23 octubre 2013

Rayuela o qué no leer si estás escribiendo un libro


          Tengo un problema con Rayuela. En realidad no sería un problema si no estuviera escribiendo un libro. Pero escribir un libro es imposible durante o después de Rayuela. Esto parece, a todas luces, un despropósito, pero mis razones son fundadas.
            -La primera, de índole ‘técnica’: es una novela experimental. Supone un hito demasiado brusco como para que nuestro proceso creativo siga impasible tras su lectura. Rayuela es novela, antinovela y contranovela: se nutre del caos. Así que, escritor currante, tú que trabajas en tu libro como Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, pincelada a pincelada, mantente alejado de Rayuela. Porque sus páginas te harán pensar que el arte nace del desorden y de la improvisación, y entonces querrás parecerte a Pollock, y harás trizas todas tus notas, y no querrás tirar todo tu trabajo por la borda, ¿verdad?
            -La segunda razón, y la de más peso: es una novela completa. Todos tenemos una novela así en nuestras vidas. Una que, a nuestros ojos, conjuga tanta perfección que escribir por un momento deja de tener sentido. ¿Para qué? Está todo dicho. Guardemos en el cajón nuestras vagas tentativas retóricas y dediquémonos a admirar las existentes. Porque las novelas completas son inimitables e inigualables, y –la prueba del algodón– trascienden el paso del tiempo.
            Basta pasear por Twitter para comprobar lo mucho que Rayuela ha influido en el imaginario de los jóvenes lectores actuales. En los dos años que llevo en esta red social, son docenas las chicas que he visto suspirar por el Pont des Arts, o los hombres que evocan a su transeúnte más inolvidable. Está claro que para encontrar a la Maga no hay que buscarla, hay que perderse, dice Diego Álvarez @jazzmeplease, y posiblemente esté en lo cierto: Rayuela incita a la aventura. ¿Será esto lo que ha hecho mella en una generación tan posterior a la suya? ¿Por qué la Maga y no cualquier otra heroína literaria actual? ¿Por qué ansiar París o Buenos Aires en un tiempo en que mis coetáneos acaban en Londres y Berlín?
            Puede que la causa sea la libertad. Si existe algo que aglutine a jóvenes de cualquier época, es esa sed suya que clama librarse de la imposición. Aunque con el tiempo cambie de forma, el espíritu es invariable. José María Guelbenzu, crítico literario, confirma este papel de Rayuela como un soplo de aire fresco.El hombre contemporáneo pisa el terreno de la inseguridad y Rayuela es la respuesta y la resistencia a esa inseguridad, el relato de una vida a través del desorden y la mitomanía, un viaje sentimental en busca de la lucidez. Por eso gusta tanto a los jóvenes, sigue siendo una obra maestra y hoy sigue siendo rompedora.’  

                 
            Una novela rompedora para una época de ruptura
Julio Cortázar
         
           ‘El boom responde al azar, a ese azar que hace tan bien las cosas. El azar hace muy bien las cosas en la Historia, lo hace mucho mejor que la lógica. Que un momento histórico importante para América Latina, en que está dominada por un imperialismo que la quiere convertir en una factoría, en una colonia, que el azar haga que aparezcan 5, 6, 8 excelentes escritores que lanzan un montón de libros y de golpe crean un estado de conciencia que abarca todo el continente.’

            Así se expresaba Julio Cortázar en la entrevista que Soler Serrano hizo para el programa A fondo en el año 1977. Con un deje francés que evocaba su vida en la capital gala, el artista hacía alusión al contexto en que sus obras se desarrollaron. Un contexto más bien agitado. Y es que los sesenta engendraron Rayuela pero también engendraron Woodstock, la marcha por la igualdad racial, el Mayo de París y las revoluciones latinoamericanas que vendrían acompañadas del llamado boom.
            Es difícil hablar de Rayuela sin hablar del boom. Esta eclosión de las letras hispanas fue a la literatura lo que el cubismo a la pintura varias décadas atrás: la vanguardia, el cuestionamiento de los criterios estéticos establecidos. Se acaba con la linealidad de la trama y el tiempo. Se introducen voces alternativas. Rayuela es la mejor muestra de esta subversión, pero hubo otras que también supusieron la inclusión de nuevos temas. El realismo mágico de García Márquez distorsionó la línea entre realidad y fantasía; Vargas Llosa, la diferencia entre historia y ficción. En un momento en que Latinoamérica luchaba por escapar de un pasado colonial, los autores del boom devolvieron al pueblo la conciencia de su lengua, su cultura y su legado. Sus obras alimentaron el debate y llamaron a la acción.
            ¿Quién fue Cortázar dentro este movimiento? Un rostro amable, un idealista. Un alquimista, lo han llegado a decir. Nacido en Bélgica, hijo de un diplomático, vivió a caballo entre Argentina y Europa. ‘Pasé mi infancia en una bruma de duendes, de elfos, con un sentido del espacio y del tiempo diferente al de los demás’. Maestro y literato, escribió hasta sus últimos días batallando contra la leucemia. Pero, sobre todo, soñaba. Soñaba y hacía soñar con su atípica visión de las cosas, visión que rozaba el absurdo. Fue él, de entre sus colegas, quien más caló en los lectores, hasta el punto en que ya no tuvo lectores sino ’seguidores, adeptos, creyentes. Ese carisma tiene una probable explicación  y es que Rayuela fue en su época una tremenda propuesta vital, un modo de vivir y entender las relaciones humanas’ (Santiago Gamboa). 


La revolución del lenguaje y la reivindicación de la magia
            Oí una vez que leemos para encontrar respuestas. Bueno, quien lea Rayuela esperando una respuesta se equivocó en su elección. Nos hallamos ante un libro compuesto de pequeñas ­–y grandes- preguntas. Este interrogante se hace patente desde el inicio, ‘¿Encontraría a la Maga?’. En realidad, sólo el hecho de leerlo implica una duda. Seremos invitados por el autor a hacerlo de dos formas: bien en orden tradicional, bien utilizando un croquis que nos llevará capítulo a capítulo aleatorio en un salto permanente. Rayuela, como la vida, es caprichosa, enrevesada y nos obliga a tomar parte en el juego.
            Trata de las peripecias de un emigrante argentino en París, Horacio Oliveira, y de las personas que lo acompañan. El Club de la Serpiente o su círculo de amigos intelectuales; más tarde, en Buenos Aires, el matrimonio de Traveler y Talita. Conforme avanza en su argumento, Rayuela cambia de muda: de disertación filosófica a tratado de jazz, carta de amor, nube de aforismos. Pero el eje de la historia es, sin duda, la Maga. La amada de Oliveira es una mujer extraña, madre de un bebé enfermo, habitual de los puentes y amiga de los clochards. Ella, al contrario que los pretenciosos miembros del Club, no entiende de ríos metafísicos; mas su sensibilidad especial la sitúa en un plano superior. ‘Yo describo y defino y deseo esos ríos, ella los nada’, admite Oliveira, quien se sentirá atrapado y enternecido por esta figura femenina. Y nosotros, probablemente, compartiremos su destino. Porque la Maga es ese fantasma que a menudo perseguimos a lo largo de nuestra vida, al igual que la persigue Oliveira a lo largo del libro. Aunque acabe perdiéndole la pista y no le quede más que su espejismo. La Maga, haciendo honor a su nombre, es quien dota a Rayuela de magia. Una magia nacida en los asuntos ordinarios, manifiesta en el ente cortazariano por excelencia: el azar. ‘Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos’. Esta cita es la que mejor condensa la idea de casualidad y causa como motor del mundo que parece defender Cortázar. Dice Edith Aron, la mujer que inspiró a la Maga: ‘él (Julio) me decía que había que poner poesía en la vida de la gente. (...) Y cuando nos encontrábamos por casualidad, me explicaba que los surrealistas le daban mucha importancia a esos encuentros, al azar…’.         
            Poesía es precisamente lo que no falta aquí. Aunque se trate de una obra en prosa, tiene carácter de poema. El lirismo está presente aunque se camufle en el párrafo. Claro que es difícil asignar Rayuela a un género o estilo. Los puntos de vista cambian a voluntad y se omiten las convenciones. En el capítulo 34 el lector ha de leer las líneas de forma intercalada para seguir el hilo del texto. En el capítulo 69 encontramos faltas de ortografía abiertamente premeditadas. El 68 es el más popular. Cortázar va más allá y narra toda una escena erótica en un idioma inventado que bautiza ‘glíglico’. ‘Apenas él le amalaba el noema, a ella se le agolpaba el clémiso y caían en hidromurias, en salvajes ambonios, en sustalos exasperantes...’

Héctor Zampaglione
Pero incluso la devoción cortazariana tiene sus detractores. Algunos tachan Rayuela de experimento fallido; otros, de culterana y en exceso europeizante; otros, de novela que cae en el olvido con la madurez... su compatriota Damián Tabarovsky la tilda de adolescente: ‘nació cursi, llena de recursos demagógicos’. Pero quien no haya sido vergonzosamente cursi en su juventud, que tire la primera piedra.
Yo misma he comenzado este artículo arrojando piedras contra Rayuela; supongo que a estas alturas se intuye cuál es la razón. Mi verdadera razón es la envidia, porque estoy escribiendo un libro. Y es imposible escribir un libro durante o después de Rayuela. Yo era una chica cansada de las viejas historias de siempre, ya saben, presentación, nudo y desenlace, y apareció Cortázar con sus cronopios, sus vueltas de tuerca, su enredo dialéctico. Nada volvería a ser igual. Ya había existido alguien capaz de tomar la anarquía de los veinte años –de mis veinte años–, y confinarla en un volumen. Capaz de acertar a retratar una sensibilidad, qué diría Peri Rossi. Aquella que se mantiene a pesar de cualquier ruptura: el amor, la búsqueda del paraíso. Después de tal síndrome de Stendhal, crear no tenía sentido.
O quizá sí. Quizá merezca la pena crear a pesar de todo. A pesar de Rayuela, incluso. Aunque todo esté inventado. Quizá el motivo de que existan libros como Rayuela  es precisamente comprender a qué podemos aspirar. A rastrear lo inalcanzable, a perfilar un sueño y dejar que se esfume. En definitiva... a buscar a la Maga. Así que, escritor currante, tú que trabajas en tu libro como Miguel Ángel en la Capilla Sixtina, pincelada a pincelada... no dejes de leerlo.
No dejes de soñarlo.

(artículo escrito para el nº25 de Granite&Rainbow)

8 comentarios :

  1. Y tú, que escribes el tuyo, sigue escribiéndolo (y escribiendo artículos tan geniales como este).

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    1. ¡Gracias Isi! Me alegra que te haya gustado. A Cortázar es difícil hacerle justicia, he hecho lo que he podido.

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  2. Espero que tu libro no sea tan malo, o más bien, inexacto como es este artículo. Demuestras que no tienes la menor idea de la literatura hispanoamericana del XX y que tus fuentes son la Wikipedia y, como mucho, los apuntes de Bachillerato.
    No tienes la menor idea de lo que fue el Boom. No supuso ninguna ruptura formal con lo anterior, ni mucho menos se puede caracterizar como "vanguardia" (y lo del cubismo ya es para comer cerillas) Las innvaciones en cuanto a la forma que te han hecho perder la cabeza aparecen mucho antes en la literatura latinoamericana. Borges, Rulfo, Miguel Ángel Asturias,... fueron autores, que pertenecieron a una generación anterior, de verdad "subersivos" literariamente hablando, los que "rompieron las líneas entre realidad y fantasía, hitoria y ficción". El Boom fue tan solo la internacionalización de las letras hispanoamericanas. Fue, tan solo, el repentino interés de los EEUU y al editorial Tusquets por lo que estaba ocurriendo en Hispanoamérica y que inundó las librerías occidentales. Espero, por cierto, que tu referencia a la Revolución Cubana sea tan solo ideológica (y que mientras tanto Vargas Llosa se esté haciendo el Hara-Kiri) de ciertos autores, porque como pretendas ir más allá con tal afirmación te habrás columpiado por encima de tus posibilidades.
    Para hablar de los 60 en Hispanoamérica, sería conveniente que supieras que la única línea divisoria entre esta generación y las anteriores fue su entrada en los cauces editoriales capitalistas y, eso sí, el haber conseguido que la literatura hispanoamericana grabase con letras de oro su nombre en la Academia.
    Por cierto, una aclaración más, el Realismo Mágico no es propiedad de García Márquez. Tampoco lo inventó; lo único que hizo fue explotar el modelo narrativo que había creado Alejo Carpentier décadas atrás.
    El resto del artículo es basura sentimentaloide, subjetiva y que no aporta absolutamente nada a la recepción de esta obra.
    Siento si mi crítica re resulta demasiado fuerte, pero es que no se puede hablar sin saber, sin conocer ni documentarse. El material está a tu disposición en cualquier biblioteca, y me parece que no le haces ningún favor a la obra publicando cuatro conjeturas que obtienes sin ningún tipo de rigor.
    Un saludo,
    Horacio Oliveira

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    1. Para anónimo:
      Si vamos a hablar de exactitudes y de ser fieles a la historia real del boom, de Cortázar o de si García Márquez inventó el realismo mágico o no, qué bonito sería que firmases con tu nombre y apellido. Pero siguiendo con tu discurso, te diré, que Annie en ningún momento afirma que García Márquez inventase el realismo mágico. Es EVIDENTE que no lo hizo, y no encuentro dónde afirme que hiciese tal cosa. El hecho de que ella hable de "las innovaciones que le han hecho perder la cabeza", como tú mismo afirmas, no reniega en ningún momento de que esas innovaciones existiesen previamente. ¿En qué parte del artículo ves que Annie haya sido tan categórica como lo eres tú en tu comentario? ¿En qué parte el artículo se centra en innovaciones, realismos o rupturas? ¿No estaba contextualizando Rayuela? ¿Qué más da que la única línea divisoria entre una generación y las anteriores fuera la llegada de editoriales capitalistas? ¿De qué demonios estamos hablando aquí?
      Todo esto me da a entender que has leído del artículo lo que te ha dado la gana, que lo has entendido como te ha dado la gana, con el único propósito de dejar un comentario en la entrada. Y decir que "el resto del artículo es basura sentimentaloide" es tenerlos muy bien puestos, querido anónimo. ¿Por qué no nos muestras qué eres capaz de escribir tú para que nosotros lo juzguemos? El artículo está centrado en la obra de Cortázar, y está escrito en un estilo que ya quisieran muchos.
      Es muy fácil venir aquí, soltar toda la mierda como has hecho tú, con un discurso "académico" que no viene a cuento, y relegar el trabajo de Annie a la altura de la suela del zapato. Y eso, por la parte que me toca, no te lo voy a permitir. Si este artículo está publicado es porque es una maravilla. Que vengas tú y le tires mierda encima porque te parece que es poco riguroso cuando, en realidad, no se adentra ni en el boom, ni en el cubismo, ni en el realismo mágico, es tan poco bonito como "siento si mi crítica es demasiado fuerte". Pero espera, que ya sé por qué es. Annie habla desde esa "envidia literaria" que nuestros autores favoritos nos provocan. Tú también hablas de la envidia, ¿verdad? ¿Verdad que es por eso? Porque tu artículo sobre Cortázar sería uno de esos artículos académicos y aburridos que uno tiene que leerse por obligación y que se olvidan rápido. Nadie compraría ni leería Rayuela con tu artículo. Y me apuesto el cuello a que alguien si lo hará con el de Annie.
      A.

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    2. Horacio Oliveira:
      No es ningún secreto que no soy una experta en este campo (ni siquiera estudio algo relacionado con la literatura), sino una aficionada más de los libros como puede haber mil en este mundo. Evidentemente, comparada según con quién se me puede considerar ignorante, y que tengo mucho que aprender sobre muchos temas y la forma de interpretarlos. Puede que si en seis meses tuviera que reescribir este artículo, lo haría de otra manera porque quizá sabría analizarlo más exhaustivamente. Pero lo he escrito ahora y así ha salido. Con todo esto creo que se sobreentiende que no he pretendido emitir un ensayo intachable o un texto de valor académico, sino mi impresión de esta obra; de ahí su tono personal y su subjetividad, que, obviamente, puede no gustarte.
      De tu análisis deduzco que tú sí eres un entendido en literatura hispanoamericana. Siéndolo, es lógico que creas que mis datos sobre ésta se quedan cortos, o son ambiguos, o se pueden profundizar o debatir en relación a otros fenómenos y autores anteriores que en este artículo se omiten. Cuando menciono el realismo mágico de García Márquez no me refiero a que éste sea exclusivamente suyo; simplemente lo menciono como autor representativo tanto del boom como de ese género. Al igual que la alusión a la Revolución Cubana, que referencio sólo como una de las convulsiones políticas/sociales que se sucedieron en torno a esa época. Etcétera.
      La extensión dedicada al contexto es bastante limitada y no niego que quizá por ello me he quedado en la superficie. Mi fuente principal, en cualquier caso, ha sido el material que medios –en mi opinión- fiables, como El País, Ñ... tienen publicado acerca del boom y de, en los últimos meses, ‘Rayuela’ y su aniversario. Así como un par de entrevistas a Cortázar, algún que otro texto más... Puede que lo que sacara en claro de esas lecturas no fuera lo bastante acertado, o que lo haya expresado erróneamente a ojos de alguien muy crítico o muchos conocimientos sobre esto. Pero lo escrito, escrito está. Una siempre intenta hacer las cosas como puede y le vienen, y las críticas, aun negativas, ayudan a crecer y a mejorar en la forma de enfocarlas. Así que gracias, de todos modos, por tu tiempo y tu opinión.
      Un saludo.

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    3. A:
      Comprendo que, ante una visión más erudita, textos de este estilo flaquean. Claro que sentar cátedra nunca ha sido mi objetivo. Me queda mucho por leer y comprender, sólo tengo veintiún años y no voy a pretender lo contrario. Es inevitable que haya personas a las que no les guste ni lo que hago ahora ni lo que haré dentro de diez años. Cualquier cosa de cualquiera puede ponerse en tela de juicio, y ser señalada en sus posibles debilidades. Las malas críticas estarán ahí, lo único que puedo hacer al respecto es aceptar las constructivas y tratar de aprender de ellas siempre que esté en mi mano.
      Por lo demás, muchísimas gracias por aportar tu propia visión de lo que has leído. Siempre es una ilusión saber que alguien sigue, comprende y disfruta lo que haces.
      Un abrazo :)

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    4. Querida Annie,
      Para empezar, celebro tu buena actitud ante una mala crítica (algo que no puedo decir de tu 'hooligan' anterior)
      Hay muchas formas de acercarse a un texto literario: el artículo erudito, la tesis doctoral, el artículo periodístico, el texto para la contraportada de una edición,... Evidentemente, cada uno de estos modelos tiene un público y un objetivo diferentes, pero eso no los excluye de estar escritos desde el rigor máximo. El hecho de escribir un artículo de divulgación (no erudito), no exime a nadie de hacer afirmaciones falsas o incorrectas. Si no eres una experta en este campo (yo tampoco me considero como tal, por cierto), lo mínimo que deberías hacer es buscar fuentes fiables para escribir este artículo. Si no tienes tiempo para ello, o ganas, lo mejor es que dejes al señor Cortázar y a toda la humanidad tranquilos.
      Me he centrado en corregir las falsedades de la parte del contexto, puesto que son las que se pueden refutar de forma más objetiva; pero si me preguntas por el cuerpo del texto, creo que no has comprendido casi nada de la obra y que tus apreciaciones se basan en una lectura que supongo muy superficial.
      En definitiva, creo que una obra de magnitud de Rayuela no se merece un trato tan superficial y básico. La difusión de ideas inexactas, prescindibles y sin ningún trasfondo crítico no hace más que ensuciar la historia de un texto y ofrecer al gran público una imagen distorsionada del mismo. Si no sabes de literatura, y no estás dispuesta a documentarte, lo mejor es que apartes de ti la pluma y la dejes a asuntos de los que puedas aportar una opinión más completa.
      H.O.

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    5. Horacio:
      Celebro tu defensa de esta obra y tu preocupación por lo que pueda aportarle a la recepción de ésta un artículo de mala calidad. Ambas cosas me parecen legítimas y creo, incluso, justifican la dureza de una crítica. He entendido y respetado tu intención; simplemente, me reitero en la mía de aprender, esforzarme en todo aquello que flaqueo y hacerlo mejor la próxima vez. Soy demasiado joven para batirme en retirada y, desde luego, no seré la primera en cometer y superar errores. Por lo demás, no sé qué otra cosa puedo añadir sobre este asunto...
      ¡Un saludo!

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