De la piel que se une en la tarde.