31 diciembre 2014

2014: De la mentira a la incertidumbre.

Enero
Empecé el año diciendo: no volveré a decir mentiras, pero ya estaba mintiendo. Empecé el año diciendo: no volveré a desear la muerte, no volveré a intentar la muerte, pero ya me estaba ahogando. ¿Cómo vivir en la paradoja? Empecé el año abandonando los exámenes y la cordura. En la consulta del doctor S leí el prospecto más largo que había visto pero nada ya podía asustarme. Entonces no lo sabía. Iba a engordar diez kilos. Iba a destrozarme el riñón. Pero era el precio de vivir. ¿Qué importa un órgano inútil a cambio de dormir por las noches? ¿Que importa una talla más a cambio de ver a mis padres felices? A partir de entonces esta Dorothy iba a seguir el camino de las píldoras amarillas. Leí a Anne Sexton, a Lizzy Wurtzel, y pensé: jamás tendré hijos.
Febrero
Pero lo hermoso de una enfermedad que aniquila la sonrisa es el mágico momento en el que resurge, aunque sea efímero. Cumplo veintidós años en mi restaurante favorito y mi mesa rebosa amor. No hay reproche alguno. Mi esposo me regala la música, mi familia me regala su apoyo y fui feliz durante un día. Porque seguía estando sola, pero a lo lejos ellos me esperaban.
Marzo
Mi mamá me mima, mi mamá me ama, mi mamá me apunta al gimnasio con ella para que salga de la cama; mi mamá se asusta cuando me desmayo en la elíptica; mi mamá llora por la noche porque cree que no la oigo; mi mamá pregunta: ¿qué he hecho mal? ¿por qué mis hijas de todas las hijas? Mi mamá se enfada porque no entiende por qué la ropa me queda estrecha aunque haga días que no como. Mi mamá se enfada porque le suelto a la cara todas mis verdades no sirvo para estudiar no sirvo para escribir no sirvo para complacer. Mi mamá se enfada porque poco a poco dejo de estar deprimida pero empiezo a estar furiosa. Vuelvo a salir. Vuelvo a beber. Vuelvo a perder todas mis apuestas.
Abril
Yo creía en la permanencia de un amor antiguo y paciente, de un amor puro como la música, pero la paciencia se agota, el tiempo enmohece y la canción deja de sonar. La última vez que te veo subes a un tren mientras yo lloro porque no has vuelto a besarme y yo sé por qué: sé que he empeorado y que te has cansado de que sólo escriba de horror, de que los sueños de los que hablaba al conocerte se hayan consumido, aniquilados por mi locura. Andrea viene a visitarme y junto a ella Sara y Lorena en la distancia, y entonces encuentro un pequeño nido en el que piar sin preocuparme del qué dirán, del qué sentir, de contenerme. Un nido sostenido en el aire.
Mayo
Tengo un bellísimo amante que se olvida de llamarme, un amante con el que fumar hierba y hablar entre columnas de humo, de un pasado que nos duele y un futuro que no existe, de países de los que irse y hogares con los que soñamos. Antes de dormirnos siempre le veo hablar con su esposa a hurtadillas, y entonces sé cómo acaba la historia porque ya la he vivido antes; y así es cómo ocurrirá: una feliz pareja construirá su casa desde los cimientos y yo nunca habré existido. Yo estaré aquí, justo donde estoy, un poco más vieja. Intoxicada.
Junio
Pero hay cosas que trascienden más allá de una aventura y es la tragedia de una llamada de teléfono repentina. E., por qué tú. Por qué tú queriendo saltar, por qué tú sin reconocerte. Qué ha sido de nosotras. ¿Recuerdas la emoción de aquel concierto de Love of Lesbian? ¿Recuerdas la juventud que irradiaban nuestras madrugadas? Ahora estás vestida de verde, mirándome como a una extraña. Qué ha sido de nosotras, dime; cuándo permitimos que la enfermedad nos separara. Quiero quedarme contigo a los pies de tu cama y convencerte de que saldremos de ésta. Pero el demonio ya está en tu cabeza y también en la mía, aunque lo domestique. Entonces digo: se acabó. No puedo sostener tantos mundos tanto tiempo sin agotarme. Es hora de reparar el mío. Me reinscribo en la universidad. Compro un billete a Roma. Mi vida, a partir de ahora, será arte y será libre.
 Julio
Y en Roma (re)conozco la belleza. Paseo por sus calles sin mapa y al no perderme pienso: quizá en otra vida fui muro. Quizá en otra vida fui fortaleza. En Roma (re)conozco: amor y desprecio, persona y bestia, comida y hambre, familia y forastero. Escucho la voz de mi historia y la historia de la humanidad. En Roma las mismas gentes que me abrazan por la mañana son aquellas que al caer la noche me hacen sentir insignificante. En Roma aprendo que quien bien te quiere no siempre te hará llorar, al contrario: la mayor parte del tiempo será consuelo. En Roma aprendo a estar en la base pero también en la cumbre, en el Pincio y las catacumbas. Aprendo a pasear sola y pienso: ¿así será siempre?
Agosto
Así será siempre, sí. Yo sola a través del cielo. Sólo que a veces aparecen personas que son estrellas; fugaces o no, resplandecen. Resplandecen cuando tú más necesitas una guía. Y recogen tus pestañas cuando caen y piden por tu alegría. Y te quieren gratuitamente a pesar de tus rachas de silencio, rechazo, distanciamiento. Unas llegan. Y otras se van. Agosto está para despedirse de quien ya no me necesita. Y aunque al principio lloro, no me importa. ¿Será que me he inmunizado contra ciertas despedidas?
Septiembre
Combato la ausencia con viaje y el adiós con esperanza. Voy a Alcalá y a Barcelona. Regreso a la universidad. Pongo punto y final a un libro que habla de mi katábasis. Y ahora, ¿qué?, me pregunto. Ahora a reír. Ahora a estudiar. Ahora toca volver al juego.
Octubre
Os juro que intenté jugar ateniéndome a todas las reglas, y entonces repartí mi amor, hablé por Skype con las personas que extrañaba y me abrí a todas las nuevas que conocía, y me propuse no renegar de lo que me había sucedido; y fui a Madrid, y leí mi poesía porque nací en mil novecientos violeta, y volví a abrazar a mi hermano, pero entonces descubrí que el otro extremo de la balanza también dolía... En mi vida ya no había sábanas, persianas bajadas, o días vacíos, pero ahora había ríos de alcohol, monedas que huían de mis manos como puñados de arena ardiente, sexo allá donde mirara... Sálveme, le dije a la doctora D, pronto voy a estallar, y contestó: eso es imposible... Entonces comprendí que nada en mi vida volvería a ser igual, que todo lo que yo soy oscila entre dos polos, y no hay forma de impedirlo, sólo de engañarlo con alquimia...
Noviembre
... pero hay cosas tan hermosas que no caben en las pócimas. Hablo de M. y  su dulzura al decirme: cuando te conocí supe que ibas a ser mi mejor amiga. Hablo de hombres que quieren amar y van a por ello porque son valientes. Hablo de hombres que sabrían amar pero se han cansado de intentarlo. Hablo de hombres demasiado buenos para este daño que respira. Hablo de cuerdos que me hacen creer que también lo estoy -¿o acaso son locos que todavía no lo saben?-. Hablo de aprender la armonía en los libros y el páthos fuera de ellos. Hablo de besar ataúdes. De un aplauso que me pertenece.
Diciembre
Recta final. La mano de M., durmiendo a mi lado en un autobús que se desliza bajo la lluvia. Esquivar besos y encender pitillos y cerrar heridas -hablo con todos mis caídos y celebro su felicidad-. Llamar amigos a quienes son amigos por derecho y no por casualidad. Empecé el año enumerando mentiras y lo acabo enumerando incertidumbres. ¿Podré? ¿Sabré? ¿Haré? ¿Soportaré todo lo que venga? 

22 diciembre 2014

Inventario de sueños

Salvador Dalí
Anoche soñé que alguien me amaba
sin daño, sin esperanza
sólo fue otra falsa alarma.
The Smiths

Sueño primero. Satanás entra en mi casa siendo invisible y yo tengo miedo y mamá tiene miedo porque creemos, y creer significa hacer hueco a la posibilidad más sombría... Satanás entra en mi casa y nos lleva al infierno y al cruzar la frontera me doy cuenta por primera vez de que no existe, de que el infierno es este mundo; es un bosque pero podría ser también un castillo o el borde del mar; todo depende de la fobia o el terror que albergues dentro...
Sueño segundo. Voy a un festival y tomo speed y tengo un mal viaje pero ahí estás tú, para consolarme y apartarme el pelo y contemplar cómo vomito. Sólo que tú no eres tú, ni siquiera sé quien eres: un rostro sin rostro, una voz sin voz, un nombre sin nombre; una mano recia que emerge de la oscuridad...
Sueño tercero. Todos los hombres que me rodean tienen una función concreta y en este sueño un hombre me escucha y el otro me habla y ambos me besan y la habitación nos traga a los tres mientras anochece y yo sólo pienso en el hombre que falta; un hombre remoto, un hombre aún por descubrir, un hombre que no tendrá función: la acción será su distintivo...

08 diciembre 2014

Las horas

Anna Wypych
Uno no puede traer hijos a un mundo como este; uno no se puede plantear perpetuar el sufrimiento, ni aumentar la raza de estos lujuriosos animales que no poseen emociones duraderas, sino sólo caprichos y banalidades que ahora te llevan hacia un lado y mañana hacia otro.
Virginia Woolf

Pienso en los agricultores de África Oriental y de la China y del Perú. Pienso en los amores que he abandonado y que vuelven a hipnotizarme al cabo del tiempo. Pienso en los mendigos de la iglesia y los cajeros y los puentes de mi barrio. Pienso en la hija de Teresa, a quien regalo mi ropa usada. Pienso en los sesos de Allende. Pienso en todos los fusilados de todas las dictaduras y... Pienso en que ayer le dije a mi hermana: no puedo ir contigo al cine y ella no protestó, pues sabe que algo terrible me apresa. Algo tan fuerte como una soga. Pienso en Laura y Virginia y Clarissa. Pienso en el litio. Pienso en las horas. Pienso en mi hija, en cómo su piel tendrá otro color distinto al mío. En cómo acudiré a abrazarla bajo el silbido de los misiles. Y después pienso: nunca en mi vida me permitirán tener hijos. Nunca más seré mi dueña. Pienso en todas las tragedias. Las pienso y las lloro y permanezco inmóvil.

02 diciembre 2014

Fuimos al encuentro de la lluvia pero huimos de su caricia.

  
Los corazones humanos no se unen sólo mediante la armonía. Se unen, más bien, herida con herida. Dolor con dolor. Fragilidad con fragilidad.
Haruki Murakami

Toda bella travesía comienza con un largo insomnio, recuérdalo, Annie, mientras recorras tu ciudad natal con rumbo a este viaje, tu ciudad natal con su mutismo de madrugada y su asfalto húmedo y tu padre alarmado porque llegas tarde al autobús, pero eso es siempre, papá querido, para mí no existe el reloj cuando se trata de llegar a tiempo: al viaje a clase a una fiesta a la vida. Toda travesía comienza con la fatiga de la noche anterior, del baile loco, del susurro al oído, del sopor acre y familiar; y continúa carretera al norte, con el regusto del alcohol en la boca, y una vaga emoción el estómago, y la cercanía de tanta vida y juventud hermosa a mi alrededor. Tarragona: el viento nos reclama / nos exige una altura que no es nuestraFinjo que encuentro belleza en las ruinas pero en el fondo sé que es mentira, pues yo soy piedra, soy polvo, ¡no!, definitivamente escombro; y no puedo ofrecer belleza. Finjo que encuentro fuerza en el frío pero lo único que encuentro es un secreto deseo de calor -un calor concreto y localizado-. M. cae al pasar las doce y yo sobrevivo a pesar del sueño que se acumula; bebo cerveza directamente de la botella y hablo sin pausas, ¡cuerpo, placer!; veo estrellas rojas que abrasan dos ojos que me penetran ingenuamente pero ahí abajo nada responde; ¡buenas noches, estimados demonios! 
Qué irónico, Santes Creus: nos agolpamos bajo tu techo sin más pretexto que eludir el llanto que desborda el cielo, no para admirar -o intentar admirar- tu perfecta solidez. Porque vemos vacío y no paz en tus salas infinitas. Qué irónico: subimos al bus conociendo el pronóstico del tiempo y aquí estamos, asustados, escondidos, sí; fuimos al encuentro de la lluvia pero huimos de su caricia.
Barcelona; el Museo Egipcio sólo alberga muerte. ¿Alguien se da cuenta de ello? Sólo un cristal separa el sueño sagrado de nuestras manos, sucias, profanas, sacrílegamente vivas. Barcelona; todos mis chistes sólo albergan un dolor, tan voluble e impreciso como concreta y localizada es su cura -el calor, otra vez el calor, y siempre el calor... dormir para siempre; caminar feliz, tranquila, hacia la cúspide...-. Toda travesía termina en Barcelona, ¿recuerdas, Annie?; el viaje de Coré, el final de la etapa, el final del libro, ¿por qué no hoy?, ¿por qué no al fin?; tienes la sangre, tienes el filo, pero eres cobarde...
Triste y salada recuérdate, Annie, dejando Valencia tras de ti. Ya no será más la ciudad de aquella tarde de abril sino la de esta última mañana de noviembre en la que descubres que no estás sola, al menos no mientras estén cerca y te vean llorar como has llorado; el ángel alegre, el seré tu amigo pronunciado con firmeza, o aquel que gira la cabeza para no verte llorar. Porque alguien adivina o incluso conoce aquello que odias ser con toda tu alma: triste y salada; salado tu pelo, tus pestañas, salada tu boca de pez y hiel; salada y despierta como una condena mientras todos duermen. Sécate, llénate de ternura una vez más, y regresa a casa.

22 noviembre 2014

Hubo un tiempo en que fui pura

Alexa Macfarlane
¿Puedes realmente preguntar qué razón llevó a Pitágoras a abstenerse de la carne? Por mi parte yo me pregunto qué accidente y en qué estado de alma y mente estaba el primer hombre que lo hizo, tocó su boca con un cuchillo y trajo a sus labios la carne de una criatura muerta, aquel que llenó la mesa de muerte con cuerpos rancios y se atrevió a llamar comida y sustento a las que habían antes llorado, rugido, movido y vivido. ¿Cómo pudieron sus ojos soportar la masacre de gargantas cortadas y cueros desollados? ¿Cómo pudo su nariz soportar el hedor? 
Plutarco

Hubo un tiempo en que fui pura. Hubo un tiempo en que mis huesos estuvieron hechos de avena. Hubo un tiempo en que mis órganos estuvieron hechos de soja. Hubo un tiempo en que mi piel fue la piel de la fruta tibia. Fui mala esposa, y mala amiga, y mala hija, pero aquellos fueron mis únicos crímenes. Mis manos jamás se cirnieron entonces sobre un animal. Y ahora acaricio al gato y pienso: echo de menos la pureza. Papá se ríe. Mamá se enfada. Hermi pone los ojos en blanco. Ellos conviven con una bestia pero no entienden mi pudor. Mi vergüenza al oler y ansiar el cadáver en mi plato. El día que vuelva a irme de casa dejaré de ser asesina, juro. Volveré a cultivar el huerto. Volveré a ser inmaculada. La única sangre en mi despensa volverá a ser la de la amapola.

16 noviembre 2014

Sé que debo cuidarme de no devolverle la mirada

París, Texas (1984)
Sus ojos son tan serenos
que uno podría perderse eternamente en ellos.
Sé que debo cuidarme
de no devolverle la mirada.
Anna Ajmátova

El ocio, en otro tiempo, perdió a reyes
y ciudades felices.
Catulo

Sé que comprenderías muchos de mis rincones ocultos. Muchos de los que han sido invisibles y extraños para casi todos. Por eso es importante que te des la vuelta y te marches. De lo contrario empezaré a buscarte. A extrañarte. A invocarte. Y no es eso lo que quieres. Y no es eso lo que necesito.
/
Si sólo intuyeras mi fragilidad saldrías disparado en dirección opuesta. Si sólo intuyeras el alcance y el poder del magnetismo me negarías la palabra, y el abrazo, y el calor, y las puertas entreabiertas, y la cercanía, y la picardía, y la remota, remotísima, posibilidad de un baile.
/
Apuesto a que ya lo intuyes. Apuesto a que estás muy lejos.
Apuesto a que, en realidad, le estoy hablando a un espejo vacío.

08 noviembre 2014

Elegía a un profeta muerto

Yo provengo de un lugar puro.
Textos de las Pirámides

Estás detrás del cristal. Como si durmieras. Eso es lo que suele decir la gente para consolarte cuando sólo tienes veintidós años y la muerte, creen, te desconcierta. Claro que ellos no imaginan...
/
Lo cierto es que estás muerto. Muerto. Muerto. Cinco veces muerto.
Una muerte por cada uno de vosotros. Padres de mi madre. Padres de mi infancia. Padres prudentes de mi camino.
Los cuatro manantiales inagotables de amor.
Otra muerte por mi madre. La curandera. La sacerdotisa. La hija de carne o espíritu.
Sé que estás muerto, pues tu rostro es reluciente. Odio cuando el tanatopractor olvida que no hay luz en la piel de los vivos.
Los últimos meses sólo brillabas al ver llegar las visitas, siempre ocupadas, siempre de paso. Hablabas y hablabas, qué importaba qué sólo quedara un hilo de voz. Qué importaba si sólo yo te escuchaba de veras, si sólo yo compartía tu decepción. Este mundo era monstruoso.
Me previniste: serás engañada.
Yo asentía y no por inercia. Tú también te diste cuenta: sólo yo te comprendí. Sólo yo descubrí quién eras en tu tramo final. El vidente. El profeta.
El hombre sin la sangre adecuada pero con el tercer ojo en su frente.
Nunca el charlatán. Nunca el loco.
Me  dijiste: los escritores son capaces de ver más allá, por eso tú...
/
Por eso yo te comprendí, aunque no porque escriba. Por eso no. Escribir no me ha hecho sabia. Todavía.
Te comprendí porque me llamaron loca, como a ti; porque también yo le hablo a los muros, porque también yo he estado sola entre mis palabras. Sola. Sola. Cinco veces sola. 
He deslizado una nota en tu ataúd cuando nadie miraba:
Que tu alma atraviese el río y llegue al lugar donde está Orión. 

02 noviembre 2014

Aunque me crea lo contrario sólo eres producto de mi hipomanía

Eric Greene
Puedo ser sucia pero eso
no me distingue de la media
tampoco el dolor.
/
(apuesto a que habías adivinado que era sucia antes de confesarlo a mi audiencia)
(una audiencia borracha y benévola)
(una audiencia que, por principios, no me juzga)
(apuesto a que ya habías traspasado los límites rojos del pensamiento)
(a que ya me habías rajado la blusa)
(a que ya me habías follado en el suelo)
(sobre el charco de nuestra injusta e injustificable tristeza)
(hoy escucho a Rachmáninoff y a Shostakovich porque necesito que la armonía sea posible)
(que la vida sea posible)
(que estúpida)
(la única armonía que me interesa es la de los astros)
(la única vida que me importa es la que pueda arrancarle a la noche)
/
No me avergüenza abrazar el delirio resplandeciente
reconocer en él
mi rostro lleno de colores
deseo el delirio
deseo el resplandor
deseo hacer
de mi cuerpo un templo
a la temeridad
que quien lo acaricie
aprehenda la muerte
sin darse cuenta
de que estoy dentro
de que lo habito.
/
(hoy me despierto bañada en sangre y recuerdo la revelación del compañero)
(el compañero de la piel tintada y la misma carga compartida)
(dijo: el amor se sigue esperando tras todos los múltiplos del fracaso)
(dijo: todo lo demás son paréntesis de vacío)
(como este poema, pienso)
(yo no sé amar)
(¿sabes?)
(yo no he sabido amar nunca)
(así que me convenzo de que mientes)
(de que sólo fingías tener corazón)
/
Puedo ser frágil también
será lo primero que olvides
cuando me engullas
si acaso un día
te atreves a adentrarte en mi luz.
/
(por eso escribo palabras tiernas para un perfecto desconocido)
(porque eso es lo que sé hacer)
(suplir con palabra la Siberia que yace bajo mis costillas)
(suplir con palabra y espejismo)
(pues aunque me crea lo contrario nada de lo que he imaginado existe)
(esa mirada)
(ese apetito)
(esa fusión breve y absoluta de nuestras almas)
(ese impacto)
(nada es real)
(nada es real) 
(aunque me crea lo contrario sólo eres producto de mi hipomanía)


27 octubre 2014

La última heredera

Laurel Long
He aquí viniendo por los senderos trillados de fiebre lenta 
el tiempo de las grandes mudas nocturnas 
del terciopelo y de las lúcidas encantaciones
Gui Rosey

Cada vez soy más consciente de que toda yo es el resultado de una sucesión infinita, de una constante cadena de partos y crianzas y muertes y otra vez partos y crianzas y muertes, y yendo atrás y más atrás en esta línea sin horizontes tengo la certeza de que llegaré en algún momento a la antepasada; a la mujer que debí ser yo de haberme extraviado en el tiempo; a quien, portadora de mi sangre, no podría ser sino una Bovary o una Ana Karenina -oscuro designo, tobillos livianos-; una mujer cuyo único cometido fuera bailar.
Le pediría un cambio de papeles. Le explicaría: he nacido para la mística y la música.
Y ella reiría.
Con su risa ruda y transparente -mi misma risa de desvergüenza-.
Y contestaría: márchate, augurio.
*
A mamá le duele el vientre, a mamá le duele el hueso, a mamá le duele el dolor que nada en el mundo es capaz de aliviar, ni su esposo, ni sus hijas, ni su labor más que cumplida, ¿a qué encomendarse entonces?
Al silencio de los astros. A la promesa de santidad.
Madre tras madre, siglo tras siglo.
*
Todas esas danzas, todas esas mujeres, y yo la última heredera. 

21 octubre 2014

Mil novecientos violeta: todos hablaron de poesía y yo sólo supe hablar de cariño

Inés Martínez
I
No quería ir porque yo no era parte de aquel mapa que alguien había dibujado -poesía/joven/española-, lo mío era más bien tentativa/anacronismo/destierro. Cogí el tren, rocío en las manos, roca en el vientre, en la maleta un cargamento de oscuros recuerdos. Cogí el tren mientras en mi oído susurraba el ángel de la rabia, porque estaba incumpliendo mi promesa Madrid no, Madrid nunca, y todo era culpa del amor y la literatura otra vez, y mi mirada era un ventanal tras el cual crecía el deseo agónico de escapar de ese amor y esa literatura; y nada, repito, nada pudo mermar mi afán de dolor, ni tu rosa fresca perdiendo la vida junto a nuestros cuerpos inermes, en la cama limpia y extraña en la que lloré. Estoy aquí, repetías tenaz.

II 
No quería ir porque aún no estoy preparada para los interrogantes. No conozco el futuro del libro porque mi futuro me está prohibido. No comprendo la belleza porque la encuentro en cada recodo. De ahí que mi único argumento con sentido fuera que hay una persona en cada poema o un poema en cada persona. ¿Acaso no es así? Mirad a vuestro alrededor; quién no merece un lugar en la Historia. Querría haber dicho tantas cosas de las que palpitan aquí dentro. Pero la voz me fue tramposa: todos hablaron de poesía y yo sólo supe hablar de cariño. Porque es lo único que me unía a aquella circunstancia: mi afición a crear, a la gente común, a la dulce idea de la eternidad. Cariño, lo único que conozco. Lo único que he mamado siempre.

III
No quería ir porque no recordaba el calor del hermano lejano, o la emoción al descubrir desconocidos, o lo excitante de las noches que comienzan en angustia pero que desembocan en un edén improvisado. Si lo hubiera recordado no hubiera habido: llanto, dudas, ira, temblor.

IV
No quería ir pero fui. Y formé parte de ese mapa. Y contesté aquellas preguntas, aunque no sé hasta qué punto puedo alegar lucidez. Y abracé al hermano, a los desconocidos recién descubiertos; a algunos incluso los veneré el tiempo que duraron sus versos. Vislumbré un futuro hermoso en el que todo tenía cabida, la palabra y la multitud y la ternura y la pasión, y después volví a besarte: el pánico se había ido.

15 octubre 2014

Lo que yo soy vs. lo que otros han dicho que soy

Laura Zalenga
Eres
demasiado
demasiado joven para el lorazepam
demasiado buena
demasiado dueña de extrañas virtudes:
euforia instantánea
memoria selectiva
corazón indefenso.
Eres
decían
un pilar
un Pollock
la alegría de mis días
la madre de mis hijos
una tarde de sexo a la semana
la que todo lo perdona
una diosa; no una musa
una casa
una fuerza.

Y yo creí.

/

Soy
la antítesis
a vuestros halagos:
sucia
helada
inoportuna
animal
inmune
a los niños
a los adioses
a lo inevitable
-tiempo, ignorancia-
amo a las personas que odian
odio a las personas que aman
soy veleidosa
un fraude
una apátrida
que desconoce cuna o frontera
soy traidora
por naturaleza
cubro mis heridas con rapidez
invento un nuevo recuerdo
y no han existido nunca.

Soy barro
nada puede hacerse
de mí
que sea infinito.

07 octubre 2014

El hombre que ama

Paraguas de Cherburgo (1964)
Despertar, leer, estudiar, escribir; despertar, llorar, fracasar, desistir; despertar, la migraña, la lumbalgia, el dolor de vientre; despertar, el alimento, la medicación, la química interna; despertar, las personas, las ausencias, la decepción; despertar, los espejos, el asco, la flacidez; despertar, las ojeras, las marcas, los cardenales; despertar, el pasado, el futuro, el presente indomable; despertar, llamarte, reclamarte, exprimirte, preguntarte una y otra vez por qué, por qué tú, por qué aquí, por qué mi causa.
Despertar, repetirme: no importa / no importa / no importa.
Despertar, recordar: el hombre que ama comprenderá.
Comprenderá las horas mudas.
Comprenderá el descenso a los infiernos.
Comprenderá el cuerpo cuando falla.
Comprenderá los males de la mente.
Comprenderá la soledad perpetua.
Comprenderá la cicatriz de los días.
Comprenderá el tiempo inabarcable.
Comprenderá la fragilidad que me empuja a él.
(play)

28 septiembre 2014

El funcionamiento a la inversa de las cosas

En este momento la locura aparece no tanto como una perturbación del juicio cuanto como una alteración en la manera de actuar, de querer, de sentir las pasiones, de adoptar decisiones y de ser libre, en suma, ya no se inscribe tanto en el eje verdad-error-conciencia cuanto en el eje pasión-voluntad-libertad.
Michel Foucault

Mi corazón, este corazón, única cosa que me enorgullece, única fuente de fuerza, de felicidad y de infortunio.
J. W. Goethe

Comprenderás qué significa «luz» cuando ya haya anochecido. Cuando su ausencia te enseñe sus gamas, su alcance, su trascendencia. Comprenderás qué significa «alimento» cuando nada pueda saciarte. Comprenderás que es ser amada cuando no te amen suficiente.
Y por esta misma norma masoquista, por esta misma paradoja cruel, también comprenderás la pasión cuando nadie te acaricie, el esfuerzo cuando fracases, la familia cuando te vayas; comprenderás la amistad en la soledad, la salud en la enfermedad, la alegría en la profunda desdicha; comprenderás la vida sólo a punto de abandonarla. ¿Y la cordura? Cuando estés loca. Pero qué es la locura, insisto. A Foucault. Al conejo blanco. Parece que hasta ambos respondan más allá del espejo y la tumba. La locura consiste, Annie, en cuando despiertas y no sabes a ciencia cierta si lo que ves es producto de tu sueño. Comprenderás la cordura entonces.
(play)

21 septiembre 2014

Edades

Valerio Carrubia
Me crié en la vejez,
identifico
unos dientes sin dueño 
como infancia,
el alcanfor custodiando el ropero
el carmesí sellando mi mejilla. 
Me crié en la aceptación del tiempo
y la profundidad de su pisada
convencida de que las arrugas
son dunas, gajes inherentes
a la erosión de una vida plena
merecedoras de nombre e incluso playas
escindidas en mares gemelos:
Humanidad y Asco,
Saul Leiter
uniendo sus manos
juntando su espuma en caudal común.

Memoriza:
cada ponzoña
tiene su antídoto,
Seguril, insulina.
Cada hospital es, por su tránsito
o limpio adiós,
estación o aeropuerto.

No silencies la ternura
cuando repitas
de quién eres hijo,
qué es lo que estudias
cuál es tu sino
pues la demencia acecha a quienes amas
tanto o más que la sepultura.

Interioriza:
todo albor
se repliega al paso de los lustros
–exiliado en las fotografías–;
todo esqueleto se quebranta,
Frederick Sommer
todo alfabeto languidece.
Sólo sabrás que es la juventud
cuando en la distancia comience a boquear
y asomar la nuca entre sus despojos.

Me crié en la verdad
por eso, a ti
no te digo:
te amaré hasta mi muerte
–omitiendo los interludios–,
te digo mejor:
te amaré incluso
cuando tus piernas pierdan su fuelle
cuando se desfigure tu rostro
y tu juicio altere mi nombre.

Te amaré tanto
que seré yo
quien pose la cuchara en tus labios
y en la escasez
encuentre alimento.


(poema seleccionado para Anónimos 2.2)

14 septiembre 2014

Barcelona: fin del viaje

El viaje de Koré ha llegado a su fin. El viaje de Koré es un libro, mi primer libro. ¿Quién iba a decir que mi primer libro sería de poemas, yo que renegaba de la poesía, yo que sólo quería, -que sólo quiero- ser alguien que cuente historias, que sepa ver mucho más allá de sí misma? ¿Lo seré alguna vez? ¿Podré renunciar al egoísmo? La novela a medio escribir que guardo en el cajón tiene mil motivos para contestar que es imposible. Que no puedo renunciar ya a esta tendencia que he adquirido en estos años: recluirme y regresar a la entraña, a mi propia entraña, y nunca salir.
Pero El viaje de Koré no es sólo un libro, es una etapa. Una etapa que este verano ha acabado de cicatrizar. Una etapa que empezó en Madrid. En la que aprendí a amar a mi familia, a temer mi mente y a habituarme al aislamiento. A reconocer la ignorancia y la fragilidad que me componen. A ver la vida desde un ángulo que nunca pensé en considerar.
Fue un hombre al que amé quien me comparó con una diosa griega, quien me dijo: Tú eres Koré, la joven que descendió al inframundo y se convirtió en Perséfone, la diosa sabia, la diosa temida y por fin mujer. No creo ser sabia, ni mucho menos temida. Apenas empiezo a avistar rasgos de mujer adulta en mi interior. Pero incluso después del infierno, no renuncio a la ingenuidad y la alegría de la doncella, pues es lo que me ha salvado. 
Yo soy Koré y mi viaje entre los fantasmas termina en mar.

02 septiembre 2014

«Conocer» es «quedarse» en nuestro idioma

Me miré en tus ojos
pensando en tu alma.
F. G. Lorca

He conocido la nobleza y la calidez de la altiplanicie y en sus mesuradas alturas he empezado a aceptar quien soy.
Me quedo porque admiro tu manera de admirar.
Has conocido todo aquello que debería alejarte de mi pecho: el corazón polvoriento de mis medicinas, la lentitud de mis digestiones, mi llanto convulso en mitad del sueño -siendo tus besos su único freno-.
Te quedas porque entiendes mi miedo a descarrilar.

26 agosto 2014

Agosto de pestañas y estrellas

Tracey Emin
Desde que estás aquí
es la historia
quien nos escribe.
*
Así pues, me dejo llevar. Me dejo bocetar por la pluma infatigable del azar. Permito que mis pasos vayan por delante de mis zapatos. Y te hablo y te escribo y te canto. Y te suplico sobre todo. Dime que soy tu himno nacional. Dime que soy tu manzana caída. Dime que no dejarás de observarme -aunque te arranquen los ojos házmelos llegar como la joven Lucía hizo con su amado-. Repítemelo hasta que me duerma. 
*
Todo lo que he reaprendido en verano:
A conservar -y dejar ir.
A rendirme -y a blandir la espada.
A perdonar -y fiarse a la conciencia.
A negarme a.
A aceptarme sin.
*
Éste será para siempre el agosto de los deseos, sea cual sea su materia prima. Hidrógeno. Queratina.
*
Por la primera pestaña caída pedí el fin del desequilibrio.
Por la segunda pedí un futuro claro.
Por la tercera pedí una red, una red de amor que sobreviva a través del tiempo para sustentarme, no estás sola, todos lo estamos pero tú no más que los demás.
Por la cuarta pestaña y la quinta y todas las lágrimas de luz que logré robarle a San Lorenzo, soplé un único deseo, y ese deseo tiene tus ojos.
(play)

01 agosto 2014

Roma y otras luces: niente può fermare un colpo di fulmine

 
 
 
 
 
 
 
 
 
Ciego, ¿a qué?
No a la luz:
a la vida.
Ángel González
Es la primera vez que vuelo sola, le digo al chico de la aduana. Es la primera vez que redescubro las nubes sin compañía. Pero es el mismo mar, me repito a mí misma. El mismo azul bajo mis ojos. Seguirás estando en casa al otro lado de este mar. Y descubro que así es. Que me pertenece también la otra orilla. La otra familia de brazos anchos y extendidos hacia mí. Caterina me abraza, Raimondo me abraza, Giulia me abraza sin conocernos. Un gran abismo nos divide pero este abrazo es indisoluble.

II
Pero las madres también odian. No tardo en averiguarlo. En la indiferencia postrada ante el televisor. En los billetes raudos como flechas que se deslizan mano a mano. Giulia agradece, Giulia sonríe, ¿Giulia es feliz? No sabría decirlo. Yo nunca podré tener hijos. No tengo la fuerza, no tengo el coraje, no tengo paciencia -ni la más mínima-. O quizá eso se incube al mismo tiempo. Junto al hijo, durante el hijo. Quizá eso florezca en la placenta o se aferre al cordón umbilical. El martirio. La santidad. Una madre no tiene tiempo para sí, dice Caterina. Una madre sólo piensa en nutrir al cachorro. Y está en lo cierto.

III
Pero los niños también saben. El engaño es inútil cuando prima la voluntad: Giulia no come, Giulia no calla, Giulia no quiere bañarse. La negociación es imposible. Nadie mejor que un niño para dar ejemplo de firmeza. Crecer es, entonces, ¿aprender a moldearse? ¿Aprender a rendirse? Diría que sí. 

IV.
Y yo que temía por la comida vuelvo a conocer el hambre en mi cuerpo menguante, en mi lengua arenosa. Y yo que temía por la tristeza vuelvo a conocer la lágrima. A escuchar la voz de la madre -esta vez la mía y verdadera-. ¿Dónde estás? ¿Qué te ocurre?

IV
Pero peleo. Esta vez sí. Esta vez lo he conseguido. Llámenlo vuelta a la infancia o terapia ocupacional. Jugar a los bolos y a la scopa. Leer a Ángel González. Montar a caballo y en bicicleta. Quitarme las sandalias, aventurarme a correr. Gritar de alegría al vencer en la feria. Qué sencillo. Qué al alcance de todas las manos, Enfermedad. ¿Quién iba a decirlo? Qué deprisa te consumes.

V
Roma me recibe vestida de acero y de lluvia. Sola y sin mapas, del Pincio al Trastevere, paseo sin perderme y sin hallarme. Paseo por inercia y sin sentidos. Conozco a Virginia, a Celia... no son personas o procedencias. Son la ilusión, el resplandor de una vida recién estrenada. Ahora también la mía lo es. 

VI
Soy la enemiga de la noche. Despierto cubierta de heridas de guerra que rasco furiosa hasta sangrar. Paso el mes cubierta de tiritas y coleccionando hematomas. ¿Qué te ha pasado?, preguntan todos. Y me acarician el violeta y el rojizo con aprensión. Yo frunzo los labios vehementemente, ¡no podéis imaginar el dolor! ¡no podéis imaginar la angustia de ser atacada en mi propia cama! 

VII
Mis mañanas son el sudor y el rumor de la aspiradora; mis tardes son el sudor y el ruido de los platos sucios; mis noches son todavía el sudor y el susurro contra la almohada. En voz baja le inculco a Giulia el poder de la fantasía. Hago de ella una creyente y le encomiendo: nunca olvides. Las hadas. La magia. La posibilidad del prodigio. Lo primero que lamento al poner un pie fuera de Roma es abandonar a su suerte la inocencia de una niña -exponerla sin salvavidas al tifón de un mundo sin fe-. El último día lloro un poco y lo hago por la infancia sin amparo.

VIII
(he pedido que sólo me observen los blancos ojos de las estatuas y no esos iris mezquinos, oscuros, que me violan bajo el camisón. he pedido que cualquier tacto en mis caderas sea coincidencia y no una agresión de ese hombre raído que intenta cobrar su juventud. cierro mi habitación con llave y me instigo a aprender: los hombres son crueles.
pero no lo delataré pues conozco el castigo que el tiempo depara a los débiles de corazón. yo sólo me voy, lo esquivo y me voy en mi gran pájaro de aluminio.)

X
Pero no hay lamento que dure al pisar la tierra del sol inmortal. Desciendo del avión y celebro lo conocido: la pesada humedad, el balanceo de las palmeras datileras, la súbita pequeñez de las cosas. La grandiosidad ha sido tragada por un ocaso con el que Roma, ni siquiera tú, podrías competir.

XI
Cómo explicar a Giulia, a Caterina y a la propia Roma, que las he amado.
Cómo explicar que, a pesar de todo, siempre reclamaré el regreso.