28 enero 2014

La droga de la felicidad: Fluoxetina

Sigue el camino, Dorothy,
ve a ver al mago
baldosa a baldosa amarilla
píldora a píldora del color
de la pureza y la flor de Irlanda;
semilla bifronte que hará brotar
en tu sienes la primavera
y su danza de avispas febriles
–lamiendo tu mente, el veneno abyecto
aplacará tu mal, tornándolo flor;
y los gusanos
de tu epidermis
volverán a las cavidades–.

¡Llegarás!
Oz está más cerca que muchas lunas
aunque las sendas se ensortijen
y tu propio fatum te esté en contra.
¡Llorarás a pesar de todo!
A tu paso las espinas
crecerán raudas, no te quites
los zapatos mágicos –la voluntad
o en la cuneta crecerán garfios
que te arrastren a campos de cirios.

¡Vencerás! Sabrás disociar
la verdad
de la cordura.
Sólo permite que el telón ascienda
que la vida se enfrente al duelo
que calle al fin un tiempo remoto
que sobrevivió en templos de hojalata.

Domestica la sombra que se expande
hacia el universo en ondas sonoras
no hay otra opción;
como los demás seres
que lo habitamos
no puedes matarla.

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