30 junio 2014

Me estoy enseñando a ser fuerte: marcharse en siete pasos

Brooke Shaden
Desdeñosa, semejante a los dioses, yo seguiré luchando por mi suerte.
Lhasa de Sela 
I
Yo era una fortaleza invicta, yo era un zigurat sagrado, hasta que alguien se atrevió a escalarme. A implantar en mi cumbre la semilla de una idea. El germen de una bella hipótesis. Y así renació la creencia en todo lo que había aniquilado. Y así la creencia creció, se multiplicó, se adueñó de mi sino. Ya nunca volví a estar totalmente a salvo del dolor.

II
Pero el arte-espejo es un buen alivio. Veo Like crazy y reconozco cada emoción transoceánica, cada empolvada omisión. Veo Her y reconozco la impotencia de la hormiga. Leo Purga y olfateo una violencia habitual -las piernas abiertas, el sueño tiernamente destruido-. Suplico por alguien que venga y me purifique, que envuelva mi cuerpo entre leves hojas de sauce blanco, entre delgadas agujas de abeto a pesar del verano incipiente. Alguien que venga y me preserve del abrazo del infierno. 

III
Me voy a Roma. Finalmente. Todos aplauden mi decisión. Aquí sólo me queda el pánico. Todos repiten: ¿a qué esperas? La vida te está sucediendo y apenas eres consciente. Así que renuevo el pasaporte, vacío cajones y lleno maletas; hojeo mi guía de viaje y me estremezco ante la gloria. Aquí sólo mi madre duda. No deseo perder a mi hija. No te olvides de volver. Y yo contesto: mamá, eres lo único que me quedará cuando todos fallen, cuando todos caigan sin tregua como fichas de ajedrez. Me estoy enseñando a ser fuerte, ¿pero acaso es suficiente? Qué haré, mamá, cuando seas etérea y no corpórea.

IV
Hay ausencias para las que nada en el mundo puede prepararnos, y desgraciadamente son aquellas que nos persiguen.

V
Y después de haber besado hasta quedarme sin saliva y haber rozado el séptimo cielo para luego descender, he venido a alertar a los hombres y rogarles que no hablen de amor. Ni en recuerdo ni en conjetura. Porque hablar del amor conlleva un peligro alegremente ignorado. Un peligro que trae secuelas.
Hablar del amor lo inventa.
Hablar de muros los derrumba.

VI
Y en el último banquete, frente a los platos de la tierra, pido un último favor: digan de mí cuatro virtudes que cargar en mi equipaje, cuatro faros que despierten si el mal vuelve a sumirme en la bruma.
Papá dice: la sonrisa.
Mamá dice: la inocencia.
Hermi dice: la palabra.  

VII
Pero cuánta ceguera irradian sus miradas.
La vileza también existe en mi pequeño corazón transparente.
(play)

23 junio 2014

Eternidad o instante

Caro diario (1993)
Quizá caigan los muros del Coliseo
y mi cuerpo trascienda los eones;
quizá la inversión no sea menos frágil
que la apuesta más temeraria.
¿Cuál es la realidad del instante?
¿Cuál aquella de la eternidad?

Me han ofrecido Roma en bandeja, me han ofrecido un verano imperial y aquí estoy, haciendo listas, haciendo maletas, fraguando esfuerzos. y me repito que podré, que llevo la fuerza bajo la axila, que no estaré sola esta vez; y me repito que en septiembre volveré a ser dorada, alguien capaz de pisar sobre Egipto y Mesopotamia. Porque Roma no es sólo Roma sino mi cuna y mi destino. Porque Roma no es sólo Roma sino mi extraño reverso -la pared desconchada, el mármol incólume contra las eras-. Porque pertenezco a la grieta y no al cimiento. Al recuerdo en vez de al porvenir. En ella habito y en ella sufro. Y sólo en ella sabré morir. 
(play)

15 junio 2014

Blue is the warmest color

Y quién iba a decirlo pues el negro era mi color -el duelo, la hechicería; la seguridad de un tono uniforme y cerrado a las interpretaciones-. Pero la herida que ostento es azul. Azul océano universal, el mismo allá donde me dirija. Azul nomeolvides, azul unción. Azul los ojos de la trampa.
Azul la costa que araño como si acaso me perteneciera. 

08 junio 2014

Estamos malditas

Alexandra Levasseur
Papel higiénico, pañales, coladas, comilonas. Es el sagrado círculo del hombre y nuestra misión consiste no sólo en descubrirlo, captarlo y delimitarlo, sino convertirlo en algo bello, transformarlo en cántico.
Milan Kundera

1. Crimen y castigo, acción-reacción. Por eso se enciende mi pelvis en mitad de la noche. Por eso abrasa la orina y mi piel se estira, dando paso al exceso de grasa. No es la fiebre la menstruación la comida. Son mis manchas, son mis pecados y sus respectivas penitencias. A cada una su color. Naproxeno naranja-fluoxetina amarilla-verde risperidona- y ahora el arándano. Arándano rojo: su interior alberga las zarzas y el alivio. Mis desayunos son un arco iris.
2. Sueño con mi propio exorcismo. Me sueño hercúlea, de risa argentina, pidiendo mi muerte en lenguas arcaicas. Me sueño salvaje como no soy o quizá soy tras mi cabello. Porque puede que en Salem tuvieran razón y este monstruo que me habite sea intruso. Sara nos cuenta la historia de la muñeca Anabelle y yo me pregunto: ¿acaso es mi nombre el que porta el signo del diablo? De mi sueño nace un poema. Si entro a una iglesia / ¿arderé? / Si rezo de nuevo / ¿cómo sabré / que el dios al que llamo / es el correcto?.
3. Mi hermana lo dice, mi prima lo dice: estamos solas y malditas. Nuestra madres serán las últimas modeladas en el amor. Nuestras madres con sus calvarios y sus inquebrantables lealtades; con sus manos ásperas y sus coños destrozados en los partos. Y nosotras tan opuestas, tan vanas en nuestros anhelos. Nosotras con hijos que no alumbraremos y que arrancaremos de otras cunas. Nosotras con trabajos tardíos y esos hombres abandonados. Nosotras con la libertad que ansiábamos y que ahora no sabemos domar: cuánta soledad y cuánto desengaño, mas qué imposible es sentarse a mirar y acatar sin más las condiciones.
4. Y vuelvo hoy a la infancia: a la casa desierta, el cuarto de costura y los inmensos patrones de papel marrón; la escalera inmersa en las tinieblas; la gitana que nos maldijo. Aún recuerdo su rabia y su puño alzado pidiendo justicia. Y cómo temblábamos -¿terror o risa?-. Qué poco sabíamos entonces de aquello que nos esperaba.
5. He decidido tatuarme el medio corazón que me queda.

01 junio 2014

Australia

Picnic en Hanging Rock (1975)
Anoche dormí en Australia
reinventé la pereza en mis párpados
y la indiferencia de mis piernas lentas
y un vientre cada vez más amplio
-obra del hambre o la maduración-.
Anoche hallé una luz en mis paredes
me tendí a su vera, quise mostrar
con ella mi más bella perspectiva
sumiendo el resto en la oscuridad
fuera del alcance de otros ojos.

Anoche fue Australia
simultáneamente
desierto y coral
helada e incendio
fue amor y a la vez el odio
a los hijos prófugos que me reclaman
todavía
desde el averno.
Anoche fue el puente
entre yo y yo
el yo que espera y el yo que camina
anoche fue el sexo
dulce y rabioso,
bañado e inmune
a los escenarios
al universo que enmarca
el fin de esta entrega
y el inminente
inicio
de la siguiente.

Así evoco el porvenir
un adiós continuo, lacerante,
a pesar del patrón repetido
en cada escisión:
brevísimo beso
augurio enunciado con pasión,
después, como un rayo, la nada

arena vieja

descastada
antaño roca,
que quebró
ante el ciclo tenaz de las estaciones.