23 octubre 2015

Escribo desde el cuerpo, para el cuerpo, a causa del cuerpo.

Ana Mendieta
Escribo desde el cuerpo. Yo no sería yo sin el cuerpo. Me observo en el espejo y descubro que es un extraño. Me observo en el espejo y reparo en cada uno de sus poros, de sus cúmulos de grasa. Me observo y comprendo: una vez lo amé, pero ya no. Ya no.
Escribo desde el cuerpo y para el cuerpo. Para saciar su apetito y eludir sus exigencias. Para engañar sus necesidades y sus carencias; para corregirlas. Porque no necesito mirarme y odiarme para entender que la tara me persigue y ha de ser domesticada.
Escribo desde el cuerpo, para el cuerpo, a causa del cuerpo. Porque si fuera bonita, probablemente no habría tenido que ofrecer mis entrañas. Si fuera bonita, probablemente aún tendría el cabello rizado y todo habría sido más sencillo. Aún reiría y jugaría, en lugar de avergonzarme y esconderme en la palabra para hallar la perfección.
Escribo desde el cuerpo, para el cuerpo, a causa del cuerpo, porque vivo y he vivido a su merced.
♠ 
Hoy me pregunto: por qué y hasta cuándo su dominio. Hoy escribo en La Tribu y hablo de Betsabé, de Betty Draper, de Ana Mendieta. De las mártires y las brujas que saltaron el cercado. Del cuerpo de toda mujer, que no es otra cosa que templo, jaula y arma arrojadiza.

4 comentarios :