28 septiembre 2014

El funcionamiento a la inversa de las cosas

En este momento la locura aparece no tanto como una perturbación del juicio cuanto como una alteración en la manera de actuar, de querer, de sentir las pasiones, de adoptar decisiones y de ser libre, en suma, ya no se inscribe tanto en el eje verdad-error-conciencia cuanto en el eje pasión-voluntad-libertad.
Michel Foucault

Mi corazón, este corazón, única cosa que me enorgullece, única fuente de fuerza, de felicidad y de infortunio.
J. W. Goethe

Comprenderás qué significa «luz» cuando ya haya anochecido. Cuando su ausencia te enseñe sus gamas, su alcance, su trascendencia. Comprenderás qué significa «alimento» cuando nada pueda saciarte. Comprenderás que es ser amada cuando no te amen suficiente.
Y por esta misma norma masoquista, por esta misma paradoja cruel, también comprenderás la pasión cuando nadie te acaricie, el esfuerzo cuando fracases, la familia cuando te vayas; comprenderás la amistad en la soledad, la salud en la enfermedad, la alegría en la profunda desdicha; comprenderás la vida sólo a punto de abandonarla. ¿Y la cordura? Cuando estés loca. Pero qué es la locura, insisto. A Foucault. Al conejo blanco. Parece que hasta ambos respondan más allá del espejo y la tumba. La locura consiste, Annie, en cuando despiertas y no sabes a ciencia cierta si lo que ves es producto de tu sueño. Comprenderás la cordura entonces.
(play)

21 septiembre 2014

Edades

Valerio Carrubia
Me crié en la vejez,
identifico
unos dientes sin dueño 
como infancia,
el alcanfor custodiando el ropero
el carmesí sellando mi mejilla. 
Me crié en la aceptación del tiempo
y la profundidad de su pisada
convencida de que las arrugas
son dunas, gajes inherentes
a la erosión de una vida plena
merecedoras de nombre e incluso playas
escindidas en mares gemelos:
Humanidad y Asco,
Saul Leiter
uniendo sus manos
juntando su espuma en caudal común.

Memoriza:
cada ponzoña
tiene su antídoto,
Seguril, insulina.
Cada hospital es, por su tránsito
o limpio adiós,
estación o aeropuerto.

No silencies la ternura
cuando repitas
de quién eres hijo,
qué es lo que estudias
cuál es tu sino
pues la demencia acecha a quienes amas
tanto o más que la sepultura.

Interioriza:
todo albor
se repliega al paso de los lustros
–exiliado en las fotografías–;
todo esqueleto se quebranta,
Frederick Sommer
todo alfabeto languidece.
Sólo sabrás que es la juventud
cuando en la distancia comience a boquear
y asomar la nuca entre sus despojos.

Me crié en la verdad
por eso, a ti
no te digo:
te amaré hasta mi muerte
–omitiendo los interludios–,
te digo mejor:
te amaré incluso
cuando tus piernas pierdan su fuelle
cuando se desfigure tu rostro
y tu juicio altere mi nombre.

Te amaré tanto
que seré yo
quien pose la cuchara en tus labios
y en la escasez
encuentre alimento.


(poema seleccionado para Anónimos 2.2)

14 septiembre 2014

Barcelona: fin del viaje

El viaje de Koré ha llegado a su fin. El viaje de Koré es un libro, mi primer libro. ¿Quién iba a decir que mi primer libro sería de poemas, yo que renegaba de la poesía, yo que sólo quería, -que sólo quiero- ser alguien que cuente historias, que sepa ver mucho más allá de sí misma? ¿Lo seré alguna vez? ¿Podré renunciar al egoísmo? La novela a medio escribir que guardo en el cajón tiene mil motivos para contestar que es imposible. Que no puedo renunciar ya a esta tendencia que he adquirido en estos años: recluirme y regresar a la entraña, a mi propia entraña, y nunca salir.
Pero El viaje de Koré no es sólo un libro, es una etapa. Una etapa que este verano ha acabado de cicatrizar. Una etapa que empezó en Madrid. En la que aprendí a amar a mi familia, a temer mi mente y a habituarme al aislamiento. A reconocer la ignorancia y la fragilidad que me componen. A ver la vida desde un ángulo que nunca pensé en considerar.
Fue un hombre al que amé quien me comparó con una diosa griega, quien me dijo: Tú eres Koré, la joven que descendió al inframundo y se convirtió en Perséfone, la diosa sabia, la diosa temida y por fin mujer. No creo ser sabia, ni mucho menos temida. Apenas empiezo a avistar rasgos de mujer adulta en mi interior. Pero incluso después del infierno, no renuncio a la ingenuidad y la alegría de la doncella, pues es lo que me ha salvado. 
Yo soy Koré y mi viaje entre los fantasmas termina en mar.

02 septiembre 2014

«Conocer» es «quedarse» en nuestro idioma

Me miré en tus ojos
pensando en tu alma.
F. G. Lorca

He conocido la nobleza y la calidez de la altiplanicie y en sus mesuradas alturas he empezado a aceptar quien soy.
Me quedo porque admiro tu manera de admirar.
Has conocido todo aquello que debería alejarte de mi pecho: el corazón polvoriento de mis medicinas, la lentitud de mis digestiones, mi llanto convulso en mitad del sueño -siendo tus besos su único freno-.
Te quedas porque entiendes mi miedo a descarrilar.