13 julio 2015

Fui al jardín cerrado, fui a la fuente escondida y regresé.

Fui al jardín cerrado y mentí acerca de quién soy, pues cómo explicar algo que ni yo acabo de entender; ¿soy cóndor o colibrí?; avisté el porvenir entre gasas, por una vez no hubo miedo, sólo determinación: supe qué quise, cómo lo quise, cuándo lo quise, con quién lo quise; también sé que eché de menos, que gemí porque no estabas y la noche era cálida y su aureola relució y murió y todo en un instante. Fui a la fuente escondida y aprendí que sigo al principio de una senda que se pierde, borrosa, en el horizonte; tuve prisa por crecer, alejarme y ver brotar ya la siembra con orgullo; y aprendí que queda tiempo y tan poca paciencia aquí dentro; y también que es mejor así, que los años acaban pesando, siendo fardo en la memoria; que aquello que es valioso permanece fresco en mis manos, y que mientras lo conserve no habrá un hado que temer.

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