30 marzo 2014

Diario de ausencia I: La muerte de un sueño

Y el amor, cualquiera que haya sido, una infección.
Anne Sexton

1. Confieso que he creído y lo confieso en la oscuridad. Siempre ocurre del mismo modo: un albor, un suelo frío, un regazo que siempre acoge el amor pasado y desechado. Si es que se puede llamar amor a un momento interminable, a una risa, a una palabra dicha al unísono. Siempre ocurre. Cuando me despeino, cuando me descuido, cuando me despido: mi lengua es libre.
2. La cerveza, las estrellas, el dolor, son ineludibles.
3. Mirar los labios que susurran. Mirar las manos silenciosas. Mirar la culpa en las rodillas. Mirar a cualquier lugar menos al verde centelleante. 
4. Cuéntame la entelequia de aquella mañana en el lago, de aquella cabaña que sólo existe en nuestra mentira. En este mundo magullado y predispuesto al desastre, nuestra única esperanza reside en la sencillez.
5. Un sueño muere en su cénit. Allá donde no se cumple, es eterno.

15 marzo 2014

Por ahora soy invierno

J. W. Waterhouse
Eras la primavera, ¿recuerdas? ¿Cuántas veces lo repetimos como una oración sobre la hierba, gozosos, haciendo las tardes perennes bajo su influjo? ¿Cuántas veces logramos girar el ciclo de las estaciones, eternizar lo perecedero en la plenitud del domingo? Obraste todos los milagros. Me devolviste a mi madre Démeter. Me devolviste el amor de los míos. Crecieron sobre mi pecho el maíz, el olivo, el centeno; cada semilla que en él posabas. Y fui Rut, humilde heroína, recogiendo las gavillas sobrantes, recibiendo el fruto de mi siembra. Y te seguí porque decías haberme buscado siempre y siempre es todo lo que esperé -el siseo del viento entre mis piernas, la firmeza del sol sobre mi rostro: la afirmación rotunda-. Eras la primavera, ¿y después? Sucumbimos al solsticio. Por ahora soy invierno. ¿Vendrás de nuevo? ¿Limpiarás mi sal?

08 marzo 2014

La amenaza


Naiara F.  (web) es una ilustradora en
ciernes que anda a la caza de escritores
con los que hacer colaboraciones. Hace un
par de meses me propuso tomar parte en
su proyecto, y éste ha sido el resultado. 







En la escuela me enseñaron
a diferenciar plaquetas
de glóbulos blancos
y aunque no los haya visto
desteñirse en mis dedos, como el óleo,
sé cuándo alguien está más muerto
que vivo
por su carencia.
Lo adivino en los rostros de papiro
lo adivino en los labios sin resuello
en los murmullos que se extienden
cuando me creen ausente o dormida
–pues una ley moral ordena
apartar la juventud del cáncer
vendar de alivio su fresca mirada
embalsamar de cera sus oídos–.
Pero ya es demasiado tarde.

La primera imagen que conservo de mi padre
es su hombro resintiéndose
bajo el lastre de un ataúd.
El primer aroma de mi olfato
el amoniaco de un suelo clínico; el primer ritmo
el del oxígeno
en el gotero:
grulla cautiva.

Mi primer deseo de adulta
fue arrancarme los pechos
sesgarlos, cortarlos con cuchillas,
salir de mí, abrirme en dos, explorarme,
extirpar cualquier bulto que altere
la más recóndita armonía
de mis órganos necesarios.

Pero a solas vuelve una larga silueta
delgada y veloz gira, como un vórtice,
cubre de sombra mi cuerpo tendido
y hace un duelo de mis mejores años.
Entre la noche se me aparece
la mujer calva, agitando la mano
que me dio tantos billetes de diez
y expiró ensartada por la aguja;
su voz exánime llega desde el Tártaro:
tú serás la próxima, tú serás.


02 marzo 2014

Y el Oscar a la mejor culpa es para...

Daisies (1966)
Échale la culpa a Eva, pues suyo fue el primer bocado. Échale la culpa a las flores, engañosos señuelos de virtud. Al vino y a la leche que de las comisuras fluye hacia nuestro pecho. Échale la culpa a los pasteles, pues estoy hambrienta desde hace años. Me arrojo a todo lo susceptible de ser lamido y masticado, pero mi cuerpo no absorbe el nutriente; tan sólo multiplica su masa. Soy un monolito inmenso. Un monolito pesado sin aparato digestivo pero capaz de encerrar el sabor. Échale la culpa al beso. Al beso del dementor, se entiende; los dementores son la Enfermedad, ¿a que no lo sabíais aún?, la Enfermedad con capucha, sabiamente retratada y metafórica; La Enfermedad y su boca viscosa, acercándose, succionándome el alma... Estoy obsesionada, me repito a cada instante. He vuelto a obsesionarme con la magia y con las tijeras que todo lo cortan: mi pureza, las cabezas de las chicas corruptas. Todo salvo el hilo rojo que nos rodea y nos une. Todo salvo el escarlata del vestido de Anna Karina. Todo salvo mi inacción. Échale la culpa al cine.