04 octubre 2013

Apunte sobre bodas (primera parte)


               1. No hace mucho que conocí a McCullers. Fue a través de un fragmento de La balada del café triste, ése sobre el amante y el amado que tanto gusta a la gente. Después devoré el libro y no tardé en comprender que acababa de hacer uno de los hallazgos de l año. Carson es, y me quedo corta, una cuentacuentos de alto nivel. Escribe desde el sur y para el sur, y por eso sus textos son difíciles de llevar en este principio de otoño, el más tórrido que recuerdo. Pero sobre ella ya hablaré más adelante. Hoy he venido aquí por culpa del matrimonio. Porque de un tiempo a esta parte se ha colado en mi cabeza y también entre mis lecturas.
               Frankie y la boda lo encontré en Taifa, en mitad de un viaje a Barcelona muy hermoso y algo triste. Así es este libro, hermoso y triste. Frankie tiene doce años. Es una chica tosca y andrógina cuya vida trascurre presa en un pueblo que la aburre. Se parece un poco a mí a los doce años, cuando aún no tenía carnet de identidad, ni identidad, y me soñaba feliz en ciudades lejanas –aunque qué sabía yo de lejanía entonces–. Frankie se siente sola. Frankie busca escapar. Y encuentra el modo, o eso piensa. Su hermano está a punto de casarse y, cuando lo haga, la llevará con él. Debe llevarla con él, aunque ésto lo decide sin preguntarle. El hermano permanece ausente durante toda la historia pero eso no le impide soñar. La niña teje febrilmente, rozando la obsesión, la fantasía que pronto se convertirá en su nueva vida. O eso cree.
               2. Cuentan que Carson concibió este libro al pasar delante de un convento que tenía la puerta abierta; en su interior vio niños que jugaban y comían helados. Los helados, ese símbolo pueril y universal del deseo. Cuando era pequeña conocí a dos hermanos del este que habían sido adoptados. Desconocían qué era poder comer cuanto quisieran, y lo primero que pidieron fue helado. Después otro, y otro, y otro. Probablemente comieron helado hasta que se convencieron de que no les estaba prohibido. Un helado imposible, de eso trata Frankie y la boda. Del deseo negado. De la puerta abierta del paraíso que se entorna al sentirnos cerca. De qué significa no pertenecer a algo, pero tampoco a nada; vagar en las fronteras, vivir en tierra de nadie.
No tenía miedo de los alemanes ni de las bombas, ni de los japoneses. Tenía miedo porque no querían incluirla en la guerra y porque el mundo, en una forma u otra, parecía separarse de ella.
            3. Según la sinopsis, Frankie atraviesa una crisis adolescente; en mi opinión, simplemente ha llegado a la primera sospecha. Aquella en que descubrimos que «pertenecer» no existe y que todos somos un poco apátridas. Frankie se sabe en todo momento fuera. Fuera del club de chicas del pueblo: demasiado pequeña para bailar. Fuera de la guerra que todos mencionan: demasiado pequeña para luchar. Fuera de la boda: demasiado pequeña para ¿entender el amor? Se sabe fuera y por ello se pasea arriba y abajo, anunciando a sus vecinos que pronto se marcha, que pronto vuela.
 Es mucho más fácil, pensaba ella acordándose de Berenice, convencer a los desconocidos de que van a realizarse nuestros más entrañables deseos, que a las personas que tenemos en nuestra propia cocina.
               4. Negación: la primera reacción ante una verdad desagradable. En este caso, la soledad. La soledad ante una boda inminente que nos aparta. Es curioso como el matrimonio, una unión por definición, también es capar de trazar una línea divisoria entre los dos y el todo. Toda unión es exclusión. Mamá lo sabe y lo cuenta siempre. Cuando me casé con tu padre, tu tío lloraba y lloraba. Que no me fuera, decía. Que iba a perder a su hermana.
           5. A mamá le gustan las bodas porque está cansada de tumbas. Porque significan, parece creer, desterrar la idea de quedarse aparte. Aunque conlleve dejar atrás a hermanos pequeños que lloran. O que se engañan, como Frankie. Su final es decepcionante. Como ya esperábamos, la pareja de novios se casa y se va. No la invitan a subirse al coche. También ella se lo esperaba, en el fondo. Demasiado pequeña para bailar. Demasiado pequeña para luchar. Demasiado pequeña para entender el amor.
                6. Lo que no sabe es que quienes están dentro, también están solos.

8 comentarios :

  1. Qué forma más bonita de reseñar un libro. Me han dado muchas ganas de leerlo.

    ¡Besos!

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    1. Mi plan es ir haciendo más reseñas así de vez en cuando. ¡Me alegra que te guste! :D

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  2. Creo que ya tengo próxima lectura.

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    1. ¡Te gustaría, creo! Carson McCullers es geniaaaaal, uno de mis mejores descubrimientos. Bukowski le dedicó un poema y todo :)

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  3. Una reseña preciosa, ya me he apuntado a McCullers para buscarlo en las librerías! (:

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    1. ¡Espero que te guste tanto como a mí! :)

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  4. Con esta reseñas que haces me entran ganas de escribir una novela, enviarla a las editoriales, que la publiquen y después esperar a que compres mi libro aquí sentada, actualizando una y otra vez tu blog.

    Un beso, bonita.

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    1. Te reseñaría encantada y lo sabes. Aunque mi credibilidad sería escasa, teniendo en cuenta que has sabido comprarme con comida... ñam!

      Je t'adore, mon amour.

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