04 abril 2013


               Conocí a un hombre,
               me rasuré.
               Mi madre entró por casualidad en el baño
               vio las cuchillas
               me dijo:
               niña,
               todo lo que Dios nos da
               está ahí
               por alguna causa.
               Mencionó hongos
               infecciones
               yo la eché
               acabé la tarea
               me acaricié,
               satisfecha:
               era suave
               y extraño.
               No parecía sino una niña
               yo, que mi deseo
               era del todo adulto
               yo, que me descuidaba
               y me convertía en otra persona
               de dientes más largos e hirientes
               de piel más gruesa, casi reptilínea.
               Pensé: he decrecido años.
               Pensé: prefiero
               lo salvaje.
                             
               Pero él lo vio y amó cada pliegue
               al descubierto.
               Lo probó y yo olvidé la misión
               divina de mis partes del cuerpo,
               olvidé el sino que me traza Dios
               cuando le cuesta dormirse
               y me usa a mí para matar el rato.
               Olvidé los bosques,
               que tienen sentido
               sólo por los árboles que los pueblan
               sólo por el musgo sobre sus troncos
               y los hongos –sí, también los hongos–
               colonizando sus raíces.
              
               Pero un día, él se marchó
               tal vez cansado
               dijo adiós sin despedirse
               de la desnudez que inventé
               por su cumpleaños
               por su culpa.        
               Y yo me dejé invadir
               por lo que antes
               arrancaba de cuajo
               para quién, si no,
               exponer lo sucio
               de mí misma.
               Para quién el sacrificio de todos los griegos en todos los altares
               para qué el culto sin garantías
               de paraíso
               o sin ambrosía goteando de mis labios
               como arroyos ligeros de un pasado sueño.
               Para nadie.
               Me levanté, me dije
               que era bueno
               conservar el cuerpo que Dios me hizo
               aunque yo no crea en Dios, y piense en la manzana
               a la hora de evocar el origen.
              
               Mas si él volviera, después de otros mundos,
               convencido tal vez de que no debió irse
               sé que mi puño se cerraría
               en torno a la hoja
               y la empujaría de nuevo a la siega
               de todo lo que me protege
               por mucho que me resguarde
               de enfermedades
               y ahora entiendo lo que me dicen
               quienes son más sabios, y han visto mucho
               eso de que por amor renunciamos
               a todo aquello que nos custodia
               aquello que nace con nosotros
               y nos define
               y
               que
               a pesar del láser
                           –y otros milagros de la técnica.
               volverá a crecer
               con nuestro permiso.
              
Alexandra Sophie

22 comentarios :

  1. Cada vez que te leo me gustas más ♥

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    1. Y lo que me gusta a mí que me lo digas. ¡Gracias, Carla!♥

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  3. Dios, me encanta, en serio. Ha sido un subidón tremendo. Quiero tener tus libros en mi estantería ya, y lo digo muy en serio.

    Te idolatro.

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    1. Me temo que tu estantería va a estar vacía por mucho tiempo, si es que alguna vez se llenara con algo mío. ¡Pero nada me haría más ilusión que me tuvieras tú!

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  4. Secundo a Keiko. CÓMO escribes, madre m-í-a.

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  5. Me parece apabullante como eres capaz de escribir estas cosas, tan bien escritas, con tanto vocabulario y transfondo, a la vez que lo haces poético y hermoso, visual, plástico. No sé si invocas a las musas, pero es maravilloso.
    Cada vez visualizo más el lomo de tu libro entre los otros, tu nombre en letras delicadas en el lomo desenvejecido. Como si fuera a ser siempre antiguo y eterno.

    Eres tan bonita..

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    1. Darte las gracias ya es un gesto diario. <3 :)

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  6. Me ha gustado mucho, me ha gustado especialmente. ¡Eres fantástica!

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    1. Buah, muchísimas gracias, Verónica :D

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  7. Increíble Annie. No sabía que algo así pudiera describirse con tanta poesía. Tu vocabulario es una maravilla.

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    1. Es un placer que te guste, de veras, muchas muchas gracias.

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  8. La primera vez que leo algo tuyo y es totalmente increíble. Sin duda era cierto aquello que decían de ti... Ha sido como si lo sintiera, como si todas esas palabras estuvieran ordenadas en un orden completamente perfecto. PERFECTO.

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    1. No sé que dicen de mí (si es que dicen algo), a veces prefiero no estar al tanto de ello jajaja. Pero me halaga muchísimo que te hayas pasado por aquí sin conocerme y hayas disfrutado algo mío. Es indescriptible, gracias de veras.

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  9. Renunciamos a barreras. Y a la niñez, y a ese lugar tan puro, tan cálido que es el de nuestra inocencia. Y todo por amor, o por deseo, o por algo que, sin poder evitarlo, se irá.

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    1. Eso era justo lo que sentía al escribirlo...
      (Y sí, se irá. Siempre lo hace.)

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  10. Me encantó cuando lo leí por primera vez y ahora que lo he releído me ha gustado más. Es precioso el juego que haces alrededor de ese doble desnudo del personaje, tomando como origen del huracán el corte que acompaña al desnudo de su alma, y todo va girando con una potencia increible, y "Para quién el sacrificio de todos los griegos en todos los altares" (me encanta este verso) eso mismo me pregunto.

    Para quién.

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    1. (para quién. para nadie. o para todos, en realidad)
      Muchas gracias.

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  12. Dios mío. Es la primera vez que sé de ti, la primera vez que entro en este blog, la primera vez que leo algo tuyo. A pesar de todo eso, me dejas sin palabras. Cada verso, cada palabra, me parecen perfectos, absolutamente indispensables.

    Gracias por escribir tan bonito.

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