08 febrero 2016

Yo ya no escribo: rezo.

David Silva
 Estas mujeres, aunque piensen otra cosa, sienten el poder de la Inmortal. Por mucho que la destierren, Ella prevalecerá. La Diosa jamás se apartará de la humanidad.
Y pensó que el amor era la mayor verdad de la vida, y que no se podía pesar ni medir, porque era un flujo eterno e infinito, de modo que cuanto más se amaba, más amor se tenía para dar.
MARION ZIMMER BRADLEY

Si ya no escribo, preguntas.
No dejaré de escribir mientras no pueda dejar de rezar.
Últimamente es lo que hago: hablo a los dioses que me quedan: Arrebatadme el miedo dadme valor para confesar no permitáis que me sienta sola que escuche la Voz que pierda el rumbo...
No hay dioses, dicen todos. No te escuchan. ¿Sabes? Todas tus palabras y silencios caen gota a gota a un frasco vacío.
Un frasco vacío en un mar de lágrimas
(las lágrimas de aquellos que rogaban y rogaban para ver estéril su plegaria).
Porque no hay dioses, dicen.
Y algo en mí se rebela: están aquí.
Los respiráis. Los coméis. Los amáis. Los despreciáis. Los necesitáis sin saberlo, sin tener ni una sospecha.
Los desterráis.
Llenáis sus nichos de ídolos. Creéis que la vida es suerte, accidente; no un regalo que honrar día a día con el sudor y la sangre.
Los añoráis.
Muchos llamaréis al cielo cuando las células se propaguen, cuando el avión caiga en picado, cuando carezcáis de consuelo suficiente a vuestro trance.
Muchos volveréis al origen cuando el destino se disipe, y veneraréis por igual la luz y la fuente que la crea; el vergel y la primera semilla; la obra y sus sabios hacedores.
Si sigo rezando, preguntas.
No dejaré de rezar hasta que consiga respuesta.