02 marzo 2014

Y el Oscar a la mejor culpa es para...

Daisies (1966)
Échale la culpa a Eva, pues suyo fue el primer bocado. Échale la culpa a las flores, engañosos señuelos de virtud. Al vino y a la leche que de las comisuras fluye hacia nuestro pecho. Échale la culpa a los pasteles, pues estoy hambrienta desde hace años. Me arrojo a todo lo susceptible de ser lamido y masticado, pero mi cuerpo no absorbe el nutriente; tan sólo multiplica su masa. Soy un monolito inmenso. Un monolito pesado sin aparato digestivo pero capaz de encerrar el sabor. Échale la culpa al beso. Al beso del dementor, se entiende; los dementores son la Enfermedad, ¿a que no lo sabíais aún?, la Enfermedad con capucha, sabiamente retratada y metafórica; La Enfermedad y su boca viscosa, acercándose, succionándome el alma... Estoy obsesionada, me repito a cada instante. He vuelto a obsesionarme con la magia y con las tijeras que todo lo cortan: mi pureza, las cabezas de las chicas corruptas. Todo salvo el hilo rojo que nos rodea y nos une. Todo salvo el escarlata del vestido de Anna Karina. Todo salvo mi inacción. Échale la culpa al cine.

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