14 diciembre 2016

Cuaderno de Avalon, V: (un cuervo me habla en inglés)

y dice: puedes matar la sombra
sólo presiona un poquito
más hondo

pero qué ocurre si tú eres la sombra
y eso significa
matarte a ti mismo

20 noviembre 2016

El cielo en la tierra.

 Vladimir Kush

No hay grandeza donde faltan la sencillez, la bondad y la verdad.
LEV TOLSTOI

he venido a encontrarte, maestro,
entre laberintos de cebada
a oírte murmurar en un patio de escuela
lo que es una estaca cruzando mi pecho
cada vez que he intentado vivir
contra esa verdad que, por pura, nos quiebra
verdad confesa en la tripa abierta
sin imperativo alguno en los establos,
en las manos alzadas, limpias, que dejan
caer la honda –qué sabrá la piedra
los hilos de sangre
de la justa victoria–;

una verdad confesa en la añoranza
desolada de una Luz que nos llama
y nos huye sabiéndonos indignos

he venido, maestro,
a hallar la Luz
a velarla en el hogar de los pobres,
la avivan inocentes forjan su secreto
en sus cuencos de borsch
el celoso amor en sus botas limpias
las elevadas miserias que saben
contener en sus pañuelos

he venido a celebrar la vida
de los muertos que esparcieron el cielo
sobre la tierra a sus espaldas;

he venido a llorar la muerte de los vivos

y cuando se sequen las lágrimas
que en ese cielo y tierra vierto, cuando escucho
que su escisión es absoluta
muera yo joven, sin llegar a ver
devastada la estepa amoladas las almas
de mis hermanos, ya preparadas
para una ordinaria dureza;
muera yo con la paz
que me otorga
penetrando la fronda
todavía una débil
claridad
todavía una ínfima
esperanza

la que el tiempo ahoga
la que el mundo templa
pronto en la vida abiertos los ojos

la que araño en tu tumba, maestro, cama
de campánula y cabello nevado


(publicado en revista Obituario)

13 noviembre 2016

Cuaderno de Avalon, IV: Imágenes en la nieve.

Esto ha muerto y esto va a morir.
ROLAND BARTHES

Lo espacial algo ajeno nos enseña.
IDA GRAMCKO

La nieve trajo un lugar y un instante impreso para siempre. Me los regaló y yo me olvidé, ingenua, de que un lugar y un instante se desvanecen; de que un lugar y un instante no tienen límites. La nieve trajo fragmentos fijos y punzantes de memoria; fotografías de tal claridad que tuve que apretar la mandíbula, cerrar los puños mientras las miraba. Una mano desnuda contra la luz ocre de mi cuarto: una lágrima detenida helada en su travesía hacia el dolor: un salto débil a una suerte de borroso futuro. Un iris se abría para envolverme. Una brecha eléctrica se cerraba. ¿Sucedió así o el recuerdo es otra trampa de mí misma? Kracauer me dice: toda imagen es un engaño. Pero, ¿cómo es posible un engaño tan presente hasta el delirio? ¿Y qué hacer con ese engaño? ¿Desecharlo? ¿Desmontarlo? ¿Venerarlo en su artificio? Barthes dice: toda imagen es intento de eludir la muerte. ¿Eso es lo que estoy haciendo? ¿Tratar por todos los medios de evitar un desenlace obvio? ¿Una pérdida que ya se torna tan natural como el aliento? Me obligo a decir: lo único real es lo que leo y escribo, lo que arranco de los rostros intrigados que me acogen. No son reales las imágenes esperanzadas en la nieve. No es real lo que espero, arrodillada, sin salir ya a tentarlo con uñas y dientes. Lo que tengo, lo que existe para mí, es otro interrogante. Tajante. Constante. Otra mentira en mi exilio. Otro sofisticado mecanismo de tortura.

16 octubre 2016

Cuaderno de Avalon, III: El ojo de la aguja.

Mi vida está ahí, en algún lugar. Es una idea recurrente. Una concha que aprieto hasta cortarme cuando olvido el mar. Cómo sonaba. Cuál era su sabor. A mi alrededor, la vida del otro es un perfecto castillo de naipes.
(un hombre me pregunta si tengo frío. una amiga me dice que soy valiente. una madre admite que me entiende cuando le anuncio: no volveré)

Soy un tanto celosa de mis poemas favoritos. Apenas los comparto, y cuando lo hago -momentos, personas secretas-, es casi un gastar mi última bala, casi un lanzar la bengala, casi saberme avergonzada en las palabras de los otros. Pero hoy tuve que traer estos versos porque ya llevan días en mi corcho, junto a todos los que copié -letra diminuta y dura-, para repetirme día a día qué es lo que soy, qué me apuntala.
Mía Gallegos. El ojo de la aguja: 

Al amor llegué con un grito de seda
y puse las dos mejillas,
el cuerpo y la conciencia.
              
Nada quedó de mí,
ni siquiera una carta,
ni siquiera un espejo en donde reconocerme.
Mas aprendí a pasar
por el ojo de la aguja,
es decir a perdonar sinceramente.
A dejar la piel en el alambre,
a dolerme desde los pies
a la cabeza.
              
Lo perdí todo.
Y cuando entendí que no sabía defenderme de la gente,
respondí con una bofetada de ternura,
porque yo sé
que sólo los dulces heredarán la tierra.

05 octubre 2016

Cuaderno de Avalon, II: Detrás de mi rostro.

 


 
 
 
 
 
 
(te juro que detrás de mi rostro hay una alegría que se enraiza y florece y es capaz de vencer la embestida de esta ventisca que se acerca, que ya está aquí, que empieza a estrecharme; te juro, sí, que esta ventisca es pasajera como lo fue quizá mi voz metálica tu oído la luz de unos dedos que tejían y destejían palabras lejos muy cerca -todo es cuestión de cadencia del ritmo bien ajustado a su trama-; y no nunca fui lúcida siempre un agujero negro siempre el ojo del huracán pero te juro que un universo secreto yace bajo este temblor y del temblor toma su fortaleza, y es un universo secreto y dulce hecho de miel de brasa púrpura de ceniza -ceniza -no llegué a decirlo pero ceniza es el poema que leería sólo una vez en la vida sólo delante de una mirada capaz de mirarme en completo silencio -y tardaré tanto en hacerlo porque sí, estoy asustada, porque sí, soy capaz de admitirlo -ceniza- quien podría aferrarme -secreta desolación sin nombre-, quien podría pagar el peaje de una autopista cortada un cachorrillo aplastado en su orilla -el corazón tiene la sequedad de la piedra-, y aún así querría volver y leer en voz alta el móvil ardiéndome en las comisuras y conquistar cada nueva cima -aunque sea ceniza lo proclamo: ceniza-; te juro que a pesar de quien soy de quien no puedo fingir que soy detrás de mi rostro una chispa había comenzado a prenderse)

21 septiembre 2016

Cuaderno de Avalon, I: Esta lengua no es la mía.

 
 
 
 
Los límites de mi lenguaje son los límites de mi mundo.
WITTGENSTEIN

Todas las habitaciones cuando por fin me he dormido
han lanzado sobre mí el castigo de los sueños.
LOUIS ARAGON

I. Podría amar este lugar, lo he sabido desde el momento en que comprendí que aquí la pradera y el asfalto se solapan, que la lluvia se presenta sin avisar y con ligereza, que el atardecer se adelanta al momento en que me ovillo en la cama temiendo la noche. O quizá es que aún no he conocido sus aristas y sus avatares, su margen para la soledad, su potencial de daño. ¿Es posible, me pregunto, que un lugar se suceda en el tiempo sin doler; sin enmarcarse como culpable de todo lo que en mí crece?

II. Esta lengua no es la mía. Me cerca. Me reduce. Tantas cosas nos unen aquí -la juventud-el desconcierto-la sorpresa y curiosidad del exilio. Y sin embargo sólo una conjunción de palabras nos separa, capaz de ejercer de nexo o de tímida frontera. Nunca antes fui tan consciente de que soy lo que digo. De que soy lo que soy capaz de decir, y nada más. No importa que habite un cuerpo, un circunstancia, un pisada. Si esta lengua no es la mía, ¿soy una mutilación? 

III. Vivo en una progresión de rostros y nombres y países -se suceden rápidos, inidentificables a mi alrededor- y sé que nunca volveré a verlos, no conoceré los miedos que se parapetan tran sus rasgos, no pronunciaré sus nombres; pero aquí está, conmigo, y bailamos. Encontrar la unicidad en la incesante repetición; lo necesario en las cumbres de lo contingente, ¿es el reto de un viaje? ¿Del viaje de una vida? Y de encontrarlo, ¿cómo atesorarlo? ¿Cómo protegerlo para siempre?

30 agosto 2016

¿Estás aquí?, pregunté en mitad de la neblina.

Pues antes que mi pan viene mi suspiro, y mis gemidos corren como aguas.
JOB 3:24

11 de agosto
¿Estás aquí?, pregunté en mitad de la neblina. Estoy, contestaste. ¿Lo escuché de veras o era una voz engañosa en mis oídos, creando un fantasma a medida de mi fragilidad? Al fantasma confesé: tengo miedo. Tengo miedo de un descenso ya recorrido que, sin embargo, se me antoja nuevo y aterrador cada vez. Las píldoras hacían su efecto; yo me adormecía, ronroneaba drogada en tu pecho, tú sonreías; incluso así era un gato travieso, un gato herido pero fiero que pelea por despertar. Quizá no empezaste a entender mi batalla hasta abrir la puerta y verme tambalearme de un lado a otro de la cocina, bromeando a pesar de todo; hasta que entraste conmigo en la oscuridad del mediodía, su cama deshecha, sus manos convulsas. Estuviste. Fue un instante. Es un recuerdo al que me aferro.
12 de agosto
Mirad, aquí bajo el cielo. Mirad: esto es el dolor. Esto es la soledad infinita. Mirad aquí: entre el cigarro encendido y la débil luz de linterna. Entre el aroma a hierba y los pies fríos y la arena y el abrazo de cierva que solloza y pide ayuda y obtiene este extraño silencio. Mirad: todos somos Perseidas. Recibís mi luz: yo ya estoy muerta. Creo haberos visto: ya pasasteis de largo. 
14 de agosto
Intento comer pero el cerebro y el estómago se alían. Salgo a correr y acabo caminando lentamente. Hay algo en mis pies y en mis pulmones, algo pesado, algo incapaz de activarse. Mi cuerpo comienza a ponerse en hibernación; reconozco el síntoma. Si te dejas arrastrar por él estarás perdida.
16 de agosto
Por un día parece posible. Quiero decir que hago lo que se supone que hace alguien feliz. Quiero decir que haces lo que se supone que hace alguien que ama. Me has abrazado con tanta fuerza que tengo la sensación de estar a punto de resquebrajarme. Sólo que la mañana deshace el abrazo forjado en la noche. O quizá sea el sueño, honesto, lúcido, quien lo haga.

17 de agosto
Acaricio tu mano y te conforto, porque necesitas de mi fuerza para abandonarme. Incluso en este enésimo final nos acompaña esa paradoja. La paradoja de que extraigas la voluntad de alguien exhausto. La paradoja de que alguien roto te explique cómo reconstruirse. Tú no lloras -nunca has sabido-, pero yo sé que lloraré horas después de que baje del coche, otra vez, y cruce la esquina. 
19 de agosto
Preguntar cómo estás nunca es un acierto. Preguntadme: Cómo estás hoy. Así podría explicar lo que sé -lo nimio, lo transitorio, lo cotidiano-. Estoy acostada. Estoy cansada. Estoy desanimada. Preguntar la razón nunca es buena idea. No hay razón ninguna. Y si la hay, hace tiempo que vive enterrada en lo más hondo. Hablar de ello puede ser peligroso. A no ser que estéis dispuestos a hablar con los ojos y las manos, de la muerte y la soledad y la entrega y el abandono. Hablar de cualquier otra cosa sería mentir. Papá nos lleva a cenar, mamá insiste en la importancia de recurrir a alguien: a la medicina o a Dios. No puedo evitar encontrar divertida esa última sugerencia. Si vuelvo a la iglesia, pienso, incluso ella vería algo positivo en esta situación. El infierno que me devolvió al sendero de Dios. Poético. Sugerente. Casi tentador. 
22 de agosto
11am: Yo no sé lo que soy realmente, pero veo en ti una llama encendida de bondad, luz y amor.

23 de agosto
Me explicas la incertidumbre como si me fuera ajena, como si no viviera con ella siguiéndome el rastro. Si supieras cuánto querría permitirme pensar en futuro, cuando mi futuro se reduce a los próximos minutos de paz. Si conociera el instante del tiempo a partir del cual el dolor remite y una posibilidad se perfila. Sólo ahora, pasados los años, empiezo a entender qué supone ser presa de esta piel. A entender que sobre mí ondea esa duda recurrente, ese veto a una cierta clase de permanencia.

26 de agosto
Compartir una botella de vino, compartir la risa, compartir ataduras que no duelen aunque se hinquen profundo en la carne.
¿A esto te referías?
29 de agosto
La maleta como una incógnita en mitad de mi habitación. Los planes a medio hacer: viajes, fiestas, lecturas, trabajos, obligaciones, formularios por rellenar, recetas por pedir, trámites por cumplir. La felicidad como una incógnita en mitad de mi futuro. ¿Quién podría apostar por ella? Tan bella como esquiva: es esa estrella llorosa: es ese rostro conocido del que no recuerdo sus rasgos. No, ya no confío en una hipotética felicidad. En un hipotético equilibrio. Lo que tengo, con lo que puedo contar en cualquier caso, es algo frágil y fugaz. Lo que ahora persigo es la luz.

02 agosto 2016

Los lenguajes que comprendo.

Ha escrito el poema:
(Entre el rostro del sol y el horizonte hay
un equívoco).
ADONIS

No entiendo vuestros chistes. No entiendo el idioma que pronunciáis con la rapidez de una polilla que aletea para evitar el choque. No obstante, sí entiendo la risa. Y el sustento de esas palabras de insólita ortografía -y que no es otra cosa que afecto, que amor, que fina ironía. No entiendo la vida y su balanza. Su cadencia. Sus espirales. Sí entiendo (y por ello he cogido un coche improvisado y remontado mi mar cálida y querida) el influjo de los lugares, de las distancias, de las perspectivas. Entiendo que he venido hasta aquí para descubrir lo que sabía y me empeñé en negar: sólo la ternura cuenta. Ella contra la carga y la herida. Por ello, y aunque aún no comprendo este mecanismo en mi pecho que me empuja y que me aleja, que me prende y que me apaga, sí comprendo el significado de un latido a destiempo. De una mano tranquila en el sueño. De la piel que se une en la tarde.

23 julio 2016

El abrazo.

Camille Claudel
Pequeña muerte, llaman en Francia a la culminación del abrazo, que rompiéndonos nos junta y perdiéndonos nos encuentra y acabándonos nos empieza; pero grande, muy grande ha de ser, si matándonos nos nace.
EDUARDO GALEANO

¿A partir de qué instante termina el abrazo
destinado a construir y empieza el abrazo
decidido a la destrucción?
Dime, ¿conoces la frontera?
¿Es una alteración del aliento?
¿Un cambio de ritmo en las manos?
Dime, ¿supiste sentirlo
la última vez que nos atamos
o te blindaste, como yo, en un postrero
baluarte de esperanza? 

Si me odio no es por querer
que vuelvas –incluso ahora,
siendo una ausente tu voluntad
y siendo mi orgullo el más lejano
de los fantasmas.
Si me odio
es por desasirme
de aquel abrazo,
no haberme entregado
a su infinitud,
no haberme aferrado
a un espacio inútil en contenernos
y en el que hoy,
rociada de sal,
mutilada de escarcha,
me encuentro a solas.

14 julio 2016

Madrid, Blake, un abejorro entre mis dedos.

Para ver el mundo en un grano de arena, 
y el cielo en una flor silvestre, 
abarca el infinito en la palma de tu mano 
y la eternidad en una hora.
WILLIAM BLAKE

MADRID, 10 JULIO, 2:01
Esta gran ciudad no conoció mi infancia, su fantasear, su cabello rizado, su faz curtida por el sol; sí conoció y atestiguó el momento en que fue truncada, en que murió en brazos ajenos pues yo misma la entregué. Esta gran ciudad, al igual que tú, me recuerda quién fui -pequeña niña perdida-, y quién querría volver a ser -pequeña niña encontrada-, y lo hace entre versos de Blake, entre siestas breves y comidas pesadas, entre deseos que aún son lejanos pues precisan de un tiempo veloz: domesticar mi cuerpo, volver a acariciar mis bucles, sobrevivir a costa y a causa de mi pasión.
*
Venir aquí ya no significa envilecerse en el recuerdo; significa querer alzarse aun paladeando el sacrificio. 
*
La melena rebrotará salvaje. La piel volverá a atezarse. La silueta se afinará. Los sueños serán materia, y es que al fin lo permitiré: mi destino siempre fue el origen. El camino escarpado y largo. El camino que vuelve al punto en que la vida era el verano, y el verano un abejorro apresado entre mis dedos. Nada hay más bello, entendí, que la posibilidad del veneno y del vuelo en un mismo instante. Nada más bello que la muerte compartida del crecer, del amarse, del desprenderse. María ya duerme; hace rato que el Whatsapp no reluce en la oscuridad. Todo es paz en la glorieta de Quevedo, y sin embargo, aquí dentro algo crepita. Mañana volveré a casa.

25 junio 2016

El precio de la ternura.

... toda la condenada corriente de la vida que fluye a través de ti, a través de ella, a través de todos los tipos que te precedieron y los que te seguirán, las flores y los pájaros y el sol que fluye a raudales y la fragancia de todo aquello que te asfixia, te aniquila.
HENRY MILLER

Puedo resistir el dolor, aplacar la ira, avivar la desgana. Puedo contener la lengua, agachar la cabeza, templar el orgullo. Pero sólo pagando el precio de la ternura una mano en mi mano, un beso en mi frente, una presencia que se afirma. Pero sólo honrando el altar de una dulzura innegociable.
*
(y aun sabiendo que la razón me respalda y que nada podría sostenerse jamás sin la calidez que reclamo)
(ni la hipótesis de un futuro ni los cimientos de un hogar)
(me duele no encontrarte aquí, entre mis lunares, que son, decías, escalera a un firmamento punteado)
*
Tantos años aprendiendo a averiguar qué me corresponde. A pedir lo que me corresponde. Tantos años y todavía el desierto en mi garganta.

13 junio 2016

Eingedenken: Consideraciones sobre el pasado.

Joseph Cornell
La rememoración puede hacer de lo inconcluso (la dicha) algo concluso, y de lo concluso (el dolor) algo inconcluso.
WALTER BENJAMIN

¿Viajas para revivir tu pasado? era en ese momento la pregunta del Kan, que podía también formularse: ¿Viajas para encontrar tu futuro?
Y la respuesta de Marco Polo:
–El allá es un espejo en negativo. El viajero reconoce lo poco que es suyo al descubrir lo mucho que no ha tenido ni tendrá.
ITALO CALVINO

I. El error es comprender el recuerdo como algo que apunta al ayer en lugar de a un presente cierto. 
II. Todos los sabios que conoces insisten en el que tiempo no existe.
III. Si el tiempo no existe tampoco existe tu pasado.
IV. ¡Desmóntalo, pues! ¡Rompe el cristal! ¡Embébete en su tormenta de arenas finas como el aire! ¡Sin él al fin serás libre! 
V. Tu pasado no existe pero está escrito en los lugares. ¿Cómo?
VI. Tu pasado no existe pero la Memoria traza heridas circulares. ¿Cómo?
VII. Hay ciudades en las que el tiempo, no obstante, existió, y corría como el agua en cascadas desde mis ojos: Madrid, Roma. Hay ciudades en las que el tiempo existió y se detuvo exquisito pétalo polilla en la fuente de luz: Edimburgo, San Petersburgo. Hay ciudades en las que el tiempo nunca ha existido: la que estoy pisando, la que piso cada vez que el verano me llama.
VIII. Soy las ciudades que he visto. Soy las ciudades que he llorado. Soy el tiempo que se ha estirado y comprimido a voluntad, que ha nacido y que ha muerto para no haber existido nunca. Soy un pasado que me acompaña. Soy un futuro que me rehúye.
IX. (el error es creer que soy cuando estoy hecha de incertidumbres)
X. Soy tantas cosas que han sido que nunca fueron que tal vez sean.

03 junio 2016

(una conversación con Marina A. desde el otro lado)

Marina Alcolea
cómo te va, querida
¿quieres lo típico que se dice o la verdad?
sabes la respuesta
*
te lo he dicho algunas veces, pero para mi conocerte fue algo muy importante. cuando fuimos hablando y fui conociéndote un poco más. y vi el reflejo de mi tristeza en la tuya y viceversa. ayuda sentir que alguien más mira desde el otro lado
*
Marina A. crea como nunca podré crear yo, crea islas, crea nubes, crea un Dios que no perdona a quienes aman. Leedla y lo entenderéis. Leerla es recordar por qué escribo: porque no queda otro remedio si no se sabe hablar, vivir, de la forma correcta; ¿acaso supe alguna vez, cuando la luna quemaba y la vida era nueva y las fragancias se impregnaban en mi cabello rizado? Escribimos porque con Marina A. puedo usar el plural porque es demasiado tarde para hacer cualquier otra cosa. Cualquier otra cosa más fácil. Más conveniente. Menos letal.
*
y consigues que las personas y tú estéis separadas por un muro
*
tener que luchar con la vida y con uno mismo es agotador
*
Y no es necesario que hablemos de trivialidades, de patologías, que hablemos de nada que se sustente en la necia lógica de los días; para qué si los días pasan tan diferentes para nosotras, tan imposibles de aferrar, como reflejos en un río demasiado transparente. No es ese nuestro idioma: nuestro idioma es ala desnuda, sombra proyectada en la pared a la vista de todos, el augurio presente y silenciado a cada instante; es piedra dura y buitre y verdad y muerte velada
*
solo por sentir que alguien nos quiere. aunque no llegue a comprender el dolor
*
quién coño quiere manejar una caja de "frágil" 24/h
*
encontrar a alguien que intente comprender esa fragilidad
*
Quiero escribir como Marina. Quiero doler como Marina. Quiero ser como Marina así sería hermosa, así haría algo hermoso de todo esto que sobreviene, de todo esto que se sienta a mi lado, me besa la mejilla, dibuja con uñas delgadas sobre mi pecho: estoy aquí, y seguiré estando, y ahuyentaré todo lo que anhelas, el rubor, el destello en tu voz
*
el pasado me pone contra una pared señalándome con una espada
*
ni siquiera concibo el pasado como algo aparte, como algo que fue, en mi caso está aquí, me acompaña, me oprime, es algo que nunca se marchó o que dejó un testigo, un testigo que se hace presente como el dolor de huesos se hace presente con la lluvia. como una bala alojada en alguna parte de mi cuerpo
*
Y aunque esta mañana he llegado a casa y he cerrado la puerta y sufrido porque la espera nunca fue esperanza y a menudo atizó lo contrario. Y aunque ante mí se abre un camino cuyo fin puedo avistar pues será la primera vez pero también mi herida más antigua, alguien se posa en mi alféizar y canta. Y su canto es el aire del verano en mis ojos mojados: eres preciosaeres digna de amor: enseguida acabamos: volaremos: reiremos: tú mereces. Y es mentira pero aún suena entre los árboles nacientes.
*
porque confio en ti como en un pajarillo que a veces se asoma a mi ventana. y le digo "estoy triste" y me dice "yo también" y eso basta.
*
Puedo aferrarme a los pájaros y olvidar el sabor de la tierra. Puedo hacerlo, debo hacerlo, lo haré.
Puedo acostarme a esperar su venida.

21 mayo 2016

La espiral.

Cynthia Lee
Tu nombre es un perfume que se derrama.
CANTAR DE LOS CANTARES

Ayer fue hermoso. Y digo ayer porque pronto llegó el presente y me dijo: basta. Y digo ayer porque en el hoy ganan la marcha y la ausencia. Ayer fue hermoso: existió el verbo pero existió también la flor en la boca. La vida en la boca. El mundo perdió sus líneas y sus contornos: quedó en sfumato, dejó de rodearnos y nos penetró. Nos colmó de su luz y su sombra. Ayer fue hermoso. Me miraste muy dentro en mitad de la espiral; me acariciaste la nuca empapada, me dijiste suave: ven aquí. Y yo fui corzo corriendo presto a la llamada de la flecha.

13 mayo 2016

Esto ya no soy yo, pero me he escrito para siempre.


[...] lo que más aprecio de este libro es el valor con el que la poeta se enfrenta al miedo a la vida. Vestida con una túnica blanca y con unos zapatos que brillan —como una autora antigua y enamoradiza, como una autora joven y misteriosa— ella desciende al inframundo de la personalidad. Nos tiende la mano para que vayamos con ella y, una vez en ese páramo, nunca nos suelta. 
LUNA MIGUEL

Luna tiene razón: tuve miedo. Y sigo teniendo miedo. Ahora todos pueden verme. Tocar estas páginas, tocar las limpias oquedades de mis clavos. La llaga hinchada en mis manos de azúcar. Y por eso este rubor, esta minúscula inquietud, esta felina timidez: me escondo entre el follaje aunque mis ojos afilados ya estén a la vista y a veces lloren todavía. Esto ya no soy yo, querría gritar. La doncella ya no / la granada ya no / la muerte ya no aunque posada permanezca en mis estambres. Esto ya no soy yo, pero he me escrito para siempre. Mi alma abierta ya brilla, diamante en lápida celeste, pues escribirse es condenarse a la eternidad. Enorgullécete, dicen; ya eres eterna. ¿Qué honor hay en eternizar la más pesada de mis piedras? Esto ya no soy yo o quizá sí lo soy: papel finísimo, fragante papel: papel frágil, papel invencible: sé cómo romperme y también sé cómo resistir.

02 mayo 2016

Aprender a sangrar.

Pliego las páginas de la tristeza una a una
y de su palidez
extraigo mi sonrisa.
WAFA WAYDI

No te mentía: soy diminuta. No te mentía: no sé nada sobre casi todo, y aunque pude saber, hace tiempo que he olvidado. ¿Te he dicho que cuando empiezo a sentir también empiezo a perder? Pierdo el blindaje ante el peligro. Pierdo la noción de lo que realmente soy: pan desmigado y carne en manos de Saturno. Pero tengo que perdonarme, dices, así que me haré algunas concesiones. Soy diminuta, cierto; pero estoy intentando crecer. No sé nada de nada, pero estoy intentando aprender. Aprender a sangrar de nuevo.

25 abril 2016

Lo que no se nombra nunca ha existido.

William Blake
Lo que no se nombra nunca ha existido. Por eso no nombro el dolor. Por eso no lo nombro, y si lo nombro es la aguja del pajar. Ya veré. Ya hablaremos. Cambiemos de tema. Tú apenas si eres consciente de lo que yace entre estos muros. Cómo podrías saberlo si eres incapaz de derribarlos o tal vez sea yo misma quien frustre su demolicion.
*
Lo que no se nombra nunca ha existido. Por eso en tu presencia sólo nombro el deseo y la tentativa. La mentira de estar siendo una mínima parte de mí. La parte que no abruma. La parte que no distancia. La parte de mí que pasa por la vida sin desplomarse.
*
Lo que no se nombra nunca ha existido pero existirá. Al final del día, cuando no haya nadie mirando. Cuando apenas si quede algo de consciencia en los ojos del mundo. Lo que no habrá existido hasta entonces despertará. Y cuando recuerde que nadie salva será la hora de marcharme.

10 abril 2016

Estás marcada.

Margaret Keane
Estás marcada. Tu cicatriz es noche en vela, llanto injustificado, dedos que bailan como arañas violinista. Tu cicatriz es la cortés aceptación del abandono tú también lo harías, después de todo, ¿o te aventurarías a caer?. Tu cicatriz es la gratitud a quien permanece y encuentra luz en mitad de tu larga sombra. Alguien roto no puede reconstruir a nadie, dice M.; y tú sabes conseguirlo. 
*
En Japón reparan con metales preciosos los pedazos de algo destrozado: es un arte que llaman kintsugi. Desde que te enteraste, te repites a diario que ésa ha de ser tu labor. Reúne tus añicos; conviértelos en destello. Púlelos. Ensámblalos. Haz que se abracen todo lo posible hasta el próximo impacto. No ocultes jamás su existencia bajo barnices de risa y piel. Estás marcada, sí, pero eres digna de apuesta y caída. Tu cuerpo aún desprende calor. Y tu cicatriz es de oro.