08 marzo 2014

La amenaza


Naiara F.  (web) es una ilustradora en
ciernes que anda a la caza de escritores
con los que hacer colaboraciones. Hace un
par de meses me propuso tomar parte en
su proyecto, y éste ha sido el resultado. 







En la escuela me enseñaron
a diferenciar plaquetas
de glóbulos blancos
y aunque no los haya visto
desteñirse en mis dedos, como el óleo,
sé cuándo alguien está más muerto
que vivo
por su carencia.
Lo adivino en los rostros de papiro
lo adivino en los labios sin resuello
en los murmullos que se extienden
cuando me creen ausente o dormida
–pues una ley moral ordena
apartar la juventud del cáncer
vendar de alivio su fresca mirada
embalsamar de cera sus oídos–.
Pero ya es demasiado tarde.

La primera imagen que conservo de mi padre
es su hombro resintiéndose
bajo el lastre de un ataúd.
El primer aroma de mi olfato
el amoniaco de un suelo clínico; el primer ritmo
el del oxígeno
en el gotero:
grulla cautiva.

Mi primer deseo de adulta
fue arrancarme los pechos
sesgarlos, cortarlos con cuchillas,
salir de mí, abrirme en dos, explorarme,
extirpar cualquier bulto que altere
la más recóndita armonía
de mis órganos necesarios.

Pero a solas vuelve una larga silueta
delgada y veloz gira, como un vórtice,
cubre de sombra mi cuerpo tendido
y hace un duelo de mis mejores años.
Entre la noche se me aparece
la mujer calva, agitando la mano
que me dio tantos billetes de diez
y expiró ensartada por la aguja;
su voz exánime llega desde el Tártaro:
tú serás la próxima, tú serás.


3 comentarios :

  1. me has transmitido ese desespero y ese miedo a la enfermedad. qué pavor el fragmento final.

    (saludos)

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    1. Me alegra que te haya gustado :) La enfermedad siempre es algo que temer, en mi opinión.

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  2. Tremendo. Ese último verso te señala irremediablemente, el resto es solo la antesala, el aperitivo antes del golpe final.

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