31 diciembre 2015

2015 tuvo lo que tiene la vida.

2015 tuvo lo que tiene la vida.
Un amor insólito nació y se creció en la adversidad; hubo crepúsculos violetas, rosáceos y llameantes; desde un asiento de copiloto redescubrí el cielo. Hubo desengaño, y soledad, y los ciertos monstruos de siempre: la oscilación, la inagotable sed de excelencia. Hubo firmeza (soy capaz) y hubo temor (también capaz de precipitarme desde arriba). Una meta apareció y cobró forma poco a poco, convirtiéndose en mi oxígeno: a día de hoy podría decir que soy 50% futuro; que el pasado se ha rendido ante el asomo de horizonte...
Hubo una revelación que me sigue torturando: nuestra mesa navideña irá menguando con los años; un día sólo quedará el recuerdo, nublado, impreciso. Frente al ataúd que abrió la veda de despedidas, hubo un deseo: que no exista la muerte, que permanezcan aquellos que amo, pues sin ellos sería sombra. Hubo respuesta: ármate, prepárate para el golpe y pervive. Hubo fe: por primera vez después de mucho tiempo recé...
Hubo batalla y con ello, elección de una bandera: elegí la rota, la pisada, la ensangrentada, pues nada hay más mío que una causa perdida, un reclamo silenciado, una utopía pendiendo de un hilo...

Mis años comienzan en septiembre, aún el verano entre los labios; esta noche sólo será otra noche, mañana sólo será otro tramo de esta carrera de fondo. Mañana sólo será un día en el que estudiaré y abriré regalos y besaré y pensaré convencida que aún queda tiempo –este año que empieza, al menos–; un año entero por delante, Annie, para amar y para aprender, para escribir y vivir en París, para encontrar tu sitio o creer que estás más cerca de hacerlo. Pero quién sabe si ese tiempo que temerariamente conquisto, sobre el que doy por sentado o por imposible, me obedecerá...

3 comentarios :

  1. Que bonito resumen has hecho, Annie.
    Mucha fuerza para este 2016.

    (sonrisa de elefante)

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