25 marzo 2015

El ruiseñor y la rosa.

 
Mi cuerpo rechaza al intruso. Mi sangre rechaza la gravidez. Mi familia rechaza el amor que me envuelve: cree erróneamente que es isla cuando en realidad no es más que regreso, regreso al hogar, giro hacia mí misma. Me pregunto el porqué de su ceguera, esa ceguera que me divide y me desgarra y que es neblina en mi felicidad –límpido ocaso. ¿Por qué nadie más puede ver la ternura con que rasgas el papel de estraza, con que desenvuelves la delicadeza; con la que me grabas al despertar, con la que vigilas mi sueño? Pero yo sí veo, veo cada ínfima parte de ti, las que fueron y las que serán, y también las que crecen al mismo tiempo que mi voz las nutre y las arrulla; yo veo y beso tus rasguños, el hueco de tu pecho, el ruiseñor que algún día hará nido sobre tu antebrazo.
/
Estoy enferma pero este lecho sabe dar cabida al mar. Es la única forma de domar las largas horas de llanto y fiebre. Veo Que el cielo la juzgue y pienso: tenías razón, realmente la posesión puede anular todos los dones. Escucho la queja cascada de M. y me pregunto si dentro de un año, dos años, tres años, tú también te arrepentirás. Releo ese cuento de Wilde que tanto nos gusta y me convenzo: nosotros nunca, nosotros somos ese ruiseñor que se inmola, esa rosa cebada en la entrega y la pureza. Y quiero hacértelo jurar en mitad de mi delirio, pero tú no juras y estás tan lejos y yo tan dentro de esta bruma...
/
Sé feliz le gritó el ruiseñor, sé feliz; tendrás tu rosa roja. La crearé con notas de música al claro de luna y la teñiré con la sangre de mi propio corazón. Lo único que te pido, en cambio, es que seas un verdadero enamorado, porque el amor es más sabio que la filosofía, aunque ésta sea sabia; más fuerte que el poder, por fuerte que éste lo sea.
/
Como tú, quiero teñir mi piel de vivos colores. Pero no habrá un solo pájaro sobre ella: habrá flor y habrá línea pero nunca habrá animal. Demasiado vivo para lo inerte de este cuerpo químicamente herido. Demasiado vivo para esta piel y este cabello y esta vagina que son residuos del gran vertedero de Occidente: acariciarme es palpar el plástico, matar de asfixia a un pez plateado.  
/
Estoy enferma porque mi cuerpo y mi sangre y mi familia conspiran en mi contra, y aunque este lecho sepa acoger el azul brillante de aquel día, no hay solución real. Tan sólo: sigue llorandosigue durmiendosigue ingiriendo tu dosis de medicina. Que vendrán momentos mejores. Que si no vienen, los buscarás y arrancarás con uñas y dientes.

17 marzo 2015

Rezo la venida de las flores.

Tina Sosna
En una palabra, todo lo que es, todo lo que está vivo y es creador, lo que está en estado de regeneración continua, se expresa por símbolos vegetales. La primavera es una resurrección de la vida universal y por consiguiente de la vida humana.
Mircea Eliade

Os contaré algo que nadie sabe: cuando se acerca el equinoccio me arrodillo y sostengo el huevo, y el cuchillo, y la plegaria, frente a la fuente del universo y le pido el eterno regreso de todo aquello que está ausente. Que la hija vuelva a la madre, que la semilla retorne al hoyo, que la concordia reconquiste el territorio perdido al mal. Rezo la venida de las flores y os contaré por qué: hubo frágiles margaritas en los fusiles americanos, claveles en los ojales portugueses, rosas blancas en los muros de Auschwitz. No subestiméis el poder de aquello capaz de seducir al espíritu.

09 marzo 2015

In hac lacrimarum valle (varios pensamientos a la orilla de la muerte).

A menudo el sepulcro encierra, sin saberlo, dos corazones en un mismo ataúd.
Alphonse de Lamartine

Lo angustioso de la muerte es su antesala, el laberinto de corredores que precede a la camilla, los ojos tristes que inevitablemente se van cerrando pero me siguen evocando en su oscuridad; lo peor de la muerte es la boca que ya no puede decir mi nombre pero se abre dócilmente para recibir el sustento... Lo angustioso de la muerte es la fortaleza que ostentan todos a mi alrededor, como una rosa en el pecho que los protege del suplicio, mientras yo sólo sé llorar volviendo el rostro hacia otro lado...
/
Lo paradójico de la muerte es que engendre iniciativas parecidas a una bella resistencia.
I. El proyecto de Capsula MundiA mi muerte quiero ser árbol, quiero regresar a mi madre tierra -le digo a mi madre, la de hueso y fiereza, mientras comemos- ella se enfada y me dice no es algo que debas consultar conmigo, cómo si mencionar mi muerte fuera una clase de taumaturgia, como si la idea de verme convertida en ramas, savias y madera le resultara insufrible... porque ella sólo sabe creer en la protección de la cruz y la lápida, cuando yo creo en la protección de un ciclo sagrado.
II. El canal de Caitlin Doughty. Conocí a Caitlin gracias a una conversación de buenos amigos que siento cerca, cerquísima, aunque estén demasiado lejos. Confesamos nuestro temor simultáneo al duelo y a la enfermedad, a las llamas y a los gusanos, y Sara me la recomendó. Caitlin es hermosa porque habla de la muerte y todo lo relativo a ella -lo práctico y lo trágico- en un tono que pocos se atreven a emplear: el humor, la franqueza, la naturalidad. Nos invita a dejar de lado los tabús que la sociedad y nuestro propio miedo nos han impuesto sobre lo inevitable. Después de escuchar a Caitlin hablar sobre lo más físico o trivial del ritual funerario, la ligereza es palpable: uno parece más predispuesto a aprehender la idea de perder al otro, o la de estar abocados a desaparecer.
III. La ambulancia de los deseos. Uno de los motivos por los que empecé Historia del Arte fue por la creencia, cada día más férrea, de que el arte puede ser el mayor y más inocuo de los paliativos. Y cosas así sólo me hacen reafirmarme en mi esperanza. Que un enfermo, en alguna parte, se halle de camino a la fosa y su último deseo sea escuchar una sinfonía, o suspirar frente a aquel cuadro, o volver a pisar un lugar memorable, dice más del espíritu humano que toda la filosofía del mundo.
/
Lo definitivamente cruel de la muerte es su legado. La soledad a la que condena a los que permanecemos aquí. La abuela besa la frente y las manos y cualquier parte abarcable del abuelo pues no sabe si mañana su piel seguirá caliente. Adónde va el amor cuyo objeto ha desaparecido en la niebla -en el fino velo de lo oculto-. Adónde va el viajero sin compañero, una vez perdido.
Hace, ¿meses?, escribí un poema titulado Edades; y no era un poema sobre la enfermedad -aunque sí lo era- o sobre el dolor -aunque también-, sino un poema sobre el amor que he visto. Un amor que está enfermo y es doloroso, pero que puede plantar en mí una esperanza. Hoy tiene más sentido que nunca.

01 marzo 2015

Lloré a las 5am por no saber explicar el amor.

James Needham
Le asusta pensar en ella de ese modo. La hace parecer, en términos de amor, inconmesurable.
*
¿Qué es la belleza al final, sino algo cierto? La belleza es verdad y la verdad es belleza.
John Updike

El abuelo tiene el vientre duro y los ojos cerrados y no puede hablar pero la abuela no llama al 112 porque sabe que querrán llevárselo y los pasillos del hospital no son buen sitio para esperar y las camas del hospital y sus cercos de cortinas verdes no son buen sitio para morir y en realidad eso es el amor, y querría decírtelo mientras lloramos a las 5am en esta cama que ya es nuestra aunque albergara otras y antiguas pasiones; querría decirte que el amor es un dulcísimo sacrificio; que esta herida inflingida por tu daga en la oscuridad sólo tú mismo sabrías suturarla. Y querría decírtelo mientras besas mi rostro y mi pecho salado, mientras me ofreces las estrellas y me juras yo no quería y angustiado tú no mereces pero yo repudio la agonía, mana de tu boca temblorosa hacia mi boca firme, y con ella recojo tu culpa, y con mis lágrimas la lavo, porque querría decirte: amar es también seguir el trayecto de una cruz.