20 septiembre 2012

Vivir en cuartos de hotel. Imaginar que su anterior inquilino permanece allí y te mira dormir por las noches. Envolverte en una manta que no huele a ti ni a él ni a nadie, sino a la impersonal lejía encargada de eliminar tantos rastros anónimos. Escuchar el ronquido del padre y pensar quiero volver a casa sólo que ahora ésta es tu casa, niña nómada, esta ciudad impetuosa que tras la ventana aguarda las primeras luces.

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