22 noviembre 2017

Bautismo: incienso y palisandro

Xu Bing
... que lo que el árbol tiene de florido
vive de lo que tiene sepultado.
Francisco Luis Bernárdez

La vida cambia rápido. La vida cambia en un instante.
Te sientas a cenar y la vida como la conoces termina.
Joan Didion

¿Qué ha cambiado?, te preguntan. No sabes qué contestar. Tus partes continúan en su sitio. Tus rasgos se niegan a moverse. Tu melena sigue clamando la misma rebelde tendencia al rizo. Al igual que tus labios al alza. O tu espalda hacia abajo ante el peligro. Eres otra, tan distinta como intuías que serías, y eres, también, aquella que has llevado dentro siempre.  En algún momento el incienso dejó de perfumar el espacio para perfumarte el espíritu. Y ojalá nadie -tampoco yo- extrañe a aquella que se va, que sale de mí y me abandona, esencia grana, palisandro, muriendo en féretro de aire. Ojalá simplemente amemos a aquella que hoy se levanta y camina.

01 noviembre 2017

Padre (del latín pater): Origen, principio

Que anoche era de piedra
y al alba era de mimbre.
Marea

Yo nunca pregunto por las serpientes.
Joan Didion

Cuántas cosas te llevarás contigo a la tumba y cuántas cosas me habrías preguntado o quizá me habrías pedido que guardara para mí, los chicos, las palabrotas, las borracheras, tres cosas ya imposibles de esconder tras la puerta cerrada; cuántas ínfimas intimidades querrías haber ignorado y cuántas otras te enmudecerían si tan sólo las supieras. Como que hoy, otro día en que soplas dos pequeños fuegos, en que ojeas Patria, en que me besas en la iglesia porque hace tiempo no venía contigo; como que hoy, durante una tarde que se me antoja infinita, mientras tú duermes la siesta y mamá plancha tus camisas, yo estoy en una cama en la que he llorado otras veces, escuchando unas palabras que ya he oído otras veces, enfrentándome a un veneno que parezco no vencer nunca; como que hoy vuelvo a alejarme de ti y no porque cumplas años, sino porque mientras tú vives yo pienso en dejar de hacerlo, me siento en un suelo frío y vuelvo a teñirlo de rojo, y los golpes asustados y esa voz que me  llama son apenas un eco que se extinguirá cuando quede a solas. Cuántas cosas no podrías perdonarme si te enteraras, y no es lo que hago en los bares o los apartamentos o las calles, fuera del perímetro de tus cuidados y esperanzas, no; es la angustia culpable de haberte hecho causa primera, de haberos convertido en la excusa por la que, a veces, sigo siendo cuando ya casi he dejado de ser. 

15 octubre 2017

Callar y quemarse

Dino Valls
Callar y quemarse es el castigo más grande que nos podemos echar encima.
Federico García Lorca

—Son como yo —replicó aquella reina inédita—, sienten la nostalgia del fango.
Honoré de Balzac

si rompí a llorar en el cuarto de los vinilos y los sueños, de los cigarrillos y los almuerzos improvisados, fue al reconocer allí el hilo que enhebra mis poemas de estos años, una colección que acabada con timidez, decisión, como imago abandonando la crisálida; he estado escribiendo un libro pausado en honor de las cortesanas, las que callan y se queman, paradójicamente las que suelen alzar la voz y arder

y lo he escrito así

antes de santa
quisiste ser cortesana hebrea

estás viviendo entre las garras de un buitre leonado

el deseo se despliega en todos los lenguajes del mundo

y hoy amanezco en la tristeza de un domingo inmaculado, mamá llegando de misa, diciendo te traigo una anécdota o quizá un milagro, una chica ha subido al altar en la homilía para hablar de su conversión, de cómo volverse hacia el cielo le trajo luz y le trajo paz, y yo pensando, así me irán las cosas, imaginad, pensando que igual mamá siempre tuvo razón, que mi culpa sólo fue la de alejarme del sagrario, que sólo el cielo puede darme lo que la tierra me niega

y por eso debo acudir a su llamada cuanto antes

y hoy reviso el borrador acabado, todavía lleno de notas y de fallos, porque un libro tarda más en pulirse que en tallarse, y encuentro una suerte de vaticinio

callarse es castigo y regalo
sólo en la ausencia absoluta de palabra
podrás ser libre

23 septiembre 2017

Volver al poema, volver al bucle

Apollonia Saintclair
estoy volviendo a reunir poemas. a construir un mensaje a partir de fragmentos sencillos. no tengo más que ofrecer: susurros. la educación de una cortesana. mujer que sangra. que llora. mujer que calla, calla, calla. escribí un grito sobre la locura y ahora estoy escribiendo un silencio sobre el amor, el cuerpo, el rencor que nace de ambos y de ambos se alimenta
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estoy volviendo a dejarme el pelo rizado. es una decisión más compleja de lo que parece: permitir que mi pelo crezca es también permitir que nazca la mujer que soy: mujer fiera mujer manglar mujer capaz de tragar ciudades. me sitúo frente al espejo y me acaricio la nuca, los bucles incipientes que asoman entre los cabellos lisos, abrasados por el tiempo y el deseo de perfección. calibro: tardará en ser, como todo lo natural, lo que requiere paciencia y siembra, el rizo, las magnolias, reconciliarme conmigo misma de un modo que ya he olvidado