30 enero 2018

Mira: tengo entre las manos un jarro de ternura.

Denise Grunstein
Mira: tengo entre las manos un jarro de ternura.
*
Se ofenden ante mí las risas, como deben
ofenderse los pájaros enfrente de una jaula.
Ofendo como un rostro de náufrago en el lago.
*
estamos resistiendo la precipitación de lo que nace
*
Y después, boreal,
untándote la voz con dátiles y miel
y con los ojos llenos de culebras dormidas,
suave, cortés, mas sin vacilación
y, en fin, como si hablaras
desde las puntas de tus pecho
respóndele que sí, que sí es posible
esa ya antigua muerte augusta
sufrir y consumirse y reventar de amor.

Esto dile en mi nombre
y vuélvele la espalda.

Y a nosotros que nos proteja la fortuna.

Félix Grande

Mira: tengo un jarro de ternura entre las manos a punto de derramarse, a pesar de su firmeza. Mira: a pesar de la luz -no hay engaño alguno en mi risa-, una noche conmigo puede ser claustro de silencio. Mira, se trata de eso: si te asomas a mis ojos como a mis bóvedas, sabrás que el miedo vertebra todos sus pasos, articula y sustenta sus muros. No me inquieta decirlo pues es algo que nadie pregunta, a-qué-tienes-miedo-exactamente: a ser descubierta y perdida como un tesoro: a ser escuchada como el oculto rumor de las caracolas: una belleza de origen blanco: un oleaje sin raíces.

18 enero 2018

Caledonia: La trayectoria del aire.

Todos los árboles del mundo me parecen mis hermanos.
Han Kang

Si escuchas en la orilla la voz de la gaviota, nunca más descansará tu corazón en el bosque.
Tolkien

(...) and no one sees her now along the mountains
but all may hear her, for her voice is living
Ovidio

Te comprendes cuando te marchas. Es así, así será siempre. En Avalon tuviste que herirte para entender el color y la textura del dolor; en Tamazgha, entregarte a la arena y sus moradores para saber, de una vez por todas, que sí eras valiente. Pero el aprendizaje en los campos de Caledonia fue distinto:

Mira, aquí estás tú, erguida frente al viento endiablado de Calton Hill, y aunque sufras el frío esperado y seas dura rival del invierno, no te sientes ajena a esta escena ni a sus estragos; hay algo en ti que se sabe lejos, demasiado lejos del suelo que te aferra a tu pesar; algo en ti que te sabe leve. Sigues la trayectoria del aire y, tarde o temprano, quien te busque, quien te persiga con la mirada, perderá tu rastro en las nubes. Estarás en todas partes y en ninguna.

Serás intangible.

22 noviembre 2017

Bautismo: incienso y palisandro

Xu Bing
... que lo que el árbol tiene de florido
vive de lo que tiene sepultado.
Francisco Luis Bernárdez

La vida cambia rápido. La vida cambia en un instante.
Te sientas a cenar y la vida como la conoces termina.
Joan Didion

¿Qué ha cambiado?, te preguntan. No sabes qué contestar. Tus partes continúan en su sitio. Tus rasgos se niegan a moverse. Tu melena sigue clamando la misma rebelde tendencia al rizo. Al igual que tus labios al alza. O tu espalda hacia abajo ante el peligro. Eres otra, tan distinta como intuías que serías, y eres, también, aquella que has llevado dentro siempre.  En algún momento el incienso dejó de perfumar el espacio para perfumarte el espíritu. Y ojalá nadie -tampoco yo- extrañe a aquella que se va, que sale de mí y me abandona, esencia grana, palisandro, muriendo en féretro de aire. Ojalá simplemente amemos a aquella que hoy se levanta y camina.

01 noviembre 2017

Padre (del latín pater): Origen, principio

Que anoche era de piedra
y al alba era de mimbre.
Marea

Yo nunca pregunto por las serpientes.
Joan Didion

Cuántas cosas te llevarás contigo a la tumba y cuántas cosas me habrías preguntado o quizá me habrías pedido que guardara para mí, los chicos, las palabrotas, las borracheras, tres cosas ya imposibles de esconder tras la puerta cerrada; cuántas ínfimas intimidades querrías haber ignorado y cuántas otras te enmudecerían si tan sólo las supieras. Como que hoy, otro día en que soplas dos pequeños fuegos, en que ojeas Patria, en que me besas en la iglesia porque hace tiempo no venía contigo; como que hoy, durante una tarde que se me antoja infinita, mientras tú duermes la siesta y mamá plancha tus camisas, yo estoy en una cama en la que he llorado otras veces, escuchando unas palabras que ya he oído otras veces, enfrentándome a un veneno que parezco no vencer nunca; como que hoy vuelvo a alejarme de ti y no porque cumplas años, sino porque mientras tú vives yo pienso en dejar de hacerlo, me siento en un suelo frío y vuelvo a teñirlo de rojo, y los golpes asustados y esa voz que me  llama son apenas un eco que se extinguirá cuando quede a solas. Cuántas cosas no podrías perdonarme si te enteraras, y no es lo que hago en los bares o los apartamentos o las calles, fuera del perímetro de tus cuidados y esperanzas, no; es la angustia culpable de haberte hecho causa primera, de haberos convertido en la excusa por la que, a veces, sigo siendo cuando ya casi he dejado de ser.