08 diciembre 2014

Las horas

Anna Wypych
Uno no puede traer hijos a un mundo como este; uno no se puede plantear perpetuar el sufrimiento, ni aumentar la raza de estos lujuriosos animales que no poseen emociones duraderas, sino sólo caprichos y banalidades que ahora te llevan hacia un lado y mañana hacia otro.
Virginia Woolf

Pienso en los agricultores de África Oriental y de la China y del Perú. Pienso en los amores que he abandonado y que vuelven a hipnotizarme al cabo del tiempo. Pienso en los mendigos de la iglesia y los cajeros y los puentes de mi barrio. Pienso en la hija de Teresa, a quien regalo mi ropa usada. Pienso en los sesos de Allende. Pienso en todos los fusilados de todas las dictaduras y... Pienso en que ayer le dije a mi hermana: no puedo ir contigo al cine y ella no protestó, pues sabe que algo terrible me apresa. Algo tan fuerte como una soga. Pienso en Laura y Virginia y Clarissa. Pienso en el litio. Pienso en las horas. Pienso en mi hija, en cómo su piel tendrá otro color distinto al mío. En cómo acudiré a abrazarla bajo el silbido de los misiles. Y después pienso: nunca en mi vida me permitirán tener hijos. Nunca más seré mi dueña. Pienso en todas las tragedias. Las pienso y las lloro y permanezco inmóvil.

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