23 enero 2014

La balada de los chicos con botas

Se trataba de tocar y tocar y tocar y bailar y bailar y bailar para mantener a raya la marea de la tristeza. Bailar y tocar para no empezar a llorar nunca más, para descolgar al pelado crucificado de su cruz de sufrimiento.
Algunos libros no se entienden sin banda sonora. Y quien dice libros, dice vidas. Kiko Amat es la prueba. En sus desopilantes artículos, a menudo culpables de mis mejorías de humor y estruendosas ovaciones mentales, es habitual la mención a su colección de discos, con la veneración, en fin, que muchos reservan a sus nietos o mascotas. Es casi natural deducir que la música ha sido su eterna compañera, una esposa leal y siempre presente en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad. Por eso no me sorprende abrir Rompepistas, su tercera novela, y descubrir que incluye una lista de canciones. Las que acompañaron su creación, y que usaré para este artículo. Abro Youtube y empieza la sesión. Primera parada: Generation X. And they thought we were stupid, and we promised we’d get back...
Y he aquí la duda inicial: ¿qué hago yo escribiendo sobre punks y skinheads, concretamente de la periferia en la Barcelona del 87; yo, que arrastro un pasado apabullantemente plagado de fiestas a ritmo de electrolatino? Lo que me unió a este libro fue el amor. Ni más ni menos. Y es que comparto mis días con un skin confeso, portador de pantalones pitillo y unas patillas que intento desterrar –siempre mejores, al menos, que la cresta azul de sus años mozos–. Mi novio leyó esta novela y le hizo soltar la lágrima. Así que yo también la leí, y lloré, y comprobé que algo en común tenemos todos con ese chaval miope que se hace llamar Rompepistas. Más razones de las que podrían imaginar.

Razón nº1: Todos queremos largarnos
Rompepistas es un chico de 17 años y como muchos chicos de 17 años tiene:
-Unos padres que discuten entre ellos, con él y sobre él.
-Una hermana pequeña que lo idolatra.
-Una cobaya con el nombre de un dictador camboyano.
-Una ex novia furibunda propensa a humillarlo públicamente.
También una banda, Las Duelistas, con repertorio de cuatro canciones y media. Por supuesto, tiene a sus amigos. Su fiel escudero Carnaval, un Sancho Panza gordito de cráneo rapado y hábitos astrosos. Y los Skinheads por la Paz.
Los intereses reales de los Skinheads por la paz son, antes de que se me olvide: la juerga. La bebida. La destrucción de propiedad privada, a veces. El vandalismo, ocasionalmente. La música de jamaicanos viejos. Berrear por la calle esa música de jamaicanos viejos. Y, si se empeña alguien, si algún listo insiste, crear gran dolor.
Rompepistas vive en un pueblo obrero del extrarradio barcelonés, basado en el Sant Boi natal de Kiko Amat. Un pueblo famoso por su manicomio y por su índice de alcoholismo. O, lo que es lo mismo, un lugar del que escapar. Esto es casi un distintivo de la población adolescente: vivan donde vivan, ya sea en un cinturón industrial que en Manhattan, quieren largarse de ahí. No importa el rumbo, sino el acto. Y eso sucede con Rompepistas. Desde siempre quiso marcharse de ese lugar, en el que, afirma, nadie en su sano juicio querría quedarse eternamente.
No soy remilgado en cuanto a las opciones de huida. Cualquier cosa será mejor que esto. ¿Una leprosería en Birmania? ¿Un vertedero en São Paulo? ¿Un bosque en llamas? ¿Una central nuclear con roturas y denuncias?Trae aquí los billetes de avión, tío.
Razón 2: Todos buscamos nuestra Verdad
Si la cultura predominante no nos representa, es necesario buscar otra, adoptarla y hacerla nuestra. No hay otra alternativa. En una entrevista acerca de este libro, Kiko Amat dijo algo así como ‘¿Qué tiene que ver la Regenta conmigo?’, y tengo que darle la razón. Escoger nuestros referentes al margen de lo establecido es el modo de subsistir cuando esto nos defrauda. Rompepistas y sus amigos se aferran a la misma idea. Para el sistema son balas perdidas, gamberros sin solución; repetidores o expulsados de la escuela, ratas de extrarradio, los peores empleos, los futuros crudos; sin nada que hacer más que matar un tiempo que nada extraordinario les depara. Pero su música los salva. Es su vía de escape, su forma de expresión y protesta, algo que no se les ha impuesto sino que ellos mismos eligieron. Y, sobre todo, es el caldo de cultivo de su unión.
[...] nadie te cuenta cómo se sale de aquí, ¿hay alguna manera de salir de aquí?, primero deletrea u-n-i-v-e-r-s-i-d-a-d si tienes huevos, oportunidades para estudiar una carrera es lo que no te van a dar (cantaban los Clash), esto es Todos Contra Todos pero nosotros estamos juntos, es lo único que tenemos.Las canciones, y a nosotros mismos.  
Sobre punk rock, ska o reggae se forja un grupo que sólo tiene sentido como tal, y que funciona al unísono. Son hermanos en el infortunio que comparten el mismo destino. A hundred good mates you know you can trust.
  
Razón 3: Todos nos enamoramos
El amor, esa enfermedad común a todas las edades y estratos, también afecta a Rompepistas. Y se materializa en Clareana, su antigua novia y bajista de Las Duelistas, una chica que nunca llora y siempre dice lo que piensa, y que por ello lo trae loco. Porque nuestro protagonista, en su zafiedad, no deja de ser un romántico empeñado en recuperarla. Y su romance es el propio de los principiantes: un tira y afloja, un amor-odio, una efervescencia que se avista inmortal pero que acabará esfumándose.
Pero el amor aquí tiene otro papel: es un nexo entre generaciones. La madurez de Rompepistas se sospecha cuando empieza a ver a sus padres como espejo de sus vivencias, y no sólo de sus atributos. Su separación inminente lo invita a reflexionar. Y asombrado llega a la conclusión de que no es tan distinto a ellos. Si al principio su padre y él no se comprenden, conforme avanza el libro se aproximan, hasta compartir, incluso, cierto grado de intimidad. Hacia el final ya reconoce a sus padres como una versión amplificada de sí mismo. Y lo son precisamente porque estuvieron enamorados, al igual que lo está él, hace mucho tiempo.
 Y por un instante mis padres no son unos extraños [...]. De golpe les veo, normal. Los dos niños que se enviaban cartas, y estaban enamorados, y se casaron, y tuvieron su primer hijo a los veintiún años, y trato de imaginar cómo debe ser una cabeza a los veintiuno, y son solamente cuatro años más que yo, que los que tengo ahora, y mucho no sé, pero sí sé que no se puede alcanzar una gran sabiduría en esos cuatro años.
Razón 4: Todos estamos hasta los huevos
O al menos deberíamos estarlo en este país de derechos menguantes, sin trabajo, sin salidas; engañados, pateados y manoseados por manos sucias e invisibles. Aunque Rompepistas se ambiente en los ochenta y en un escenario muy concreto, resulta difícil no identificarse con ese hastío y ese desdén ante la ausencia de esperanza. También es inevitable desternillarse con algunos pasajes grandiosos. Como en el que dos Skinheads por la Paz mean sobre una mesa del INEM, ante el aplauso de toda la cola.
Y todos continúan partiéndose, porque se equivoca tanto. Nos reímos precisamente porque no tenemos razones. Porque estamos cayendo, todos cayendo en picado, y lo único que nos queda es esto. Esta risotada, que no nos van a poder arrancar nunca en la vida, ni con despidos, ni cruzándonos la cara un millón de veces, ni con cien mil humillaciones, ni mediante ejércitos de tutores, profesores, policías, trabajadores sociales, jueces.No, ésta es la parte que no han entendido aún. Esta risa está aquí para quedarse.
Eso es lo que nos queda, y lo que Rompepistas ya ha aprendido. Las pequeñas victorias pírricas. La risa amarga ante la adversidad. Aunque la historia esté narrada por la voz de un púber sin escrúpulos, en ocasiones aflora su auténtica esencia: una irreprimible nostalgia ya propia de la edad adulta. La resignación de quien mira hacia atrás y piensa: crecer era eso.

Una mirada hacia atrás. Es buena definición de esta novela. De hecho empieza y termina en un flashback: Rompepistas volviendo al pueblo, años después, para el entierro de uno de sus viejos colegas, uno de esos que iba a acabar mal. Y esas trescientas páginas de retorno al pasado son convincentes. Quizá por su sustrato autobiográfico; la cuestión es que te lo crees. Te crees la descabellada realidad de Rompepistas, en la que el rugby no es rugby sino ‘el Deporte’, en la que el MAL, con mayúsculas, lleva sotana y se llama padre Pío. Kiko Amat, con su humor brillante y su escritura fresca, te salva el día.
Sin embargo, creo que podría añadir una quinta razón a la lista: todos hemos crecido. Quien haya pasado por ese trago sabrá lo duro que resulta. Pero a veces, en ciertos instantes, es un proceso reversible. Lo veo en mi novio, el skin confeso, portador de patillas y pitillos. Otro de los chicos con botas. Otro al que la música salvó de la indiferencia, los amores frustrados, un pueblo asfixiante y una rabia silenciosa. Cuando él, como Rompepistas, menciona aquella edad dorada, lo hace con la misma emoción. Por un segundo, rejuvenece. Cause years have passed and things have changed... Step lightly. Stay free. No es una etiqueta. No es una moda. Es un estadio del corazón.


(artículo publicado en el nº26 de Granite&Rainbow)

6 comentarios :

  1. desayunar tostadas con mermelada de frambuesa mientras leo esta entrada ha sido sinónimo a empezar bien el día.
    muy buena, y sí, de acuerdo contigo en todo. yo le puse la etiqueta de 'nostálgica' para describirla, nostalgia en cada uno de sus párrafos. y sentí nostalgia también. y creo que lo has descrito perfectamente.
    muchos besos, Annie, muchos.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Nostalgia es la palabra, sin duda. Reír y llorar a partes iguales. Es un libro genial, como todo lo de ese hombre ♥

      Eliminar
  2. Annie, no sé como no he empezado a leerme todos los libres de los que hablas o recomiendas uno detrás de otro sin salir de casa. Sin duda éste será el primero.
    Ya te contaré mi propia experiencia con El Rompepistas.
    Un beso bonita

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Espero que los disfrutes tanto como yo si llegas a leerlos, Cris. Este libro en concreto es tronchante.
      Un beso :)

      Eliminar
  3. He visto críticas muy positivas de este libro, pero con lo que has escrito me has convencido para buscarlo y leerlo.

    ¡Besos!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me alegra que haya podido interesarte aún más con mi reseña. ¡Seguro que te gusta!

      Eliminar