06 febrero 2013


               En el principio Madrid eras tú,
               sus bares de mus, y sus tiendas de viejo
               sus largas colas el 1 del mes
               el smog que entinta las nubes
               (aquí no se ven)            y hace el cielo cítrico.
               Pero llegué y le entregué mis zapatos
               sus adoquines no me hacían daño
               hasta el primer paseo
               amé cada sombra de cada árbol
               odié los cláxons, temí del metro
               y sus márgenes amarillos.
               Dormí en uno de sus miles de cuartos:
               no hubo estrellas antes de morir.

               Y
               al día siguiente
               hicimos todo lo que hacíamos nunca
               cuando no existía más que Renfe
               y un avión en mis fantasías
               antes de mandar aquella carta
               y seguirte.
               Qué fácil.
               Así que, como siempre, era domingo
               me calcé esperanza en mis pies inquietos
               y en el anular la flor de Perséfone.
               Me llevaste a una pastelería famosa
               compartimos el chocolate
               en la proporción habitual.
               Dimos dinero a aquel violinista
               hojeamos libros, y nos olvidamos
               de cómo era despedirse
               con un ‘hasta que quiera el presupuesto.
              
               Pasa el otoño
               pasa el domingo; Invierno
               trae consigo
               la ingrata obligación moderna
               de los siete días laborables.
               Hemos dejado de ser ciudades
               No pertenezco más a mi tierra baldía
               que se olvida de mí a cada minuto
               aunque no pasan dos sin que le escriba.
               Y la gran ciudad es pregunta,
               y se empeña en formularse
               cada vez que salgo de casa.
               ¿Quién eres? ¿A quién buscas?
               ¿A ti?; date por perdida.
               es la primera vez que veo tu rostro
               en estas calles que son como trampas
               para ti que eres hija del sol.

               Después de muchas semanas
               lo comprendí, yendo hacia tus brazos,
               recordé lo hermoso de hacer la maleta
               contra todo pronóstico climático
               descender aterida en Atocha
               buscarte allí, y encontrarte siempre.
               Supe entonces que había caído
               en un error más que común:
               creer que a Madrid iba a amarla
               sólo porque a ti te amo
               lo indecible.
               Así que en adelante me retracto:
               Madrid no eres tú, todo lo contrario,
               eres el eco de su voz, su espejo
               la experiencia que en ella erigimos
               y que revivo en lo inhóspito de sus noches naranjas.
              
               Y esa experiencia no tendrá espacio
               ni contención; se desliga del plano,
               será sin lugar y también sin muros.
               Foránea en su propio hábitat.
               Mutable
               y extranjera
               exactamente
               como yo.

13 comentarios :

  1. Estoy segura de que mis nietos en la escuela te van a estudiar.
    "Annie Costello, la grande, la magnífica".
    No lo dudo.

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    1. Eso es pasarse kilómetros, yo que ni siquiera he publicado nada. Pero el mero hecho de que me lo digas ya es genial, muchas gracias :)

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  2. Increíble Annie, increíble.
    Ojalá pronto una obra tuya en mi estantería, para poder leerte cuando a mi me plazca, en cualquier lado, sin prisas.
    ¡Y además de artista, guapa!

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    1. ¡Lorena! Ojalá pronto una obra mía pero terminada, que parece una tarea imposible, y más con esta carrera estresante que no me deja tiempo para leer otra cosa que no sea morralla polvorienta...
      Gracias, preciosa.

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    2. Me sumo a lo que dice Lorraine. Y sé que pasará, tarde o temprano pasará =)

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  3. Me ha encantado, que lo sepas :)

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    1. Es mutuo, y seguirá siéndolo (¡a menos que no haya reencuentro!).

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  5. El encanto de Madrid y de tus palabras junto solo puede ser magnífico.

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    1. Es un halago que creas que esa mezcla es algo tan bueno. Muchísimas gracias.

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  6. Tendemos a relacionar ciudades con personas, y no nos damos cuenta que son los momentos los propietarios de esas ciudades, los recuerdos que nos hacen relacionar conceptos y relacionar personas con ciudades. Me ha gustado mucho el texto. Sigue así :)

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    1. Ése fue mi gran error. Persona es persona y no plano de metro.
      ¡Muchísimas gracias!

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