19 mayo 2013

(mañana en la batalla piensa en mí)


Voy a robarle la voz a los genios
y a soplártela al oído
y a modelar con ella un poema
que merecías antes de nacer
y que ha de mecerte en tus noches más negras
hasta hacerlas amanecer de madrugada
como hace el Ártico con la aurora.
Comencemos.

Mañana en la batalla piensa en mí, que diría Shakespere,
y yo te digo que no me olvides
pues mi batalla es precisamente no pensarte
perdido en las calles de infinitas ramas
de muchas y mejores opciones
caminos inescrutables
que fácilmente te llevan lejos...
tentándote con acuáticos cantos,
colas de sirena, escamas mitológicas;
Calíope
te ofrecerá Ilíadas
que se antojarán más bellas que mis labios
que acabarán por ser islas conocidas
secas, yermas de epopeyas,
perfiles de un dolor anclado,
velas de un viento que se detuvo,
Penélope destejiendo el tapiz.
Y al final creerás que llevas tantos siglos
persiguiendo la vuelta a casa
que el destino pierde brillo a cada milla,
fundiéndose en la espuma de las olas,
te rindes al viaje y me das por perdida.

No soy más que una elección.
Me pregunto, si en privado, me tomaste entre tus brazos
mientras dormía; si me depositaste
en la balanza donde se mide el delirio
para averiguar si mis anhelos
excusan el peso de mis temores.
No te dejes engañar, las cifras son crueles,
devuélveme a mi cama, y te mostraré
todo lo que me queda por darte:
la emoción que no sé poner por escrito
las lágrimas que no he llorado
el frío que no me atreví a delatar
el deseo que no reconozco
pues va acompañado de una cierta tristeza.
Y si esto no es suficiente
              –lo entendería, los héroes se alimentan
              de honores y litros de aguamiel
               y mis palabras se parecen más al chapoteo del agua en los tejados
              y el único honor al que se deben es a aquel que traicionan–
te puedo regalar, también,
el sudor que empañe tu talón y te borre la muerte
un laberinto de lengua donde matar al toro
el claroscuro de mí, donde refugiarte
cada vez que Helios blanda la amenaza
de derretir tus alas, travieso Ícaro.
Yo bordaré todas mis sombras, haré
un manto que te arrope en la trinchera inhóspita
la venda que beba de tu herida
la bandera que claves en terreno enemigo.

Pero después, prométeme,
después de la última granada,
cuando sólo estéis tú y un millar de caídos
que esquivar a tientas entre la neblina
después de que todas mis cartas
desvíen la bala de tu pecho,
después
prométeme tu vuelta.




11 comentarios :

  1. Tan precioso como siempre :)

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  2. Prometo regresar a Ítaca
    incluso cuando las Ítacas
    pierdan su sentido
    y perdamos el rumbo
    que nunca establecimos.
    Prometo navegar
    entre tormentas
    buscando siempre
    tu estrella
    para regresar
    a mi única patria,
    tu cuerpo.
    Cuando más dura sea
    la batalla te pensaré
    y podré luchar

    Prometo pensar
    como un ateniense
    y morir
    como un espartano.
    Y si no te pienso
    en la batalla
    es porque habré caído.
    A todo héroe
    le llega su hora.
    Pero mi hora está
    lejos todavía
    y mis pasos me guían
    al consuelo de la
    única patria
    por la que quiero
    matar y morir: tú.

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  3. Ah, por dios. Tengo la piel de gallina. Maldita seas, Annie, o bendita, ya no sé.
    Para mí, te has superado.

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    1. Leer algo así ya alegra mi mañana :D Muchísimas gracias, Clara.

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  4. Me ha encantado cada verso del poema. Echaba de menos leer algo tuyo

    Besitos :)

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  5. Y quien ser atrevería a no regresar después de leer esto.

    (sonrisa de elefante)

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    1. Eso quisiera yo, que regrese.
      ¡Un beso! :)

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  6. nunca había leído algo así, bonitas son tus palabras, me quedo en tu rincón para volver de nuevo.

    un saludo
    (buen martes)

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    1. Muchísimas gracias, me alegra que te guste :)

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