27 abril 2015

Eso que nunca me atrevo a deciros.

Laura Makabresku
1. Confieso que lo único que me ata al presente es la convicción de que mañana seremos pájaros. 
2. Confieso que cada una de vuestras palabras es un límite y, como límite, me encadena: es algo que deseo sacudirme.
3. Confieso que en realidad intento amaros pero no hay nada en ese amor que vaya a salvarme.
4. (confieso que tampoco haréis nada por intentarlo)
5. Confieso que estoy dispuesta a dejar que el tiempo haga su trabajo y acontezca y confine al olvido sin mirar atrás, sin apenas aristas.
6. Confieso: tal vez entonces no me avergonzará estar sola.
7. Confieso que la lejanía se está acercando a llevarme con ella.
8. Confieso que hoy le sería tan fácil que resulta aterrador.

22 abril 2015

En el principio era el verbo (y la jaula).

Codex Seraphinianus
Ha llegado a ser evidente que nada referente al arte es evidente: ni en él mismo, ni en su relación con la totalidad, ni siquiera en su derecho a la existencia.
Theodor Adorno

Hay que preferir el infierno real al paraíso imaginario.
Simone Weil

En el principio era el verbo. El verbo y la jaula pues el verbo es tramposo; te tienta con la libertad cuando no hay mayor jaula que el lenguaje. En el principio era el verbo y tu primera sílaba te encadenó sin que lo supieras. Tu mente gestó dos emes, dos as, tu voz brotó de la nada y conformó tu primer reclamo: madre. Fue la primera de tantas súplicas. Ahora, por primera vez, adivinas tu esclavitud. Tu sometimiento a un canon incomprensible desde el nacimiento. Negándote a descifrarlo declaras: exijo mi retorno al edén. A la pureza y la desnudez que no engaña ni ruboriza. En tu imaginación, apuesto, ya puedes ver las palmeras ondearse ante la brisa rebelde. Allí no hay cálculo o alfabeto que se interponga en el único nexo necesario: tu mano y la vida. 
Querría declarar que, en cambio, esa es mi única valía: descifrar los mensajes ocultos de la experiencia. Intuir la verdad tras la fina pátina tras la cual nos fue entregada. Aunque esa verdad no me haga libre. Aunque sea imposible escapar a sus condiciones. 
(play)

15 abril 2015

Cada mujer se convierte en bomba de sueños.

O sea: ¿es amor esta roja tela
que fluye de la acerina aguja y vuela tan cegadoramente?
Con ella haré vestiditos y abrigos,
y vestiré a una dinastía entera.
Sylvia Plath

I. Sylvia dibuja a tinta como yo, pero sus trazos son firmes, sin dudas, sin censura, sin correcciones visibles. Son los trazos de alguien sabio. Me regalas los dibujos de Sylvia porque sabes que más allá de esta enfermedad que me domina persiste el instinto de vencerla. ¿Quieres saber de qué se alimenta ese instinto? Déjame confesar: un país privado que otros llaman hogar o futuro. Me observas hojear el libro: en el fondo sabes que esa sonrisa que nace al ver los animales, los barcos y los tejados, es signo de ese instinto que lucha. 

II. Pero yo ya no lucho a ciegas; ahora el monstruo tiene nombre y ya no hay rastro de desencanto. Coré la doncella ha dejado de existir. Existe en cambio esta mujer que se aproxima al cuarto de siglo. Esta mujer que escribe de sangre que bien engendra o bien derrama; de furia y de resistencia. La idea de un segundo poemario que deje atrás a Coré se va gestando en mi cabeza. Mientras tanto, todo lo que brota de mis dedos es un desafío.

III. Un desafío que, presiento, nunca me abandonará. Porque esas mujeres amantes o madres o enfermas o creadoras -como si no fueran sinónimos- son, ante todo, guerreras. Alumbran bebés y páginas impregnadas de tinta, crían hombres y revoluciones. Cada mujer entonces trasciende su propio organismo. Se convierte en bomba de sueños.

07 abril 2015

Nadie sino el animal comprende.

Anticristo (2009)
Yo tenía una libélula en el corazón como otros tienen una patria
a la que adulan con la semilla de los ojos. 
Juan Carlos Mestre

La infamia es esquiva, la ternura es vertebrada; la cicatriz de ambas es visible. Es algo que he aprendido admirando al animal, pues el hombre no recuerda la fragilidad que le concierne. Ha olvidado el sabor de la sangre y la punta de la flecha. Pero el animal conserva su memoria. Entiende su flaqueza, se entrega al sacrificio. Al silbido de la caza. Al apetito paciente de los otros. También yo me adentro en la espesura; en la cadena de un bosque insaciable. En sueños me enredo en su húmedo manto y el bosque me susurra ven aquí y quédate y muere con nosotros pero no es un sueño si al despertar la persecución no termina. Desde mi madriguera, el mundo no es más que una ilusión o un cometido que aplazar hasta el fin de los días. Y nadie sino el animal podría comprender mi aislamiento, sus causas, su condición. Nadie sino aquel perpetuamente amenazado por la vida.

01 abril 2015

Examen de conciencia.

Frederick Cayley Robinson
Debería estudiar pero duermo. Debería escribir y hago el amor. Me dejo desfallecer, sumisa, en mi dominio horizontal. Mi reino delimitado. Mi reino de algodón y muslos. Debería inclinarme, asumir las verdades ajenas como mías sin cuestionamientos. Pero sollozo. Pero peleo. Defiendo mi plaza, pues la elección alternativa no es viable. ¿Cómo podría enmascararme tras una vida antagónica a aquella que estoy persiguiendo? No. De ningún modo.
Por ello no me arrepiento; jamás. De arrepentirme no habría palabras cada día sobre mi lengua. De arrepentirme cómo podría escribir, si escribo justo por haber sido hija, mala hija, terrible hija. Repasemos todas mis faltas. A los seis me ensucié demasiado. A los nueve me pasé de curiosa. A los catorce besé, a los dieciséis me abrí a la luna como un lirio. A los dieciocho dejé de ir a la iglesia. A los veinte me fui de casa. A los veintiuno caí enferma. A los veintitrés... qué imperdonable, a los veintitrés soy toda dulzura soy toda juicio y sin embargo he vuelto a hacerlo: pesada y escarlata es la letra en mi costilla. 
/
Ninguna etapa de mi vida ha escapado 
al desafío,
enarbolándolo desde la infancia
como otros blandían su juguete, pidiendo
atención, desquitándose de la indiferencia,
fiel observadora más allá del cochecito.
Yo exigía lo contrario, la capacidad
de hacerme invisible, de no emitir un mínimo
rumor. Todo para huir
en busca de mi matriz verdadera [...].