24 febrero 2015

A ningún menor de cuarenta le interesa la piedad.

Gritos y susurros (1972)
Oíd bien: estoy escribiendo desde una edad que no es la mía. A ningún menor de cuarenta le interesa la piedad y sin embargo eso es lo único que estoy tentando a mi alrededor. Una ración de bondad. Un testimonio de sencillez. Pero crucificamos a Cristo y amordazamos a Siddharta y olvidamos a nuestros padres y ahora en quién puedo observarme para germinar. Hace unos días recibí un e-mail, contesté  pero era mentira, pues hay tantas escenas en las que no logro situarme... hay tantas cosas que no he aprendido; hay tantas cosas que no soy. No soy una poeta joven. No soy componente de una generación que refulge; no, yo no quiero brillar intensamente hasta la extinción, yo quiero encontrar la perpetua luz del género humano. Todo aquello que no habita en la inmediatez o el artificio o la indolencia o todo aquello sobre lo que no sé escribir ni admirar -quizá sea esta mi condena, pero...-. Le digo a mi compañero que lo único que busco difundir y eternizar es el placer más humilde o el dolor más cotidiano. Escribiré la áspera tos de mi abuelo moribundo, el atardecer de un rincón del mundo, la dignidad restante entre las ruinas. Escribiré sobre todo aquello que nunca me hará brillar, pero oíd bien: mi conciencia será un valle de silencio.

17 febrero 2015

Historia de un enamoramiento.

¿Qué ama el amor? El infinito. ¿Qué teme el amor? Los límites.
Soren Kierkegaard
I
Lo primero es la seducción. Tú no has leído a Kierkegaard y no sabrás de qué te hablo pero en la oscuridad de mi portal te explico: yo he sido Cordelia. He sido engañada por un estratega de la mente y la traición. Tú no has leído a Kierkegaard -hace poco estudiarías Nietzsche o Descartes y probablemente resoplarías frente a aquellos exámenes que para mí quedan tan lejos-; sin embargo sé que comprendes el deseo y el dolor que precede y sucede al deseo: también tú has habitado los prismas oscuros del alma y has bailado cara y cara con la sordidez. Tú comprenderás a Annie y a Lux. Tú caminarás más allá del nombre. De mi nombre. De todos los nombres.

II
Lo primero es la seducción y lo segundo es la elección; todo en base a una premisa que siempre he tenido clara pero extrañamente olvidé todas las veces que escogí: elige a quien te devuelva el cielo, elige a quien te ofrezca aventura, carreteras, sueños primitivos; elige al pájaro rebelde que lucha por salir de donde quiera que esté. Elígete a ti en su piel.

III

Lo primero es la seducción, lo segundo es la elección, lo tercero es la palabra que dijiste y después callaste, porque estaba impresa en tus ojos y no había necesidad de romper el hechizo; aunque yo sé que sentías mi torrente de pensamientos que cantaban, ¿verdad que escuchaste su canción?

IV
Lo primero es la seducción, lo segundo es la elección, lo tercero es la palabra que dijiste y después callaste, lo cuarto es la verdad que ya no niego ni enmascaro, ni siquiera trato de aligerar pues pesa tanto aquí dentro -quiero decir que es un peso que no es peso, que es presencia y solidez-:

Sé que me estoy enamorando porque ya no escribo o sólo escribo la palabra felicidad en todas las bocas.

(En realidad miento: te he escrito un poema. Dos poemas. Tres poemas. Te escribo exponencialmente mientras todo se desata.
Algo así como
me has regalado una rosa
la he puesto en agua y he tenido
miedo
y también como
la ausencia es el descubrimiento del frío)

V
Lo primero es la seducción, lo segundo es la elección, lo tercero es la palabra que dijiste y después callaste, lo cuarto es la verdad que no niego, lo quinto es el lugar que inventas en las calles frías para mis lágrimas, mi herida y mi soledad. La tríada que me delata. La tríada que abrazas y rocías de ungüento sin extrañeza, sin apenas esfuerzo. Quizá ya lo has hecho antes. Quizá lo has estado haciendo por toda la eternidad.


(play)

05 febrero 2015

Lo que no he olvidado no puede morir jamás.

Larry Clark
Porque tan pronto como des cabida a la musa voluptuosa, sea épica, sea lírica, el placer y el dolor reinarán.
Platón

La piel desnuda: no he olvidado la piel. La palabra serena: no he llegado a escucharla. Repítemelo, te digo, y lo repites. La hormiga en mi vientre: aquí regresa. El sexo y el cielo: me rindo ante él. El cielo y su aroma: saben cómo atraparme. La llamada antigua: he empezado a sentirla. El placer sabio: quién lo hubiera esperado de esa piel, de esa palabra. Hemos sido inventados para la sorpresa, repítemelo, te digo, y repites: hemos sido inventados para el azar. El azar y sus manos amplias. El azar y su intención poderosa. El azar preciso: me hace estremecer. ¿Cuál será el siguiente paso? El avance. La retirada. El dolor conocido: no he olvidado el dolor. La voluntad: ya está perdida. Deberé confiarme a tu compás. Tú y yo quizá: perecederos. Este instante aquí y ahora: inmortal.
(play)