31 diciembre 2015

2015 tuvo lo que tiene la vida.

2015 tuvo lo que tiene la vida.
Un amor insólito nació y se creció en la adversidad; hubo crepúsculos violetas, rosáceos y llameantes; desde un asiento de copiloto redescubrí el cielo. Hubo desengaño, y soledad, y los ciertos monstruos de siempre: la oscilación, la inagotable sed de excelencia. Hubo firmeza (soy capaz) y hubo temor (también capaz de precipitarme desde arriba). Una meta apareció y cobró forma poco a poco, convirtiéndose en mi oxígeno: a día de hoy podría decir que soy 50% futuro; que el pasado se ha rendido ante el asomo de horizonte...
Hubo una revelación que me sigue torturando: nuestra mesa navideña irá menguando con los años; un día sólo quedará el recuerdo, nublado, impreciso. Frente al ataúd que abrió la veda de despedidas, hubo un deseo: que no exista la muerte, que permanezcan aquellos que amo, pues sin ellos sería sombra. Hubo respuesta: ármate, prepárate para el golpe y pervive. Hubo fe: por primera vez después de mucho tiempo recé...
Hubo batalla y con ello, elección de una bandera: elegí la rota, la pisada, la ensangrentada, pues nada hay más mío que una causa perdida, un reclamo silenciado, una utopía pendiendo de un hilo...

Mis años comienzan en septiembre, aún el verano entre los labios; esta noche sólo será otra noche, mañana sólo será otro tramo de esta carrera de fondo. Mañana sólo será un día en el que estudiaré y abriré regalos y besaré y pensaré convencida que aún queda tiempo –este año que empieza, al menos–; un año entero por delante, Annie, para amar y para aprender, para escribir y vivir en París, para encontrar tu sitio o creer que estás más cerca de hacerlo. Pero quién sabe si ese tiempo que temerariamente conquisto, sobre el que doy por sentado o por imposible, me obedecerá...

21 diciembre 2015

20D: Os diré por qué la pena y por qué la pasión.

Jacques-Louis David
I. La campaña se bebía gran parte de nuestro tiempo: mientras estudiábamos oíamos mitines, mientras nos quedábamos dormidos nos reíamos de los GIFs, mientras íbamos a clase comentábamos los programas con indignación. Y lo hacíamos ilusionados, convencidos, pero también con ese regusto a lo que podría haber sido: esa idea de esa Gran Marcha que al final se dividió, clavada en nuestros corazones.
(Amor mío, camarada, no te he dado las gracias por haber estado ahí, soportándome en las encuestas, escuchando mis disertaciones, consolándome mientras lloro de impotencia cuando te llamo y te digo que este sueño que construimos es inútil. Ahora podremos volver a la paz, o quizá nunca volvamos a ella: quizá la rosa roja que hemos portado estas semanas se plante para siempre en nuestro hogar con sus espinas).
♠ 
II. Madrugo, yo, la que nunca madruga; tiro de café, me cuelgo mi tarjeta de apoderada, y omito el dolor de pies y la decepción por nuestras opciones; largas horas envidiando a aquellos que sí llegan, a aquellos que no tienen que hacer números ni malabares. Y también siento algo bello y luminoso: la voluntad, sincera, légitima, en otros ojos, en otros colores; y eso fortalece mi idea: la Gran Marcha será de todos.
♠ 
III. Contar votos es contar derrotas pero también pequeñas victorias, pequeñas y benditas victorias; es lo que tiene el desierto, que un sorbo de agua se hace infinito. 
♠ 
IV. Os diré por qué la pena y por qué la pasión. Porque los errores cometidos no nos eximen de la lucha. Porque los errores no nos eximen de nuestra voz, que ha sonado fuerte y certera contra toda cruda injusticia. Porque la memoria traiciona a quienes pelean y han peleado por nuestro pellejo. Medianoche: entrego las actas, en la sede todo es revuelo, comida que va y viene, plasmas encendidos. Hablo con compañeros sin nombre y palpo esa lucha en sus semblantes. Palpo pérdidas y huelgas, propuestas peleadas en cada pleno y cada espacio; palpo diálogo y paciencia; el compromiso de una anciana que me ofrece un bocadillo: sus arrugas son trincheras. Y adónde va todo esto, me pregunto. A qué saco roto caen sus balas.
♠ 
VI. Sí, es necesario cambiar. Leer la realidad y ponérsela por montera, entender que esto trasciende mochilas y enseñas. Caminar hacia la Gran Marcha y que nos lleve a todos consigo. Por eso hoy, a pesar del derrumbe, me sorprendo sintiendo esperanza. A mí, que tanto pongo de mí misma en barcos que se hunden, y causas que llaman perdidas. No es mucha, apenas un destello. Pero basta para mirar al frente.

30 noviembre 2015

Quiero decirte: nos quebramos.

Quiero decirte: nos quebramos pero pronto nos encontrarán durmiendo entre la nevada, cobijados por la piel del otro que aún es torre en el asedio.
Quiero decirte: nos quebramos pero vamos a esperar hasta que se apague el otoño y todas sus fogatas, incluso ésta que me reduce a astillas carbonizadas sin que pueda amedrentarla con tu pérdida futurible.
Quiero decirte: nos quebramos pero sobreviviremos, sí, al igual que sobrevivimos al verano y a la Voz; al igual que sobreviviremos a París, al primer despido, al final de la luna de miel quiero decirte: esas cosas tendrán lugar, te lo juro, serán hechos, pero mi lengua ya está seca antes de hablar.
Quiero decirte tantas cosas que no abandonan mi pecho, cosas que suturen tu mirada rota y mi culpa desgarrada culpa que acosa, culpa que ya es otra alforja más del viaje. 
Pero lo único que digo, ya cerrada la puerta, es: no sé.  

16 noviembre 2015

Lo que sucedió cuando París se detuvo.

Franciszek C. Zulon
Cuando París se detuvo, tú y yo veíamos en televisión a un famoso cantando Noche de bodas de Chavela.
Cuando París se detuvo, yo ya había llorado llevo días llorando y tú cediendo; yo sin excusa, tú con cientos de concesiones; apuesto a que nunca pensaste que podría ser tan difícil; apuesto a que ahora comprendes a los padres y psiquiatras: tiene tantas ideas que la consumen y, en vez de ignorarlas, se empeña en enarbolarlas hasta enloquecer.
Cuando París se detuvo yo volví a llorar, y sentí vergüenza de mí y de todos nosotros, y me negué a apagar la televisión, a volver a la cama, a volver a hablar; y para qué, después de todo, si no importan las palabras contra la muerte y la ceguera, contra aquellos que se niegan a a ver más allá de la tragedia para arribar a la causa esa que nos salpica y sonroja.
Cuando París se detuvo, yo recordé esta semana en un flashback que me diseccionó en canal: las disputas en casa, repitiendo que existe un mundo levantado sobre nuestra ignorancia; la conferencia de Alberto Garzón que me inspiró y me conmovió porque supe que no estaba sola; aunque militar se parece a estarlo, a sufrir, a cuestionarte todo, hasta tu propio nombre; aunque eso es algo que no te dirán si te decides a abrir los ojos.
Cuando París se detuvo ya se había detenido Gaza, Libia, Somalia, Nigeria, Kurdistán; y tantas naciones antes en esta eterna dialéctica; se habían detenido sin que hiciera, sin que hiciéramos nada más que creer que hacemos algo; cuánta autocomplacencia. Y he intentado redimirme mediante la palabra, convencer a otros escuchad bien, allí edificamos barbarie; pero cómo convencer de algo en lo que también yo soy partícipe, por acción, por omisión. 
Cuando París se detuvo, yo era consciente de mi culpa. Hipócrita o comprensiblemente; ya no sé a qué moral me debo si toda mi tristeza es injusta al nacer en la abundancia. Y aquella conciencia dolía.
Me arrodillé y recé junto a las aguas.

31 octubre 2015

Kalón.


He descubierto que la belleza
habita un lugar insólito.
No es un oasis, tampoco se eleva
distante, graciosa, en islotes de jaspe;
no irradia en la niebla como un faro.

La busqué donde me enseñaron:
la conjunción de virtudes y formas,
el pacto tácito entre color y línea;
y no fue hasta entender el giro
de las estrellas, la lívida Ofelia
sin luchar por salir del agua;
la cierva asaeteada, el jaque de la vida
tras la cruzada, cuando entendí.

Belleza es la ternura
entre las ruinas,
fósforo prendido
en contra del viento:
un desafío al destino del hombre.

♠ ♠ ♠ 
(poema de mi próximo libro publicado en El Coloquio de los Perros)

23 octubre 2015

Escribo desde el cuerpo, para el cuerpo, a causa del cuerpo.

Ana Mendieta
Escribo desde el cuerpo. Yo no sería yo sin el cuerpo. Me observo en el espejo y descubro que es un extraño. Me observo en el espejo y reparo en cada uno de sus poros, de sus cúmulos de grasa. Me observo y comprendo: una vez lo amé, pero ya no. Ya no.
Escribo desde el cuerpo y para el cuerpo. Para saciar su apetito y eludir sus exigencias. Para engañar sus necesidades y sus carencias; para corregirlas. Porque no necesito mirarme y odiarme para entender que la tara me persigue y ha de ser domesticada.
Escribo desde el cuerpo, para el cuerpo, a causa del cuerpo. Porque si fuera bonita, probablemente no habría tenido que ofrecer mis entrañas. Si fuera bonita, probablemente aún tendría el cabello rizado y todo habría sido más sencillo. Aún reiría y jugaría, en lugar de avergonzarme y esconderme en la palabra para hallar la perfección.
Escribo desde el cuerpo, para el cuerpo, a causa del cuerpo, porque vivo y he vivido a su merced.
♠ 
Hoy me pregunto: por qué y hasta cuándo su dominio. Hoy escribo en La Tribu y hablo de Betsabé, de Betty Draper, de Ana Mendieta. De las mártires y las brujas que saltaron el cercado. Del cuerpo de toda mujer, que no es otra cosa que templo, jaula y arma arrojadiza.

18 octubre 2015

(contra el miedo al futuro)

Andrew Wyeth
Tranquila. Respira. El triunfo es 90% trabajo duro, 10% de fortuna. Pero también es cierto que, como Tara, eres hija de granjero: puedes plantar la cosecha y hacer todo el trabajo, pero el clima es el que tendrá la última palabra. Puede que una tormenta perfecta arruine tu siega, pero no temas. Tranquila. Respira. Hay personas que convierten en oro aquello que tocan, mas no debes envidiarlas. Agradece la opción de ser quien modele el barro virgen; quien aprenda de la espalda inclinada, el sudor en la frente, el sacrificio. Agradece no ser uno de ellos, no dar la abundancia por sentada, tener que tentarla a diario. Llegará el día en que el maná rezume de tus labios, y entonces sabrás que la felicidad no es parcial ni caprichosa. Aquello que des, te será dado. Tiempo, empeño, abnegación. La felicidad no es sino el cesto de lo bello que sembraste.

01 octubre 2015

Y al fin, confesé.

Fotografías de Marga Ruiz
Algunos pueblos africanos dicen: nos casamos con aquellos a los que combatimos.
LUCY MAIR

Está en nuestras culturas, amigo. meditó un minuto. Quizá más adentro. Quizá en nuestros huesos.
ZADIE SMITH

Y al fin, confesé. Reuní a todos los que en mi tránsito me acompañan y reconstruí la escena del crimen. Todos los que se sintieron desconcertados, enojados, compasivos ante lo extraño de este pájaro rebelde. Todos los que permanecían al otro lado del muro. Di un paso al frente, conté lo que nunca cuento y sus ojos hablaron: esta noche tú eres nosotros y nosotros somos tú. Y lloré por decir la verdad: os necesité todo este tiempo; y lloraron al saber la verdad: tocaron la herida sin saber que era herida. Y al fin, confesé. Lo hice de la única forma que puedo. Escribo porque cuando intento alzar mi voz, se resquebraja.

06 septiembre 2015

Me acuso.

La chinoise (1967)
todos los libros sin abrir, todos los vestidos nuevos, todos los cigarrillos aplastados, todas las cenas de aniversario, todos los móviles fundidos, todos los platos sin rebañar, todos los poemas desechados, todas las horas de sueño, todos los pianos, todos los jardines, todos los baños espumosos, todas las inspiraciones y espiraciones y todas las palabras y los silencios y los momentos que desgasto y dejo pasar y los objetos que anhelo que nombro que consumo tienen la culpa de
todos los ahogados, todos los hambrientos, todos los nómadas, todos los magnates, todas las putas, todos los obreros, todos los artistas, todos los peones y yo quiero rogar
desnúdenme arrástrenme a la miseria y edúquenme, sáquenme del agua, detengan mis pies mi tarjeta mi mónada, líbrenme de vicios de amor de ambiciones de incontables necesidades, mátenme, acaben conmigo, córtenme las manos la lengua el deseo mas solo
póngame otra dosis de sabiduría indigerible una falda de raso un paquete de slims un poema que nadie leerá nunca una canción triste un puñado de engaños que alivien la quemazón de la culpa

31 agosto 2015

Venir al norte: La costa.

Yo creo que hay países plenos, grandes, fuertes
y países que no valen nada, igual que los seres humanos,
los libros, las casas, los artistas
y la razón es una razón simple: la atávica voluntad
de querer ser o de no querer ser.
Y yo soy voluntad de querer ser, plena y violenta.
Muy violenta.
MANUEL VILAS

He venido al norte a respirar la paciencia del pescador.
Alguien arroja una red a la vida y alberga esperanza: el hallazgo
y la conquista de un ser precioso.
[...]
He venido al norte a entender que estoy hecha de fuego,
ya lo sabía, en realidad: de fuego y sal.
No he aprendido a doblegarme.

26 agosto 2015

Venir al norte: El valle.

 
   
 
Si de nuevo le preguntaran
diría no otra vez. Pero ese no, legítimo,
para toda su vida lo avasalla.
CONSTANTINO CAVAFIS

Yo jugaba con la idea de la muerte: con la idea solamente: yo pertenecía todavía a ese mundo. Hoy es otra cosa. Ya no juego. La muerte está ahí; oculta el cielo celeste.
SIMONE DE BEAUVOIR

Los indígenas de la Amazonia distinguen cien tonos de verde donde tú sólo verías uno; eso me advirtieron; yo aquí descubro verde espera y verde esperanza, no siempre a la vez; a menudo, la espera existe desprovista de toda fe; a menudo, una llamada o su ausencia, una palabra o su eco, se convierten en dueño y mi eje de mi ser; y qué injusto que mi horizonte se reduzca a algo tan nimio, a algo tan fácil de sustituir por una canción o una carta; querido amor mío, quisiera escribirte, he venido al norte a esperar a que digas vuelve, a que digas no te vayas más, a que digas no serás recuerdo. He venido al norte a esperar algo que no llega, algo que permanece en el aire, porque no es necesario, arguyes; yo sé la verdad: nada es dulce en mí, nada es capaz de convencerte de que el mañana aquí será fértil; nada es capaz de bastarte nunca mientras a mí me bastan tus escombros.

28 julio 2015

Julio, invierno.

Los amores imaginarios (2010)
Pero en mis días más invernales ostento
el poder absoluto
de boicotear los colores y prohibir que las flores
existan.
SYLVIA PLATH

De entre todas las clases de degradación que existen en el mundo, la decadencia de la pureza es la más maligna.
YUKIO MISHIMA

Desafío a Camus: en la plenitud del verano al que me condena mi origen, mi cielo y mi latitud, vive en mí un invierno infinito.
Dices: Estoy aquí. No me he ido. No podría. No es tan difícil si encuentras la recompensa adecuada.
(y casi te creo, que conste; casi logro creer que nada de lo que pueda llorar, sangrar, envilecer, te duele).
Desafío al amor: ostento el fuego, ostento la corona áurea, mas soy pasto de las nieves.

13 julio 2015

Fui al jardín cerrado, fui a la fuente escondida y regresé.

Fui al jardín cerrado y mentí acerca de quién soy, pues cómo explicar algo que ni yo acabo de entender; ¿soy cóndor o colibrí?; avisté el porvenir entre gasas, por una vez no hubo miedo, sólo determinación: supe qué quise, cómo lo quise, cuándo lo quise, con quién lo quise; también sé que eché de menos, que gemí porque no estabas y la noche era cálida y su aureola relució y murió y todo en un instante. Fui a la fuente escondida y aprendí que sigo al principio de una senda que se pierde, borrosa, en el horizonte; tuve prisa por crecer, alejarme y ver brotar ya la siembra con orgullo; y aprendí que queda tiempo y tan poca paciencia aquí dentro; y también que es mejor así, que los años acaban pesando, siendo fardo en la memoria; que aquello que es valioso permanece fresco en mis manos, y que mientras lo conserve no habrá un hado que temer.

28 junio 2015

El ciervo, la luna y el hambre.

Antero Topp
¿Es la culpa la emoción más apropiada para tratar de hacer algo? Y si no tratamos, ¿qué hacer, entonces, con ella? ¿O esa pequeña dosis de sufrimiento que la culpa te da ya cumple con su cometido tranquilizador?
MARTÍN CAPARRÓS

Tu símbolo era el ciervo
y el mío la luna
que la lluvia caiga sobre
nuestras fauces
LEOPOLDO M. PANERO

En la oscuridad, el perfil de un pecho irregular. El olor de un sudor reciente. En la oscuridad, la fiebre. La quemazón del beso estival. Un dolor que es grueso lino. Una voz que lo atempera. ¿Sentirán del mismo modo el dolor en África?, te pregunto entre el delirio y un llanto caliente. Antes de dormir y después del amor siempre hay lugar para confesarte que el mundo aún me aterroriza. ¿Nos odiarán por ser felices mientras ellos sufren sin saber que sufren? Pero no, no podrían odiarnos; cómo podrían sin tener idea de adónde va aquello que no tienen y que no han visto nunca 
el alimento, el lujo de vivir sin su búsqueda;
Buscarán respuesta en Allah. La tierra seca. El kalash cargado. Morirán sin saber la verdad.
Que nuestras aves picotean el mijo en sus jaulas doradas, el mismo mijo que allí pospone el final de la agonía. 
~
Te das la vuelta y me contestas: que vivas da sentido al mundo. Pero cómo puedo dar sentido a un mundo de cuya miseria soy culpable. Te hablo de mi culpa, de mi culpa, de mi gran culpa: como carne, estreno ropa, tecleo sobre minerales de sangre; nada puede redimirme, ni una hija de ébano, ni un futuro en las aulas, ni todo el amor que pueda dar. La mancha la limpiaremos juntos, nuestra vida mirará al Bien; eso siento que dices, sin hablar, cuando me abrazas; moriremos habiendo embellecido nuestra pequeña parcela; tu desnudez brillando mortecina bajo la luz de la lámpara; no llores, bésame, eres buena, Annie, tan buena. Pero cada vez que te beso sé que alguien grita pidiendo auxilio, que otro cuchillo se hunde, que una esperanza se está apagando.

07 junio 2015

Acerca de la mariposa.

Bright Star (2009)
Pero no; debo vivir de esperanza y azar.
JOHN KEATS

Hay algo que no te he dicho y que debo escribir y después borrar, pues es dolorosamente imposible: no me ofrezcas realidades, pues la realidad me ha traído hasta aquí y mire donde mire sólo encuentro su traición. Ofréceme, en cambio, un sueño. Ofréceme salvoconducto. Ofréceme lo que sea menos la idea que nos persigue y de la que huyo: incógnita/deterioro/caducidad. Ofréceme un futuro en el que la suerte no tenga sitio y no tengamos que atenernos a más vaivén que el de la intención. Ofréceme un tiempo y un espacio que abracen, no amenacen. Ofréceme un mundo que no me obligue a fingir ser fuerte: no lo soy. La fortaleza es el más hábil de mis engaños: soy las alas de la mariposa. El frágil batir que aspira al terremoto.

17 mayo 2015

Salir de, situarse dónde, llegar a.

Mateja Kovac
Trato de salir de mí misma pero adónde iré si lo consigo. Si aún fuera de Annie sigo empapada de Annie. Nunca seré buena escritora: demasiado ego entre mis palabras. Demasiados gritos de auxilio que deberían ser asteroides -salvas de luz en el universo-. De qué podría escribir sino de todo lo que callo. Cada petición es un poema, cada poema es una petición. De qué podría hablaros si sólo tengo un latido. Me decís que salga y que ría, que estáis ahí, que no os iréis. Que aunque lo hagáis yo sabré seguir.
Yo ya no confío.
-
Quiero que entiendas que no me inquietan la impotencia o el dolor; fui un pequeño bebé azul, aprendí pronto a no poder. No: mi inquietud es esta fragilidad. Esta fragilidad desnuda, expuesta a la vista de todos. Mis pies no caminan y tú has de acudir. Empujar mi silla de ruedas mientras tu risa brota y brota bajo el punzante sol del desierto. El amor nos convierte en un solo ser, dos, uno, yo en ti, tú en mí. 

No sé si por tu mano secreta o el lorazepam bajo la lengua o porque al fin he llorado sin sentirme avergonzada. No sé si por algo que has hecho o algo que simplemente ocurre, pero observa: la ola empieza a menguar. El verano se está acercando

03 mayo 2015

Querida futura hija: no sé dónde estás pero iré a buscarte.

Elinor Carucci
 
Querida futura hija: no sé dónde estás
no sé si tu piel será clara o tenderá a la oliva o los granos del café,
si para encontrarte tendré que cruzar la estepa o el gran lago salado,
si ya eres proyecto o permaneces en el aire como yo
porque mamá no está hecha todavía
mamá nunca ha tenido un sueldo que pueda abarcar tu felicidad
o al menos un billete de avión que te traiga a casa.

Posiblemente aún no has vivido el abandono o la impiedad de la guerra,
la reminiscencia de tus primeros días en el lecho del opio y el cemento, de la tragedia que aún desconozco
pero será espada de tu infancia. Te seré sincera: yo tampoco he vivido
y tengo miedo de todo ello
los procesos, los retrasos, las altas torres de marfil que reclamarán mi firma.
No se lo digas a nadie, pero mamá tendrá que mentir. Afirmar que está lista
afirmar no hay nada en mi cuerpo y mi cerebro que me haga inadecuada.
Perdona a mamá, pues será egoísta.
Mamá será egoísta porque querrá tenerte en sus brazos.

No sé si querrás seguirme pero sé lo que me espera para convencerte:
un apartamento alquilado, una época inquieta en Europa del Este, África, Palestina;
un disfraz que disfrace mi origen, pues temo la venganza de los otros.
Las bombas. Los traficantes. El zumbido de un avión fanático.
Rechazaré su cocaína, sus asaltos, sus amenazas, todos los clichés extranjeros. De su violencia sólo quiero
la sangre derramada: la tuya.
La limpiaré y secaré con la luz ardiente del lugar del que vengo
y que quiero ofrecerte a cambio de hacerte
instrumento de mi coraje
fuente de mi resistencia
semilla de mi vientre nulíparo.

No sé si querrás cambiar tu nombre. Si querrás ser Angélica Ruth Dalila o con valentía
asumirás tu memoria:
si así fuera no me importará aprender tu lengua para pronunciarte
llevarte de vuelta cuando crezcas y tu corazón sepa procesar su pasado
a través del estricto tamiz del tiempo
—patinaremos sobre ríos helados, montaremos en camello, lloraremos al tragar un curry demasiado picante. 
Al revisitar tu origen te permitirás quizá cierta nostalgia
pues nada tendrás que temer entonces: antes de dormir sabrás que mamá
cepillará tu enredado cabello
cantará La feria de Scarborough
compondrá fábulas donde reines.

Querida futura hija: no sé dónde estás pero iré a buscarte.
Querida futura hija: no sé quién serás pero ya te amo.

27 abril 2015

Eso que nunca me atrevo a deciros.

Laura Makabresku
1. Confieso que lo único que me ata al presente es la convicción de que mañana seremos pájaros. 
2. Confieso que cada una de vuestras palabras es un límite y, como límite, me encadena: es algo que deseo sacudirme.
3. Confieso que en realidad intento amaros pero no hay nada en ese amor que vaya a salvarme.
4. (confieso que tampoco haréis nada por intentarlo)
5. Confieso que estoy dispuesta a dejar que el tiempo haga su trabajo y acontezca y confine al olvido sin mirar atrás, sin apenas aristas.
6. Confieso: tal vez entonces no me avergonzará estar sola.
7. Confieso que la lejanía se está acercando a llevarme con ella.
8. Confieso que hoy le sería tan fácil que resulta aterrador.

22 abril 2015

En el principio era el verbo (y la jaula).

Codex Seraphinianus
Ha llegado a ser evidente que nada referente al arte es evidente: ni en él mismo, ni en su relación con la totalidad, ni siquiera en su derecho a la existencia.
Theodor Adorno

Hay que preferir el infierno real al paraíso imaginario.
Simone Weil

En el principio era el verbo. El verbo y la jaula pues el verbo es tramposo; te tienta con la libertad cuando no hay mayor jaula que el lenguaje. En el principio era el verbo y tu primera sílaba te encadenó sin que lo supieras. Tu mente gestó dos emes, dos as, tu voz brotó de la nada y conformó tu primer reclamo: madre. Fue la primera de tantas súplicas. Ahora, por primera vez, adivinas tu esclavitud. Tu sometimiento a un canon incomprensible desde el nacimiento. Negándote a descifrarlo declaras: exijo mi retorno al edén. A la pureza y la desnudez que no engaña ni ruboriza. En tu imaginación, apuesto, ya puedes ver las palmeras ondearse ante la brisa rebelde. Allí no hay cálculo o alfabeto que se interponga en el único nexo necesario: tu mano y la vida. 
Querría declarar que, en cambio, esa es mi única valía: descifrar los mensajes ocultos de la experiencia. Intuir la verdad tras la fina pátina tras la cual nos fue entregada. Aunque esa verdad no me haga libre. Aunque sea imposible escapar a sus condiciones. 
(play)

15 abril 2015

Cada mujer se convierte en bomba de sueños.

O sea: ¿es amor esta roja tela
que fluye de la acerina aguja y vuela tan cegadoramente?
Con ella haré vestiditos y abrigos,
y vestiré a una dinastía entera.
Sylvia Plath

I. Sylvia dibuja a tinta como yo, pero sus trazos son firmes, sin dudas, sin censura, sin correcciones visibles. Son los trazos de alguien sabio. Me regalas los dibujos de Sylvia porque sabes que más allá de esta enfermedad que me domina persiste el instinto de vencerla. ¿Quieres saber de qué se alimenta ese instinto? Déjame confesar: un país privado que otros llaman hogar o futuro. Me observas hojear el libro: en el fondo sabes que esa sonrisa que nace al ver los animales, los barcos y los tejados, es signo de ese instinto que lucha. 

II. Pero yo ya no lucho a ciegas; ahora el monstruo tiene nombre y ya no hay rastro de desencanto. Coré la doncella ha dejado de existir. Existe en cambio esta mujer que se aproxima al cuarto de siglo. Esta mujer que escribe de sangre que bien engendra o bien derrama; de furia y de resistencia. La idea de un segundo poemario que deje atrás a Coré se va gestando en mi cabeza. Mientras tanto, todo lo que brota de mis dedos es un desafío.

III. Un desafío que, presiento, nunca me abandonará. Porque esas mujeres amantes o madres o enfermas o creadoras -como si no fueran sinónimos- son, ante todo, guerreras. Alumbran bebés y páginas impregnadas de tinta, crían hombres y revoluciones. Cada mujer entonces trasciende su propio organismo. Se convierte en bomba de sueños.

07 abril 2015

Nadie sino el animal comprende.

Anticristo (2009)
Yo tenía una libélula en el corazón como otros tienen una patria
a la que adulan con la semilla de los ojos. 
Juan Carlos Mestre

La infamia es esquiva, la ternura es vertebrada; la cicatriz de ambas es visible. Es algo que he aprendido admirando al animal, pues el hombre no recuerda la fragilidad que le concierne. Ha olvidado el sabor de la sangre y la punta de la flecha. Pero el animal conserva su memoria. Entiende su flaqueza, se entrega al sacrificio. Al silbido de la caza. Al apetito paciente de los otros. También yo me adentro en la espesura; en la cadena de un bosque insaciable. En sueños me enredo en su húmedo manto y el bosque me susurra ven aquí y quédate y muere con nosotros pero no es un sueño si al despertar la persecución no termina. Desde mi madriguera, el mundo no es más que una ilusión o un cometido que aplazar hasta el fin de los días. Y nadie sino el animal podría comprender mi aislamiento, sus causas, su condición. Nadie sino aquel perpetuamente amenazado por la vida.

01 abril 2015

Examen de conciencia.

Frederick Cayley Robinson
Debería estudiar pero duermo. Debería escribir y hago el amor. Me dejo desfallecer, sumisa, en mi dominio horizontal. Mi reino delimitado. Mi reino de algodón y muslos. Debería inclinarme, asumir las verdades ajenas como mías sin cuestionamientos. Pero sollozo. Pero peleo. Defiendo mi plaza, pues la elección alternativa no es viable. ¿Cómo podría enmascararme tras una vida antagónica a aquella que estoy persiguiendo? No. De ningún modo.
Por ello no me arrepiento; jamás. De arrepentirme no habría palabras cada día sobre mi lengua. De arrepentirme cómo podría escribir, si escribo justo por haber sido hija, mala hija, terrible hija. Repasemos todas mis faltas. A los seis me ensucié demasiado. A los nueve me pasé de curiosa. A los catorce besé, a los dieciséis me abrí a la luna como un lirio. A los dieciocho dejé de ir a la iglesia. A los veinte me fui de casa. A los veintiuno caí enferma. A los veintitrés... qué imperdonable, a los veintitrés soy toda dulzura soy toda juicio y sin embargo he vuelto a hacerlo: pesada y escarlata es la letra en mi costilla. 
/
Ninguna etapa de mi vida ha escapado 
al desafío,
enarbolándolo desde la infancia
como otros blandían su juguete, pidiendo
atención, desquitándose de la indiferencia,
fiel observadora más allá del cochecito.
Yo exigía lo contrario, la capacidad
de hacerme invisible, de no emitir un mínimo
rumor. Todo para huir
en busca de mi matriz verdadera [...].

25 marzo 2015

El ruiseñor y la rosa.

 
Mi cuerpo rechaza al intruso. Mi sangre rechaza la gravidez. Mi familia rechaza el amor que me envuelve: cree erróneamente que es isla cuando en realidad no es más que regreso, regreso al hogar, giro hacia mí misma. Me pregunto el porqué de su ceguera, esa ceguera que me divide y me desgarra y que es neblina en mi felicidad –límpido ocaso. ¿Por qué nadie más puede ver la ternura con que rasgas el papel de estraza, con que desenvuelves la delicadeza; con la que me grabas al despertar, con la que vigilas mi sueño? Pero yo sí veo, veo cada ínfima parte de ti, las que fueron y las que serán, y también las que crecen al mismo tiempo que mi voz las nutre y las arrulla; yo veo y beso tus rasguños, el hueco de tu pecho, el ruiseñor que algún día hará nido sobre tu antebrazo.
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Estoy enferma pero este lecho sabe dar cabida al mar. Es la única forma de domar las largas horas de llanto y fiebre. Veo Que el cielo la juzgue y pienso: tenías razón, realmente la posesión puede anular todos los dones. Escucho la queja cascada de M. y me pregunto si dentro de un año, dos años, tres años, tú también te arrepentirás. Releo ese cuento de Wilde que tanto nos gusta y me convenzo: nosotros nunca, nosotros somos ese ruiseñor que se inmola, esa rosa cebada en la entrega y la pureza. Y quiero hacértelo jurar en mitad de mi delirio, pero tú no juras y estás tan lejos y yo tan dentro de esta bruma...
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Sé feliz le gritó el ruiseñor, sé feliz; tendrás tu rosa roja. La crearé con notas de música al claro de luna y la teñiré con la sangre de mi propio corazón. Lo único que te pido, en cambio, es que seas un verdadero enamorado, porque el amor es más sabio que la filosofía, aunque ésta sea sabia; más fuerte que el poder, por fuerte que éste lo sea.
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Como tú, quiero teñir mi piel de vivos colores. Pero no habrá un solo pájaro sobre ella: habrá flor y habrá línea pero nunca habrá animal. Demasiado vivo para lo inerte de este cuerpo químicamente herido. Demasiado vivo para esta piel y este cabello y esta vagina que son residuos del gran vertedero de Occidente: acariciarme es palpar el plástico, matar de asfixia a un pez plateado.  
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Estoy enferma porque mi cuerpo y mi sangre y mi familia conspiran en mi contra, y aunque este lecho sepa acoger el azul brillante de aquel día, no hay solución real. Tan sólo: sigue llorandosigue durmiendosigue ingiriendo tu dosis de medicina. Que vendrán momentos mejores. Que si no vienen, los buscarás y arrancarás con uñas y dientes.

17 marzo 2015

Rezo la venida de las flores.

Tina Sosna
En una palabra, todo lo que es, todo lo que está vivo y es creador, lo que está en estado de regeneración continua, se expresa por símbolos vegetales. La primavera es una resurrección de la vida universal y por consiguiente de la vida humana.
Mircea Eliade

Os contaré algo que nadie sabe: cuando se acerca el equinoccio me arrodillo y sostengo el huevo, y el cuchillo, y la plegaria, frente a la fuente del universo y le pido el eterno regreso de todo aquello que está ausente. Que la hija vuelva a la madre, que la semilla retorne al hoyo, que la concordia reconquiste el territorio perdido al mal. Rezo la venida de las flores y os contaré por qué: hubo frágiles margaritas en los fusiles americanos, claveles en los ojales portugueses, rosas blancas en los muros de Auschwitz. No subestiméis el poder de aquello capaz de seducir al espíritu.

09 marzo 2015

In hac lacrimarum valle (varios pensamientos a la orilla de la muerte).

A menudo el sepulcro encierra, sin saberlo, dos corazones en un mismo ataúd.
Alphonse de Lamartine

Lo angustioso de la muerte es su antesala, el laberinto de corredores que precede a la camilla, los ojos tristes que inevitablemente se van cerrando pero me siguen evocando en su oscuridad; lo peor de la muerte es la boca que ya no puede decir mi nombre pero se abre dócilmente para recibir el sustento... Lo angustioso de la muerte es la fortaleza que ostentan todos a mi alrededor, como una rosa en el pecho que los protege del suplicio, mientras yo sólo sé llorar volviendo el rostro hacia otro lado...
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Lo paradójico de la muerte es que engendre iniciativas parecidas a una bella resistencia.
I. El proyecto de Capsula MundiA mi muerte quiero ser árbol, quiero regresar a mi madre tierra -le digo a mi madre, la de hueso y fiereza, mientras comemos- ella se enfada y me dice no es algo que debas consultar conmigo, cómo si mencionar mi muerte fuera una clase de taumaturgia, como si la idea de verme convertida en ramas, savias y madera le resultara insufrible... porque ella sólo sabe creer en la protección de la cruz y la lápida, cuando yo creo en la protección de un ciclo sagrado.
II. El canal de Caitlin Doughty. Conocí a Caitlin gracias a una conversación de buenos amigos que siento cerca, cerquísima, aunque estén demasiado lejos. Confesamos nuestro temor simultáneo al duelo y a la enfermedad, a las llamas y a los gusanos, y Sara me la recomendó. Caitlin es hermosa porque habla de la muerte y todo lo relativo a ella -lo práctico y lo trágico- en un tono que pocos se atreven a emplear: el humor, la franqueza, la naturalidad. Nos invita a dejar de lado los tabús que la sociedad y nuestro propio miedo nos han impuesto sobre lo inevitable. Después de escuchar a Caitlin hablar sobre lo más físico o trivial del ritual funerario, la ligereza es palpable: uno parece más predispuesto a aprehender la idea de perder al otro, o la de estar abocados a desaparecer.
III. La ambulancia de los deseos. Uno de los motivos por los que empecé Historia del Arte fue por la creencia, cada día más férrea, de que el arte puede ser el mayor y más inocuo de los paliativos. Y cosas así sólo me hacen reafirmarme en mi esperanza. Que un enfermo, en alguna parte, se halle de camino a la fosa y su último deseo sea escuchar una sinfonía, o suspirar frente a aquel cuadro, o volver a pisar un lugar memorable, dice más del espíritu humano que toda la filosofía del mundo.
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Lo definitivamente cruel de la muerte es su legado. La soledad a la que condena a los que permanecemos aquí. La abuela besa la frente y las manos y cualquier parte abarcable del abuelo pues no sabe si mañana su piel seguirá caliente. Adónde va el amor cuyo objeto ha desaparecido en la niebla -en el fino velo de lo oculto-. Adónde va el viajero sin compañero, una vez perdido.
Hace, ¿meses?, escribí un poema titulado Edades; y no era un poema sobre la enfermedad -aunque sí lo era- o sobre el dolor -aunque también-, sino un poema sobre el amor que he visto. Un amor que está enfermo y es doloroso, pero que puede plantar en mí una esperanza. Hoy tiene más sentido que nunca.