07 abril 2015

Nadie sino el animal comprende.

Anticristo (2009)
Yo tenía una libélula en el corazón como otros tienen una patria
a la que adulan con la semilla de los ojos. 
Juan Carlos Mestre

La infamia es esquiva, la ternura es vertebrada; la cicatriz de ambas es visible. Es algo que he aprendido admirando al animal, pues el hombre no recuerda la fragilidad que le concierne. Ha olvidado el sabor de la sangre y la punta de la flecha. Pero el animal conserva su memoria. Entiende su flaqueza, se entrega al sacrificio. Al silbido de la caza. Al apetito paciente de los otros. También yo me adentro en la espesura; en la cadena de un bosque insaciable. En sueños me enredo en su húmedo manto y el bosque me susurra ven aquí y quédate y muere con nosotros pero no es un sueño si al despertar la persecución no termina. Desde mi madriguera, el mundo no es más que una ilusión o un cometido que aplazar hasta el fin de los días. Y nadie sino el animal podría comprender mi aislamiento, sus causas, su condición. Nadie sino aquel perpetuamente amenazado por la vida.

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