31 diciembre 2014

2014: De la mentira a la incertidumbre.

Enero
Empecé el año diciendo: no volveré a decir mentiras, pero ya estaba mintiendo. Empecé el año diciendo: no volveré a desear la muerte, no volveré a intentar la muerte, pero ya me estaba ahogando. ¿Cómo vivir en la paradoja? Empecé el año abandonando los exámenes y la cordura. En la consulta del doctor S leí el prospecto más largo que había visto pero nada ya podía asustarme. Entonces no lo sabía. Iba a engordar diez kilos. Iba a destrozarme el riñón. Pero era el precio de vivir. ¿Qué importa un órgano inútil a cambio de dormir por las noches? ¿Que importa una talla más a cambio de ver a mis padres felices? A partir de entonces esta Dorothy iba a seguir el camino de las píldoras amarillas. Leí a Anne Sexton, a Lizzy Wurtzel, y pensé: jamás tendré hijos.
Febrero
Pero lo hermoso de una enfermedad que aniquila la sonrisa es el mágico momento en el que resurge, aunque sea efímero. Cumplo veintidós años en mi restaurante favorito y mi mesa rebosa amor. No hay reproche alguno. Mi esposo me regala la música, mi familia me regala su apoyo y fui feliz durante un día. Porque seguía estando sola, pero a lo lejos ellos me esperaban.
Marzo
Mi mamá me mima, mi mamá me ama, mi mamá me apunta al gimnasio con ella para que salga de la cama; mi mamá se asusta cuando me desmayo en la elíptica; mi mamá llora por la noche porque cree que no la oigo; mi mamá pregunta: ¿qué he hecho mal? ¿por qué mis hijas de todas las hijas? Mi mamá se enfada porque no entiende por qué la ropa me queda estrecha aunque haga días que no como. Mi mamá se enfada porque le suelto a la cara todas mis verdades no sirvo para estudiar no sirvo para escribir no sirvo para complacer. Mi mamá se enfada porque poco a poco dejo de estar deprimida pero empiezo a estar furiosa. Vuelvo a salir. Vuelvo a beber. Vuelvo a perder todas mis apuestas.
Abril
Yo creía en la permanencia de un amor antiguo y paciente, de un amor puro como la música, pero la paciencia se agota, el tiempo enmohece y la canción deja de sonar. La última vez que te veo subes a un tren mientras yo lloro porque no has vuelto a besarme y yo sé por qué: sé que he empeorado y que te has cansado de que sólo escriba de horror, de que los sueños de los que hablaba al conocerte se hayan consumido, aniquilados por mi locura. Andrea viene a visitarme y junto a ella Sara y Lorena en la distancia, y entonces encuentro un pequeño nido en el que piar sin preocuparme del qué dirán, del qué sentir, de contenerme. Un nido sostenido en el aire.
Mayo
Tengo un bellísimo amante que se olvida de llamarme, un amante con el que fumar hierba y hablar entre columnas de humo, de un pasado que nos duele y un futuro que no existe, de países de los que irse y hogares con los que soñamos. Antes de dormirnos siempre le veo hablar con su esposa a hurtadillas, y entonces sé cómo acaba la historia porque ya la he vivido antes; y así es cómo ocurrirá: una feliz pareja construirá su casa desde los cimientos y yo nunca habré existido. Yo estaré aquí, justo donde estoy, un poco más vieja. Intoxicada.
Junio
Pero hay cosas que trascienden más allá de una aventura y es la tragedia de una llamada de teléfono repentina. E., por qué tú. Por qué tú queriendo saltar, por qué tú sin reconocerte. Qué ha sido de nosotras. ¿Recuerdas la emoción de aquel concierto de Love of Lesbian? ¿Recuerdas la juventud que irradiaban nuestras madrugadas? Ahora estás vestida de verde, mirándome como a una extraña. Qué ha sido de nosotras, dime; cuándo permitimos que la enfermedad nos separara. Quiero quedarme contigo a los pies de tu cama y convencerte de que saldremos de ésta. Pero el demonio ya está en tu cabeza y también en la mía, aunque lo domestique. Entonces digo: se acabó. No puedo sostener tantos mundos tanto tiempo sin agotarme. Es hora de reparar el mío. Me reinscribo en la universidad. Compro un billete a Roma. Mi vida, a partir de ahora, será arte y será libre.
 Julio
Y en Roma (re)conozco la belleza. Paseo por sus calles sin mapa y al no perderme pienso: quizá en otra vida fui muro. Quizá en otra vida fui fortaleza. En Roma (re)conozco: amor y desprecio, persona y bestia, comida y hambre, familia y forastero. Escucho la voz de mi historia y la historia de la humanidad. En Roma las mismas gentes que me abrazan por la mañana son aquellas que al caer la noche me hacen sentir insignificante. En Roma aprendo que quien bien te quiere no siempre te hará llorar, al contrario: la mayor parte del tiempo será consuelo. En Roma aprendo a estar en la base pero también en la cumbre, en el Pincio y las catacumbas. Aprendo a pasear sola y pienso: ¿así será siempre?
Agosto
Así será siempre, sí. Yo sola a través del cielo. Sólo que a veces aparecen personas que son estrellas; fugaces o no, resplandecen. Resplandecen cuando tú más necesitas una guía. Y recogen tus pestañas cuando caen y piden por tu alegría. Y te quieren gratuitamente a pesar de tus rachas de silencio, rechazo, distanciamiento. Unas llegan. Y otras se van. Agosto está para despedirse de quien ya no me necesita. Y aunque al principio lloro, no me importa. ¿Será que me he inmunizado contra ciertas despedidas?
Septiembre
Combato la ausencia con viaje y el adiós con esperanza. Voy a Alcalá y a Barcelona. Regreso a la universidad. Pongo punto y final a un libro que habla de mi katábasis. Y ahora, ¿qué?, me pregunto. Ahora a reír. Ahora a estudiar. Ahora toca volver al juego.
Octubre
Os juro que intenté jugar ateniéndome a todas las reglas, y entonces repartí mi amor, hablé por Skype con las personas que extrañaba y me abrí a todas las nuevas que conocía, y me propuse no renegar de lo que me había sucedido; y fui a Madrid, y leí mi poesía porque nací en mil novecientos violeta, y volví a abrazar a mi hermano, pero entonces descubrí que el otro extremo de la balanza también dolía... En mi vida ya no había sábanas, persianas bajadas, o días vacíos, pero ahora había ríos de alcohol, monedas que huían de mis manos como puñados de arena ardiente, sexo allá donde mirara... Sálveme, le dije a la doctora D, pronto voy a estallar, y contestó: eso es imposible... Entonces comprendí que nada en mi vida volvería a ser igual, que todo lo que yo soy oscila entre dos polos, y no hay forma de impedirlo, sólo de engañarlo con alquimia...
Noviembre
... pero hay cosas tan hermosas que no caben en las pócimas. Hablo de M. y  su dulzura al decirme: cuando te conocí supe que ibas a ser mi mejor amiga. Hablo de hombres que quieren amar y van a por ello porque son valientes. Hablo de hombres que sabrían amar pero se han cansado de intentarlo. Hablo de hombres demasiado buenos para este daño que respira. Hablo de cuerdos que me hacen creer que también lo estoy -¿o acaso son locos que todavía no lo saben?-. Hablo de aprender la armonía en los libros y el páthos fuera de ellos. Hablo de besar ataúdes. De un aplauso que me pertenece.
Diciembre
Recta final. La mano de M., durmiendo a mi lado en un autobús que se desliza bajo la lluvia. Esquivar besos y encender pitillos y cerrar heridas -hablo con todos mis caídos y celebro su felicidad-. Llamar amigos a quienes son amigos por derecho y no por casualidad. Empecé el año enumerando mentiras y lo acabo enumerando incertidumbres. ¿Podré? ¿Sabré? ¿Haré? ¿Soportaré todo lo que venga? 

22 diciembre 2014

Inventario de sueños

Salvador Dalí
Anoche soñé que alguien me amaba
sin daño, sin esperanza
sólo fue otra falsa alarma.
The Smiths

Sueño primero. Satanás entra en mi casa siendo invisible y yo tengo miedo y mamá tiene miedo porque creemos, y creer significa hacer hueco a la posibilidad más sombría... Satanás entra en mi casa y nos lleva al infierno y al cruzar la frontera me doy cuenta por primera vez de que no existe, de que el infierno es este mundo; es un bosque pero podría ser también un castillo o el borde del mar; todo depende de la fobia o el terror que albergues dentro...
Sueño segundo. Voy a un festival y tomo speed y tengo un mal viaje pero ahí estás tú, para consolarme y apartarme el pelo y contemplar cómo vomito. Sólo que tú no eres tú, ni siquiera sé quien eres: un rostro sin rostro, una voz sin voz, un nombre sin nombre; una mano recia que emerge de la oscuridad...
Sueño tercero. Todos los hombres que me rodean tienen una función concreta y en este sueño un hombre me escucha y el otro me habla y ambos me besan y la habitación nos traga a los tres mientras anochece y yo sólo pienso en el hombre que falta; un hombre remoto, un hombre aún por descubrir, un hombre que no tendrá función: la acción será su distintivo...

08 diciembre 2014

Las horas

Anna Wypych
Uno no puede traer hijos a un mundo como este; uno no se puede plantear perpetuar el sufrimiento, ni aumentar la raza de estos lujuriosos animales que no poseen emociones duraderas, sino sólo caprichos y banalidades que ahora te llevan hacia un lado y mañana hacia otro.
Virginia Woolf

Pienso en los agricultores de África Oriental y de la China y del Perú. Pienso en los amores que he abandonado y que vuelven a hipnotizarme al cabo del tiempo. Pienso en los mendigos de la iglesia y los cajeros y los puentes de mi barrio. Pienso en la hija de Teresa, a quien regalo mi ropa usada. Pienso en los sesos de Allende. Pienso en todos los fusilados de todas las dictaduras y... Pienso en que ayer le dije a mi hermana: no puedo ir contigo al cine y ella no protestó, pues sabe que algo terrible me apresa. Algo tan fuerte como una soga. Pienso en Laura y Virginia y Clarissa. Pienso en el litio. Pienso en las horas. Pienso en mi hija, en cómo su piel tendrá otro color distinto al mío. En cómo acudiré a abrazarla bajo el silbido de los misiles. Y después pienso: nunca en mi vida me permitirán tener hijos. Nunca más seré mi dueña. Pienso en todas las tragedias. Las pienso y las lloro y permanezco inmóvil.

02 diciembre 2014

Fuimos al encuentro de la lluvia pero huimos de su caricia.

  
Los corazones humanos no se unen sólo mediante la armonía. Se unen, más bien, herida con herida. Dolor con dolor. Fragilidad con fragilidad.
Haruki Murakami

Toda bella travesía comienza con un largo insomnio, recuérdalo, Annie, mientras recorras tu ciudad natal con rumbo a este viaje, tu ciudad natal con su mutismo de madrugada y su asfalto húmedo y tu padre alarmado porque llegas tarde al autobús, pero eso es siempre, papá querido, para mí no existe el reloj cuando se trata de llegar a tiempo: al viaje a clase a una fiesta a la vida. Toda travesía comienza con la fatiga de la noche anterior, del baile loco, del susurro al oído, del sopor acre y familiar; y continúa carretera al norte, con el regusto del alcohol en la boca, y una vaga emoción el estómago, y la cercanía de tanta vida y juventud hermosa a mi alrededor. Tarragona: el viento nos reclama / nos exige una altura que no es nuestraFinjo que encuentro belleza en las ruinas pero en el fondo sé que es mentira, pues yo soy piedra, soy polvo, ¡no!, definitivamente escombro; y no puedo ofrecer belleza. Finjo que encuentro fuerza en el frío pero lo único que encuentro es un secreto deseo de calor -un calor concreto y localizado-. M. cae al pasar las doce y yo sobrevivo a pesar del sueño que se acumula; bebo cerveza directamente de la botella y hablo sin pausas, ¡cuerpo, placer!; veo estrellas rojas que abrasan dos ojos que me penetran ingenuamente pero ahí abajo nada responde; ¡buenas noches, estimados demonios! 
Qué irónico, Santes Creus: nos agolpamos bajo tu techo sin más pretexto que eludir el llanto que desborda el cielo, no para admirar -o intentar admirar- tu perfecta solidez. Porque vemos vacío y no paz en tus salas infinitas. Qué irónico: subimos al bus conociendo el pronóstico del tiempo y aquí estamos, asustados, escondidos, sí; fuimos al encuentro de la lluvia pero huimos de su caricia.
Barcelona; el Museo Egipcio sólo alberga muerte. ¿Alguien se da cuenta de ello? Sólo un cristal separa el sueño sagrado de nuestras manos, sucias, profanas, sacrílegamente vivas. Barcelona; todos mis chistes sólo albergan un dolor, tan voluble e impreciso como concreta y localizada es su cura -el calor, otra vez el calor, y siempre el calor... dormir para siempre; caminar feliz, tranquila, hacia la cúspide...-. Toda travesía termina en Barcelona, ¿recuerdas, Annie?; el viaje de Coré, el final de la etapa, el final del libro, ¿por qué no hoy?, ¿por qué no al fin?; tienes la sangre, tienes el filo, pero eres cobarde...
Triste y salada recuérdate, Annie, dejando Valencia tras de ti. Ya no será más la ciudad de aquella tarde de abril sino la de esta última mañana de noviembre en la que descubres que no estás sola, al menos no mientras estén cerca y te vean llorar como has llorado; el ángel alegre, el seré tu amigo pronunciado con firmeza, o aquel que gira la cabeza para no verte llorar. Porque alguien adivina o incluso conoce aquello que odias ser con toda tu alma: triste y salada; salado tu pelo, tus pestañas, salada tu boca de pez y hiel; salada y despierta como una condena mientras todos duermen. Sécate, llénate de ternura una vez más, y regresa a casa.