27 abril 2014

Spring break hacia la rage y la locura

Quizá me he confundido de pasado
de presente tal vez, y de futuro.
Quizá ya sólo sea lo soñado
Andrés Trapiello
Andrea llega con las vacaciones de primavera y lo hace vestida de luto y yo pienso: ¿cómo es posible? Las flores sobre fondo negro no son flores; quítate la ropa, viste el blanco y sígueme. Te llenaré el vaso de milagros con los que redimir tu sed y te enseñaré una ciudad que es mi vida en fotogramas: en esta esquina besé / en este banco lloré / este puente sostuvo en peso todas mis cargas. Admiramos los cisnes de lejos. Esquivamos las procesiones. Redescubrimos la tierra en el paladar y probamos, ansiosas, la carne del asesinato, los frutos de la sequía, la grasa de los crujientes escudos. Nuestros vientres se dilatan y también nuestras pupilas. Qué hermosa la noche cuando están llenos los estómagos. Los camareros son más alegres, las calles más acogedoras. Con todo, todavía vemos la mancha en el mantel y la llamamos rage. Rage junto a Sara y Lorena. Rage es sabiduría. Y también algo de rabia. Rabia hacia el gato loco. Rabia hacia las nymphets y los falsos poetas. Dejad de pedir que os salven y llamad a los mormones; y nuestras risas mudas se estrellan contra la almohada. 

II
Andrea llega al mismo tiempo que el desencanto, y yo me propongo tumbarlo de una sola patada. Así que me encamino hacia la emoción y lo hago sin remover las cenizas, en dirección opuesta al abrazo y a todo lo conocido. Sábado noche implica beber más de lo que me permiten. Beber la absenta y los antros, y yo con esta falda. Y yo con estos amigos -ahora sí los llamo amigos, pues he podido asomarme un poco a sus corazones-. Todos son y somos caníbales. Todos son y somos mentirosos. Pero esta noche nadie besa.

III
Andrea se va y me deja la rabia, Andrea se va y comienza a llover. Yo arrullo a mis abuelos porque ya no queda tiempo. Alguno intuye mi hastío y me cuela un billete en la mano. La felicidad no se compra, sentencia, pero sí una imitación material. Cuéntame, abuela, cómo se hace para ser feliz en la pobreza, la dolencia y la adversidad. Cuéntame, abuela, hazme sabia. Andrea se va y ahora la habitación es más amplia. ¿Cómo voy a saber encubrir la soledad? 

IV
Encubro la soledad con la audacia más fulminante. Sólo tardo unas horas en averiguar cómo. La audacia es un número en una servilleta. Es la búsqueda del pálpito y la vuelta del redoble. Soy audaz porque socavo mi herida por los que amo. Soy audaz porque utilizo el singular, aun siéndome ajeno. Soy audaz porque me completo y me hago dueña de mí misma, lo que incluye todos mis errores. Ya no volveré a rehuirlos.

V
32ºC. Mediodía. Pruebo el whisky por primera vez. Algo empieza a arder en mi garganta, ¿o es sobre nuestras cabezas? Sol. Demasiado sol. También el ruido es excesivo. Mañana no podré hablar. No podré hacer más que sonreír mientras rememoro con asombro. Sudo bajo mi traje. Enaguas, medias, manto, corona. Vacío, en cambio, mi interior. Hoy Murcia es un mar de claveles y de vívidos colores. Un colosal arco iris. Un ejército inmóvil. Sólo sabemos estar parados. Permanecer quietos en el mismo punto, mientras las drogas cumplen su misión. Mañana estaremos quemados. ¿Qué más da, si hoy el sol es caricia? Abrazo, me deshago en elogios. Mi vida se torna azul.

VI 
Hay un trozo de cielo al que aferrarme tras la ventana; nunca había visto estrellas tan al centro de esta ciudad. Hay un plato vacío y un peta alumbrando mi confesión: es complicado, contesto una y otra vez. Un idioma extraño y querido nace de mí como el aliento. Esto es lo que me queda. Un final de sendero llano.

VII
No me gustan los médicos que no miran a los ojos y no entienden que he sentido lo suficiente para plantarme. Quizá tengan razón y el mal esté remitiendo. Quizá esta inercia sea lo máximo a lo que aspirar; un relieve plano, sin fosas ni cumbres, una abulia tenaz y abarrotada. Y aun así me entrego al mundo. Decido aprender a despedirme. Aprender -esta vez sí- la textura de los ciervos que esbozamos en las cuevas; la magia de la filigrana, la permanencia de la roca. Nunca más mi futuro se erigirá sobre arena, tan frágil y expuesto a su demolición.

23 abril 2014

Los libros, sus amantes y las mujeres libres

23 de abril, Día del Libro. No recuerdo cuándo el libro empezó a ser sinónimo de redención, pero si sé cuando empezó a ser sinónimo de Granite&Rainbow. Fue hace ya tiempo, cuando escribí a su directora, una chica llamada Ainize, y le dije: ¡déjame escribir para ti! La convencí con una reseña de Estupor y temblores, y desde entonces he sido una parte de esa familia entrañable, de ese proyecto que ha ido creciendo número a número. Siempre me retraso con los artículos y no siempre quedan bien... pero es un orgullo poder decir que escribo para una revista tan llena de cariño; donde ser, simplemente, una lectora sin más pretensión que la de contagiar su amor por el libro.
Dedicamos el número 27 de Granite&Rainbow a las escritoras, en femenino, por absurda que parezca ladistinción. Yo escribo a Simone de Beauvoir. Gracias a ella hoy sé un poco mejor qué significa ser libre, como mujer y como persona. Clic aquí para leernos.
*
Un número como éste no debería existir. No debería haber nadie que decida que el 2014 es el año de leer a las mujeres. Dudo que haya nunca un año que alguien designe como el año en el que hay que leer a los hombres. Tampoco se debería hablar de literatura femenina o literatura masculina. Las etiquetas causan estragos. Son injustas. Limitan. Y la literatura es de todo menos límite. La literatura es de todo menos cárcel.

17 abril 2014

Me aferro a este vientre

Conrad Roset

Señor ministro
me aferro a este vientre
como otros se aferran al último clavo
me aferro a este vientre porque es mío.


Adivine cuánto he tardado
en escuchar la llamada de Ishtar:
siendo niña predije el hematoma
antes del impacto;
siendo púber
predije el rocío
antes de palparlo
sobre mi sexo; siendo mujer
detecto el rubor precedente
a la caricia embrionaria,
y en mis areolas veo erizarse
la temida efigie del tumor.

Sin duda Dios me cavó por dentro
me hizo taller de seres humanos.
Me sé dotada del don de alumbrar
la abundancia en mis muslos maleables;
y de limpiar de flujo la endeblez neonata
aunque irreversible
sea ya
su impureza.

No me crea, señor ministro, inmune
a las medallas de la sangre
pues la pechera de mi madre irradia
su metálica dicha, y me convence,
¡sí!,
del largo mandato
de una matriz sobre su linaje.

No es mía la ignorancia de la piel tensa
sobre el tambor curvo de la vida,
quizá sea suya
esa ceguera
que lo conduce;
la de una raza
que desconoce, por completo, el norte
de la creación
y la crianza.

Por eso yo, que soy
ante todo
mi propia habitante
 sé más que nadie
traducir el ruego de mis hondonadas:
Denme muerte. Nunca pedí
aterrizar forzoso en esta pista.

09 abril 2014

Cerca del corazón salvaje

Emmanuel Rosario
¿La mejor cualidad del arte? El arte nunca es decreciente. No bastan los libros que lees. No basta el cine que ves. No bastan las fotografías que haces para contar lo que que vives. La lista de hombres y mujeres que venerar va en aumento, y no hay nada que puedas hacer para impedirlo. Y eso es bueno. La nueva estrella de mi walk of fame particular se llama Clarice Lispector. Dicen de ella que escribe como el alquimista en su mazmorra: en eterno experimento. Cerca del corazón salvaje reúne todas mis cruces y todas mis soledades: la reconstrucción de una infancia, la elegía a una juventud, la limitación de un lenguaje, la transmutación de una certeza.
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¿Cuántas vidas gastó el gato antes de morir por curioso?
*
No necesito una guadaña sobre mi cabeza para ansiar la vida. No necesito argollas para ansiar la libertad. Mi juventud no tiene rostros y tampoco amaneceres.
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La felicidad es sensación y la palabra, su asesina.

03 abril 2014

Diario de ausencia II: La sed

Porque nací para ser la otra. La que pertenecía a todos y a nadie, la que no tenía nada y quería todo, quemándose en cada experiencia, y con una obsesión por la libertad que me aterrorizaba hasta el punto de no poder mencionarla. Me empujaba hacia un estado errante de locura que me deslumbraba y mareaba a la vez. 
Lana del Rey

Hay una sed que nunca se marcha. Hay una duda que persiste. Hay una pesadilla que asusta por su proximidad. ¿Qué será de nosotros el día que dejemos de mentirnos? ¿Qué será de nosotros el día que empecemos a abrazarnos? Hay una historia bajo tierra y la rescataré con mis propias manos, con mis propias uñas la abriré. Esta vez es sólo mía. Esta vez no hay red de seguridad que me sostenga. Me repito: lo que está muerto puede resucitar. Y así me encamino hacia el futuro, con el corazón bien abierto.