30 noviembre 2015

Quiero decirte: nos quebramos.

Quiero decirte: nos quebramos pero pronto nos encontrarán durmiendo entre la nevada, cobijados por la piel del otro que aún es torre en el asedio.
Quiero decirte: nos quebramos pero vamos a esperar hasta que se apague el otoño y todas sus fogatas, incluso ésta que me reduce a astillas carbonizadas sin que pueda amedrentarla con tu pérdida futurible.
Quiero decirte: nos quebramos pero sobreviviremos, sí, al igual que sobrevivimos al verano y a la Voz; al igual que sobreviviremos a París, al primer despido, al final de la luna de miel quiero decirte: esas cosas tendrán lugar, te lo juro, serán hechos, pero mi lengua ya está seca antes de hablar.
Quiero decirte tantas cosas que no abandonan mi pecho, cosas que suturen tu mirada rota y mi culpa desgarrada culpa que acosa, culpa que ya es otra alforja más del viaje. 
Pero lo único que digo, ya cerrada la puerta, es: no sé.  

16 noviembre 2015

Lo que sucedió cuando París se detuvo.

Franciszek C. Zulon
Cuando París se detuvo, tú y yo veíamos en televisión a un famoso cantando Noche de bodas de Chavela.
Cuando París se detuvo, yo ya había llorado llevo días llorando y tú cediendo; yo sin excusa, tú con cientos de concesiones; apuesto a que nunca pensaste que podría ser tan difícil; apuesto a que ahora comprendes a los padres y psiquiatras: tiene tantas ideas que la consumen y, en vez de ignorarlas, se empeña en enarbolarlas hasta enloquecer.
Cuando París se detuvo yo volví a llorar, y sentí vergüenza de mí y de todos nosotros, y me negué a apagar la televisión, a volver a la cama, a volver a hablar; y para qué, después de todo, si no importan las palabras contra la muerte y la ceguera, contra aquellos que se niegan a a ver más allá de la tragedia para arribar a la causa esa que nos salpica y sonroja.
Cuando París se detuvo, yo recordé esta semana en un flashback que me diseccionó en canal: las disputas en casa, repitiendo que existe un mundo levantado sobre nuestra ignorancia; la conferencia de Alberto Garzón que me inspiró y me conmovió porque supe que no estaba sola; aunque militar se parece a estarlo, a sufrir, a cuestionarte todo, hasta tu propio nombre; aunque eso es algo que no te dirán si te decides a abrir los ojos.
Cuando París se detuvo ya se había detenido Gaza, Libia, Somalia, Nigeria, Kurdistán; y tantas naciones antes en esta eterna dialéctica; se habían detenido sin que hiciera, sin que hiciéramos nada más que creer que hacemos algo; cuánta autocomplacencia. Y he intentado redimirme mediante la palabra, convencer a otros escuchad bien, allí edificamos barbarie; pero cómo convencer de algo en lo que también yo soy partícipe, por acción, por omisión. 
Cuando París se detuvo, yo era consciente de mi culpa. Hipócrita o comprensiblemente; ya no sé a qué moral me debo si toda mi tristeza es injusta al nacer en la abundancia. Y aquella conciencia dolía.
Me arrodillé y recé junto a las aguas.