13 febrero 2013


Supimos que eran mujeres disfrazadas de niñas, que sabían del amor e incluso de la muerte.
Jeffrey Eugenides


Éste será mi último anuncio disfrazado de pseudoprosa. A partir de ahora sólo regalaré cuentos. Sobre otros. Para otros. A quién le importa la contrariedad de mis destinos inquietos. A quién le importan mis falsos poemas. Hay mucho más dentro de mí. Prometo que hay amor del que abrasa. Que hay ganas de desaparecer cuando el día arrecia y el espesor de la cortina no es capaz de huir su embestida. Prometo que hay vísceras que se retuercen ante la sola mención de la muerte y también ante su deseo; yo no voy a suicidarme, se lo debo a alguien, se lo debo a los libros sobre mi mesilla, aún no son suficientes, ¿lo serán algún día? Prometo que hay muchas cosas tras esta garganta, aunque para haber tanto se siente vacía. De adolescente fui golondrina, extravié mi canción en mitad del vuelo, recuerdo tratar de recuperarla, recuerdo aspirar con el diafragma pero era mi pecho el que bajaba y subía y de allí no nació una sola nota. Proyecta la voz hacia el cielo, me decía el barítono con sobrepeso. Como si en algún momento hubiera yo corrido mi lápida, abandonado mi húmeda y subterránea matriz.

Lo que quiero decir es que algo me habita, desde hace demasiado tiempo, repiquetea, regurgita, me despierta cuando no debe, y qué otra cura es posible sino permitir que fluya hacia el sitio correcto: el libro. Quizá ya estaba decidido. Mis veintiuno serán año de novela. La clave está en salir de mí: hoy te llamas Annie y no sabes quién eres, pero mañana has de convertirte en el otro y obedecer el edicto de la voz. La voz de la musa, aclaro, yo no creo en musas, aún menos en Dios, pero tengo fe en la literatura y amo a sus hijos cosidos de aire, ¿me hace eso una hipócrita? ¿Una agnóstica de salón? Volvamos a la musa y a sus deberes. Me ordena la musa: camina por la calle. Observa a las jóvenes pasajeras, calcula sus tobillos, codicia sus muslos, empápate de las risas que se estrellan contra el aire. Extirpa lo solo de sus miradas y lo triste que esconden en algún lugar, pues son lo único que sabrá saciarme en las horas yermas que te aguardan, a ti y a tu pluma. Pretenciosa. Me ordena la musa: retén la inocencia, absorbe todo lo que a ella concierne, conoce sus límites, subráyalos con las uñas, pregúntale cuál es el momento exacto en que la oruga deviene mariposa, pregúntale sobre el sexo y la sangre, y el parentesco que consuman en los cuerpos blancos de las hembras. Me ordena la musa: camina, observa, calcula, codicia, empápate y aun mojada extirpa, retén, absorbe, conoce y delimita, pregunta, lame, sangra.
He aquí el dictado invisible, he aquí los próximos meses en mi mesa. Levantar la historia que nunca supe, la historia que deje atrás el cuaderno, que tenga lomo propio, que sea acariciada; una historia que arañe y que maúlle como maúllan las muchachas que le dan forma, muchachas gato, muchachas espectro, muchachas ágiles, delgadas y ausentes como nunca sabré escribirlas. 
Después podré respirar. De nuevo.

8 comentarios :

  1. Al escribir ficción, también es uno mismo quien se retrata, reorganizado y disimulado.

    Chandler afirmaba: “Los escritores son todos unos proxenetas. Prostituyen lo que ven y a la gente que conocen, y le dan una vida nueva en un libro, negro sobre blanco”, y Baroja iba más allá: "todo lo que no es autobiografía es plagio".
    Nadie puede ser ajeno a su personalidad ni a sus vivencias aunque trate de partir de cero al escribir.

    Quizá ahí reside la magia.

    Salud.

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    1. Yo siempre he pensado que el uno y el otro van de la mano en lo que a arte se refiere, y que no existe literatura no personal (no la que admiro, por lo menos). Te doy la razón, por tanto. La magia reside en eso.

      Un saludo :)

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  2. Tus textos quitan el aliento, en serio. Quitan el aliento y (no sé cómo decirlo) creo que lo que más se aproxima es "calan hondo". Y encima esa frase de uno de mis libros favoritos...

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    1. Que calen hondo es lo máximo que puedo pedir... mil gracias.

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  3. Creo que si es algo que sale tan de tu interior será algo que disfrutarás y debes hacer. No dejes que te atormente el proceso y vívelo tan intensamente como puedas.
    ¡Besos!

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    1. Pienso vivirlo, ¡por mucho que me cueste! Gracias, Isi.

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  4. Hola Annie,
    buen relato para expresar lo que sientes cuando escribes.
    La verdad es que la mente vuela con los personajes y tu te sumerges en ellos, eso es lo que he podido sacar del escrito. A mí también me pasa que los personajes que inventó son parte de mí, porque he sido yo quién los ha creado.
    Un saludo.

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    1. A algo así me refería, sí. Yo los siento como míos, como mis hijos, extrañamente.
      Un beso :)

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